…amanecer salvaje…

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“..De parte del “sexo débil”…” Layla Anwar

Técnica mixta, Serie Collage “Mujeres Habitadas” Imagen de http://gloriallopiz.blogspot.com

De parte del “sexo débil”

An Arab Woman Blues
Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Cuadro de la artista iraquí Betul Fekaiki

Hace varios años ya que dejé de celebrar el 8 de marzo.

En otros tiempos, mis supuestos amigos “feministas” venían para hacer una breve visita informal y ofrecerme un ramo de flores o enviaban unas palabras de solidaridad y devoción eterna a la causa femenina…

La mayoría de esos tipos se situaban en lo que podría considerarse como la izquierda del espectro político.

Y ¡oh!, eran tan buenos con las palabras…. Podíamos estar discutiendo hasta altas horas de la madrugada sobre dialéctica, materialismo, patriarcado y revolución permanente… Me sentía muy emocionada por aquella patente demostración de amistad y confianza, hasta que…

Hasta que oí decir que un buen número de todos esos tipos, que supuestamente se situaban desde la izquierda a la extrema izquierda, que se consideraban marxistas de línea dura, o trotskistas, y otros, ¡oh!, tan progresistas…. que esos izquierdistas habían votado por Muqtada al-Sadr, Allawi, Al-Hakim, en apoyo de la ocupación.

¿Han escuchado alguna vez que un comunista de línea dura se convierta en un sadrista, en un seguidor de un supuesto mullah cuyos hombres se han hecho tristemente célebres por violar, taladrar y mutilar a las mujeres?

¿Han oído alguna vez de un marxista que apoye al carnicero de Allawi, responsable de colaborar con los psicópatas estadounidenses que quemaron con napalm a las mujeres de Faluya?

¿Han escuchado alguna vez a un izquierdista cantando alabanzas al Ayatollah Jomeini y a sus brigadas de al Quds, de las cuales el Consejo Supremo de la Revolución Islámica de Iraq, alias el SCII del que las Brigadas Badr son la rama responsable de quemar vivas a las mujeres nawasib (*) sólo porque son sunníes?

¿Piensan que las cosas se quedan ahí? Vayan más allá de Iraq y echen una mirada a los izquierdistas árabes y verán lo mismo… Les verán apoyando los movimientos políticos más reaccionarios y retrógrados, alardeando de “anti-imperialistas”, que son los movimientos más retrógrados y fascistas en todo cuanto a las mujeres se refiere… como los seguidores de Hamas, Hizbollah e Irán…

Ahora extiendan todo lo anterior hasta abarcar a la izquierda en Occidente, y añádanle las feministas árabes y las feministas occidentales y tendrán el retrato completo de lo que está sucediéndoles a las mujeres de Iraq…

Por eso, viendo toda esa vomitiva hipocresía política, declaro el 8 de marzo como día de luto, un día de luto y llanto para las mujeres de Iraq.

Es decir, lo que es por mí, pueden atiborrarse de celebraciones de su 8 de marzo, ya pueden empezar…

Desde luego que odio la ocupación estadounidense, que es en última instancia la responsable del actual espanto de la situación en que se encuentran las mujeres iraquíes.

También mantengo que todos los cómplices situados a la derecha del espectro político son igualmente responsables.

Pero nada, absolutamente nada, supera mi total desprecio por la izquierda en general, incluidos los payasos antibelicistas y en especial los izquierdistas árabes…

Sé cuál es mi opinión respecto al actual discurso masculino islamista, sé donde me sitúo en relación al sionismo, sé donde me coloco frente a los neocon y demócratas por igual, pero lo peor de lo peor es la izquierda… Son una enfermedad cancerígena insidiosa, lobos con piel de cordero y aspecto de palomas… son una abominación, especialmente, los izquierdistas árabes…

Su total falta de posición, de principios, su propaganda manipuladora, su apoyo a los movimientos fascistas en nombre del anti-imperialismo, les hace ante mis ojos cientos de veces peor que una ocupación inconclusa.

Las ocupaciones extranjeras no duran siempre, TODAS serán finalmente vencidas, pero ¿qué podemos hacer con el enemigo interior?

¿Qué se puede hacer con el comunista que se convierte en un taladrador sectario? ¿Qué hacer con el progresista que se dedica a violar? ¿Qué hacer con el pan-arabista que apoya a los Hizbollahs y a los mullahs de este mundo? ¿Qué van a hacer con todos ellos, desterrarles al olvido físico y político?

¿Qué van a hacer con todos esos prostitutos políticos que pretenden hacerse pasar por hombres?

¿Qué le dirán a Amal, que fue violada en grupo y torturada por las milicias sectarias?

¿Qué le dirán a la Dra. Farida, que está barriendo las calles en Damasco?

¿Qué le dirán a Umm Zayd que tuvo que presenciar cómo el Hizbollah iraquí quemaba a su propia hija frente a sus ojos?

¿Qué le dirán a Aisha que encontró a su hermana tirada en una calle, violada y mutilada en sus genitales por las milicias Sadr?

¿Qué le dirán a Afaf que fue violada y torturada por las Brigadas Badr de su “anti-imperialista Irán”?

¿Qué le dirán a Dalal, profesora, que he tenido que pedir limosna por la calle?

¿Qué nos dirán a nosotras, mujeres, que hemos perdido a nuestros maridos, padres, tíos, hermanos, hermanas, madres, tías, niños, obligadas a exiliarnos sin ningún ingreso, sin ningún derecho al trabajo, sin atención sanitaria, teniendo que hacernos cargo en solitario de todas nuestras familias?

Vosotros, hombres árabes, bastardos, vosotros, izquierdistas de mierda, ¿qué es lo que nos vais a decir todos los 8 de marzo?

¿Qué nos vais a ofrecer, montón de depravados, decadentes, repugnantes?

No me dirijo a los estadounidenses, no les considero seres humanos…

A vosotros os consideraba humanos pero estaba equivocada.

No sois más que un montón de mierda, ahítos de bravuconería, no sois más que un puñado de eunucos cobardes…

Sean mis invitados, y métanse por donde les quepa sus teorías políticas, conceptos, análisis, artículos, conferencias, congresos, partidos, poesía, prosa, eslóganes y jergas.

Ninguno de ustedes vale para gobernar nada ni a nadie… no son más que prostitutas políticas entregándose al chulo más hortera du jour…

Y eso es todo lo que os ofrezco en el día 8 de marzo, prosélitos, prostitutos ideológicos.

Al infierno con todos.

N. de la T.:

(*) Nawasib, término utilizado para designar a los sunníes radicales, aunque en tiempos de confrontación sectaria puede utilizarse para designar a todos los sunníes.
Enlace con texto original: http://arabwomanblues.blogspot.com/2008/03/from-weaker-sex.html 

DESDE: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=64449

corazón y coraje…

desde http://www.radioteca.net

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CORAZÓN Y CORAJE
Producción: Corape | Pais: Ecuador
Idioma: Español | Formato: Radionovelas
Fecha Producción: 01/2008
Tema: GÉNERO Y SEXUALIDAD
Subtema: Mujer

CAP 1 – CORAZÓN Y CORAJE

Para 08 Marzo – Día Internacional de la mujer
Es la historia de 3 mujeres, tres generaciones y tres puntos de vista ante los problemas cotidianos de la vida: la violencia de género, la falta de empleo, la desolación, pero a la vez la fuerza que caracteriza a las mujeres ecuatorianas. Corazón y Coraje es una producción del Programa de Protección Social del Ministerio de Inclusión Económica y Social, producido por CORAPE. Son 25 capítulos de 10 minutos cada uno. [+info]

(Cómo bajar audios)

De la serie: CORAZÓN Y CORAJE [ver toda la serie]

Déjame aprender…

CREANDO BELLEZA PARA EL MUNDO

Febrero de 2008 por ©Refugio de Paz y Verdad de Silvia Paglioni

Por Alejandra y Alberto Peralta La Gran Época

Había una vez un viejo artista que tenía dos jóvenes aprendices, ambos eran igualmente diligentes y talentosos. Les trasmitió todo lo que él sabía, y con el correr del tiempo se hicieron bastante famosos. Gracias a sus enseñanzas, estos dos estudiantes se convirtieron finalmente en el maestro Zhang y el maestro Ding.

Después de la muerte de su maestro, el maestro Ding y el maestro Zhang deseaban explorar sus futuros artísticos recorriendo el mundo. Antes de que cada uno tomara su propio rumbo, el maestro Zhang dijo, “Nuestro viejo maestro solía decir que somos iguales en nuestras habilidades. ¿Por qué no traemos cada uno nuestra mejor obra aquí dentro de cinco años? Entonces podremos echar una mirada y decidir quién es el mejor”.

El maestro Ding dijo entre risas, “Por supuesto, eso sería bueno”.

Después de despedirse, el maestro Zhang viajó por todo el mundo, observó los mejores escenarios y aprendió de varias culturas. Creó obras de arte una tras otra sin cesar. Su renombre se elevaba, así como también el precio de sus pinturas. El maestro Zhang realmente gozó de sus logros. En un momento pensó, “Todavía no se cumplieron los cinco años, pero he avanzado tan rápidamente… esto es un milagro. Al contrario, nadie menciona o habla del maestro Ding. Estoy seguro de que podré ganar esta competencia fácilmente”.

Cuando se cumplieron los cinco años, el maestro Zhang estaba absolutamente confiado y llevó su mejor pintura donde estaban supuestos a encontrarse. Cuando llegó, fue recibido por el maestro Ding, que le dio la bienvenida con una gran sonrisa pero con sus manos vacías.

Zhang no estaba demasiado feliz, “Acordamos traer nuestras mejores pinturas y tú vienes con las manos vacías. ¿Cómo vamos a hacer la comparación?”

El maestro Ding, mirando a su canoso compañero, dijo, “Querido amigo, no es que quise venir con las manos vacías, pero sucede que no pude traer ningún cuadro”.

El pensamiento del maestro Zhang fue, “Bien, él no debe confiar demasiado en sus pinturas y está asustado de traer alguna”. Entonces preguntó, “¿Por qué no puedes traer ninguna?”

El maestro Ding dijo, “No te preocupes. Aunque no puedo traer mis pinturas, aún puedo mostrártelas”.

Así el maestro Ding lo llevó a caminar por la ciudad y el maestro Zhang estuvo muy sorprendido de encontrar que todos los cuadros del maestro Ding estaban en varios de sus edificios y calles. Cada cuadro era mejor que el anterior. La pequeña ciudad era acogedora y pintoresca, llena de una atmósfera artística.

Originalmente, la gente allí no era muy educada, pero ahora eran refinados en modales y temperamento. La manera en que se desenvolvían era tal cual fueron representados en las pinturas. Zhang pudo ver muy claramente que aquella ciudad ya no era el mismo lugar de donde él había emergido, ahora era un lugar brillante con personas alegres, templadas y pacíficas.

Cada habitante saludaba y hablaba respetuosamente con el maestro Ding. El maestro Zhang estaba un poco celoso y preguntó, “¿Todos te contrataron para hacer todas esas pinturas? ¡Ahora debes tener una fortuna!”

El maestro Ding sonrió y dijo, “Cuando estaba a punto de irme, pensaba en cuánto trabajo duro le tomó a nuestro maestro enseñarnos. Entonces decidí dar algo a cambio a la gente en esta ciudad. Después de que terminé mi primer cuadro, lo admiraron como si se hubieran conmovido por la belleza de mi trabajo, así que me invitaron a que continuara pintando”.

“Primero estaban asustados de que les cobrara mucho dinero, pero les dije que lo haría gratis si sólo me proveían de mis comidas diarias”.

El maestro Zhang estaba pasmado de que el maestro Ding hiciera tan gran trabajo sin cobrar, “¿Cómo te has vuelto tan tonto? ¡Podrías ganar mucho de dinero, tu trabajo es magnífico!”

El maestro Ding, con lágrimas en sus ojos dijo, “En realidad, me estaban ayudando. Mi talento no era tan bueno. Después de que vieron mi trabajo, no sabían como pagarme, pero mi arte los volvió más sinceros y amables. Con tal estímulo, mis pinturas han llegado a ser mejores y mejores. ¿Cómo puedo cobrarles por mi trabajo? ¡Todos hemos mejorado juntos!”

El maestro Zhang se sintió avergonzado después de oír eso. Él pensaba que el valor de una pieza de arte era determinado por su precio. Más alto es el precio, más valiosa es la obra. Pero en ese momento vislumbró que los valores de las personas afectan al arte y el arte asimismo puede afectar los valores de las personas.

El maestro Zhang dijo, “Has ganado la competencia de cinco años. Tus pinturas son inestimables y no se pueden comprar con dinero. Pero mis pinturas sí se pueden comprar con dinero. Tus pinturas pueden traer cambios profundos a incontables personas, pero mis pinturas no son nada más que una parte de la decoración de la gente rica. Pienso que merezco perder, has permitido que entienda el valor verdadero del arte. ¡Déjame aprender de ti! ¡Trabajemos juntos y creemos más belleza para el mundo!”

Después se abrazaron y lloraron. Con el maestro Zhang a su lado, el maestro Ding ya no se encontraba solo en su trayectoria creativa. A partir de ese momento, un artista famoso desapareció en el mundo, pero dos felices artistas con sus corazones bien conectados trabajaban para traer belleza a la otra esquina del mundo.

Imagen: La Gran Época

desde    http://silyoga.bahiadesign.com

quiero que sepas…

habrán todas las mañanas del mundo más allá…

Ayer ví las estatuas de los próceres, héroes de piel intacta y rictus serio, siempre enderezados, con amplias espaldas, brazos firmes y mirada trashumante. Yo no soy un héroe, mi espalda se encorva, me cuesta tanto trabajo levantarme, quedarme estático y valiente. Yo no soy un héroe, ¿conoces acaso algún héroe que abra los ojos incrédulo, cada día, con menos certezas sobre la mesa de noche? ¿Conoces acaso algún héroe que abra los ojos? Los héroes no tienen que abocarse al espanto de abrir los ojos cada mañana, los tienen siempre abiertos y sin pupilas, de manera que si ven, ven tanto que ya ni ven.

Pero yo, que no soy héroe, tardíamente abro los ojos encendidos de emociones tan variables, abro los ojos por ese deber biológico de ver las cosas.

Es común que en esa primera irrupción de luz, me resulte poco claro si estoy sólo o no, hasta el momento en que mi mirada es atravesada por la respiración de la más fiel de mis amigas, la testigo de mi envejecimiento, tal vez, la única certeza cierta, pues no se aloja disparatadamente en una mesita de noche sino en mi cama desde hace más de cuarenta años. Ella coloca una mano rugosa y gruesa, afable y amplia sobre mi huesudo hombro, prometiendo con su gesto sostener algunos años que siento, ya no me quedan.

Dicen los autores épicos, que cuando una persona se entrega a una causa, casi enceguecido o enceguecida por el ardor de humanidad, camina por su senda heroicamente, salvando al mundo, denunciando injusticias, ayudando al débil. Nunca vuelven a cerrar los ojos de manera que aunque vean, de tanto ver, ya no ven. Yo no soy un héroe, ni mi vocación me ha enceguecido. Enceguecerce sería una suerte. No hay mañana en que no sienta ardor en los ojos, por la obligación de ver. Hoy en particular me arden como quemaduras, los negativos de una pesadilla impresa en mi retina, la misma de la eterna diáspora a la que nos arrojó esta opción de vida, ahora pues, sumamente gravosa.

Ayer ví las estatuas de los héroes tan iguales unas a las otras, que parecían factura del mismo fanático adulador. Me quedé esperando un parpadeo, una gota de sudor, una mueca de agotamiento debido a la eterna enderezada posición de la columna. Las estatuas están al pie de la estación de policía, augustas y despreocupadas del nomadismo, que sí tenemos que vivir ella y yo, ella, mi mano rugosa y tibia. En esa visita a la estación, ella, la mano que revitaliza mi hombro en las mañanas, contenía mi ira e inteligente interrogaba al arrogante señor emulador de héroes, acerca del paradero de Luisa, Ernestito y Brian… y Juan José, Ricaurte, Los Gemelos, Richard, María Helena, Santiago, Pitufo, el negro, Silvana, Antonio, Luis Antonio, Robinson, J, Fermín, Sandra Milena, Oscar mi pequeño y fiel amigo, Oscar Agudelo y Oscar Fernández y las niñas de Concepción, ¡ah! Y Manuel, ese magnífico joven de cabello negro y ojos gigantes que miraba el futuro con enmarañado acento. Una lista con piernas, torsos, ojos de pánico, entraban y salían de los camiones una y otra vez recogidos, recogidas, apaleados, apaleadas, insultados, insultadas, puestos y puestas en falaces libertades, asesinados, asesinadas, recogidos, recogidas, apaleados, apaleadas…

No se trata de los acontecimientos que enmarcan un golpe de estado, el advenimiento de una dictadura, un momento coyuntural. Había sido nuestra rutina, la de ella, mi mano-memoria y la mía durante más de tres decenas, buscar jóvenes en las estaciones, en aquel barrio siempre en guerra, de un país que vivía todos los días un antiguo y permanente golpe de estado.

Aunque ella, la mano que abriga mis articulaciones inflamadas por la humedad de aquel barrio improvisadamente ubicado en la montaña, mencionó únicamente a Luisa, Ernestito y sus pantalones caídos y Brian y su colección de cacharros descompuestos, de alguna manera jamás dejaba de mencionarlos a todos y todas. Ella es mi memoria, la imposibilidad del descuido. Tendríamos que levantarnos, mi mano-memoria y yo a cumplir con el ritual de ver a los inmóviles héroes de la estación, que no podían dar cuenta de lo que allí pasaba, preguntar de nuevo a esos mapas de bronce y mármol lo que la carne y el hueso uniformado, no se le antojaba responder.

“Yo no soy un héroe” le dije al policía con mi rabia recién desmayada. “Yo simplemente, esta mañana no quería levantarme más”. Le había pedido a Dios en un acto paranoico de fe, que agotara mi vida rápidamente aquella misma noche, para no tener que ver a la mañana siguiente, los impávidos rostros forjados en bronce, fundidos, cuarteados que no sabían en qué pantano, al pie de cuál potrero, en qué zanja estaban Luisa, Ernestito, Brian, (Juan José, Ricaurte, Los Gemelos, Richard, María Helena, Santiago, Pitufo, el negro, Silvana, Antonio, Luis Antonio, Robinson, J, Fermín, Sandra Milena, Oscar mi pequeño y fiel amigo, Oscar Agudelo y Oscar Fernández y las niñas de Concepción, ¡ah! Y Manuel, ese magnífico joven de cabello negro y ojos gigantes que miraba el futuro con enmarañado acento) pero que sí les habían visto entrar vivas y vivos a aquel edificio, como vigilantes sin lágrimas.

La gente me pide acudir a la estación, porque piensa que soy una especie de héroe inagotable, protegido por un Dios al que lanzo las angustias con más fe que razón. Vieron una cruz en mi pecho y pensaron que mi pecho era inagotable y bondadoso siempre. Pero cuanta mezquindad me abriga esta mañana en que hubiera preferido morir retirando el doloroso cáliz de continuar vivo. La gente cree que esta cruz tan frágil como la cadenita de la que pende me blinda del puñal, del golpe o de las preguntas sediciosas de los interrogatorios, de la vista de los inamovibles espantos in-memorian de la estación. Vieron la cruz y pensaron en una forja de bronce y mármol con una placa de pequeño y autóctono prócer barrial. ¡Qué cruel es la gente, qué cruel es la gente!

Ella ha notado mi fastidio y no ha dicho nada, con un gesto sencillo ha pasado su mano-memoria por mi amargada y rezongona frente y ha leído en sus pliegues mis pensamientos. Su vigor me sigue amando aunque mi cuerpo no responda más que a esta mecánica de buscar muchachos y muchachas en lugares imposibles. A quién se habrán llevado anoche… no fue a nosostros, a mi mano-memoria, ni a ella ni a mí, ahí estamos los dos aún ilesos, al menos aparentemente ilesos. Hace años que no me ofrece un café, pues sabe que lo necesito para seguir vivo, para obligar a mis ojos a ver, para darle sentido a la luz de la mañana, así que sin preguntarme, se levanta y pone a calentar el agua y luego procede a tinturarla con el color de su armónica rebeldía, con la generosidad de sus arrugas irreverentes.

Ahora que abro por fin los ojos, veo claramente el día en que ella llegó. En una escena aún áspera que el tiempo no ha logrado pulir, se hallaba entre la gente corriendo con un montaña de papeles, pinturas, gritando esperanza por doquier. Un día de caos capaz de inducir mi juvenil fe al suicidio, la gente se dividía rápidamente en facciones, afanes y acusaciones. La gente buscaba culpables y los encontraban entre ellos y ellas mismas. Pero ella, mi mano con pinturas y papeles, no hacía caso a los dedos acusatorios, ni a la conspiración de los desanimados y desanimadas, ni a la invitación encubierta de la retirada. Parecía correr por encima de todo ello, muy atenta, pero sin detenerse, improvisando una insurrección de la nada. No existía lo que pudiese escaparse de sus pequeñas y poderosas manos de india, siempre presentes, siempre batallantes.

Yo no veía Dios alguno que pudiera salvarnos, pero la gente se fijaba en mi pequeña cruz y pensaba que ese ser aún no encarnado moviéndose al ritmo de mi corazón asustado, podría responderle la avalancha de preguntas generadas en medio de tal desastre. Yo no era un héroe, aunque apostaba a que conseguiría serlo. Era un joven atortolado, a punto de llorar, desilusionado porque creía que unos cuantos meses de trabajo debieron bastar para prevenir aquello.

Justo cuando sentí tener el poder de desaparecer, descubrí que ella me miraba compasiva, me pedía paciencia con sus ojos rasgados y ágiles. No pude desaparecer, ella me miraba, ella vigilaba mi huída. Se acercó a cumplir su misión de sacarme del espanto y se hizo las manos mías, aquellas distintas a las que yo había condenado a los bolsillos. Ella me salvó, me trajo el amor el día más desamado de mi historia. Ella me trajo a Dios cuando este se extraviaba entre mi desaliento y mi temblor, cuando El se desalentaba y temblaba también. Lo que ella hizo ese día, siguió aconteciendo, vez tras vez durante los últimos cuarenta años de mi vida, como el milagro que se fabrica en la tierra, con manos de hombres y mujeres de verdad.

Luego, tan poco cautelosa como han sucedido estos años, viene ella lacia, con sus manos-memoria, provista de una taza de café oscuro y llano como sus ojos, aromático como el cabello negro que se conserva desde su juventud y entonces entiendo que no ha sido el café el que me permite abrir los ojos. Ha sido ella quien me ha susurrado cada noche, este, mi vital deber de volver a verla, esta necesidad de despertarme a su lado, este alivio de encontrar su cuerpo protegiéndome de las noticias, colocándose entre todo aquello que quebranta mis certezas y las certeza misma que asecha.

Le escribí con mis ojos cansados, sorprendidos de reparar en la inconmensurable historia grabada en su cuerpo, la nuestra: “Creyendo que el amor es un derecho de héroes, me di a la tarea de dejarte sola, con toda tu inmensidad de humana y aún así, tuve la osadía de convencerme que sobreviviría. Recuerdo con dolor cuanto tiempo dejé de saberte. Sí que era un héroe imbécil salvando al mundo, invencible y sin tu mano, aquella rugosa y tibia, grande, imprescindible. Pensado que se trataba de mí, creí ser libre para levantarme tantas mañanas al lado de manos extrañas, hipnotizadas por este desalojo de bronce y mármol que edifiqué para encantar las almas más inocentes. Pero ahora que abro los ojos, con tan poca fuerza, con tantas dudas, desgano, fastidio, sólo tú me salvas, mano-memoria, de caer en la tentación de perder el mundo. Toda la vida has sido tú y maldigo que nadie, incluyéndome, lo haya visto”.

Ayer ví a los héroes, próceres inmóviles, instantáneas de un pasado que no ocurrió, un pasado falseado por los escritores mercenarios del sistema y decidí no volver a abrir los ojos dolorosos de mi carne, creí torpemente que lo mejor sería hacer de anoche, mi última noche.

Pero me alertó tu corporeidad asesinando mi cobardía, me sacudió tu existencia como un golpe en la entraña de mi conciencia. Me dí cuenta de que toda la vida has sido tú y maldigo que nadie, incluyéndome, lo haya visto. Hoy decidí ver lo que estaba oculto por una desesperación, por una fatiga sobrehumana, hoy decidí verte, Sildana, mi preciosa epifanía de cada mañana. Levántate cuerpo casi inerte, abre esos ojos de párpados avejentados, vamos a la estación a seguir averiguando por ellos y ellas en este improviso barrio de la montaña, que mientras Sildana siga viviendo, compañera, mano-memoria, destructora de héroes, carne, sangre que habla y recuerda, habrán todas las mañanas del mundo más allá de que yo pueda presenciarlas. El Cristo que cargo en mi pecho, eres tu.

Marcela Vega

Colombia

www.servicioskoinonia.org

por la vida!!!


UPOV
más UPOV…

sin dejar de ser diferentes…

· Teresa Forcades, teóloga feminista, monja benedictina y doctora en Medicina

“La mujer teme a la soledad; el hombre, a la dependencia”
Tengo 41 años. Soy benedictina y doctora en Medicina por la UB y la Universidad Estatal de Nueva York; me gradué en Teología en Harvard y en la Facultat de Teologia. Nací en Gràcia. No se trata de lograr la etiqueta correcta, sino de respetar la identidad única de cada persona

ENTREVISTA DE LLUÍS AMIGUET – 17/10/2007 – LA VANGUARDIA – BARCELONA
Hace cinco años que persigo para La Contra a nuestra más brillante teóloga, que se preparaba para ser sacerdote católica. Por fin, la doctora acepta y me sorprende en Montserrat con un sabio “¿Para qué ordenar mujeres si no cambiamos la Iglesia?”.
Esperaba escrutar lo divino con sor Forcades y acabo por gozar con ella de la infinita diversidad de lo humano. Nadie me ha explicado mejor por qué los hombres tememos al amor y las mujeres a la libertad. Y nadie me ha señalado mejor el camino para no tener miedo. Sabe de gais, mujeres, hombres y sus manías… Y de achaques: llego en plena tormenta, mareado por las curvas, y se ofrece como acupuntora. Pincha y cura cuerpo y alma.

-La era premoderna era teocéntrica: la religiosidad y la relación con Dios dirimía la jerarquía, por eso el poder patriarcal consideraba a las mujeres seres con menos espíritu.

-Sólo los hombres hablaban con Dios.
-En la modernidad –de la imprenta a la Revolución Francesa– a las mujeres se nos reconoce esa capacidad espiritual, pero sólo porque ya no es importante, puesto que es el uso de la razón el que decide el reparto de poder, por eso, el poder patriarcal dice entonces de las mujeres… ¡que somos más religiosas porque carecemos de raciocinio!

-Se trata siempre de ponerlas en su sitio.
Con el romanticismo, la libertad sustituye en jerarquía a la razón y el poder patriarcal dice entonces que la mujer es más dependiente y menos capaz de decidir por sí misma.

-¿Y ahora?
-Y ya en la posmodernidad, desde Mayo del 68, el valor más importante es la diversidad y el policentrismo. Ahora el discurso patriarcal ya acepta que la mujer es tan espiritual, tan racional y tan libre como el hombre…

-Pero…
-El pensamiento patriarcal se va enmascarando siempre para justificar la subordinación de la mujer. Ahora dice que la mujer es superior –por causas biológicas– al varón en amor, lo cual es la manera políticamente correcta de decir hoy que su lugar natural es el hogar, con niños, ancianos y enfermos.

-¿Y no es así?
-Nuestra individuación infantil se produce en relación con la figura materna: la niña al separarse de la madre también se da cuenta de que es como ella. Por eso, la mujer siempre creerá que es más ella misma cuanto más se asemeje a las personas que ama.

-¿Y el nene?
En cambio, el niño se va separando de la madre dándose cuenta de que no es como ella, por eso creerá que es más él mismo cuanto más se distinga de las personas que ama. Y luchará siempre por su autonomía también respecto a sus seres queridos.

-Entonces…
-Por eso la mujer, cuanto más infantil, más actúa por miedo a la soledad, y el hombre, cuantomás infantil, más actúa por miedo a la dependencia.

-Por ejemplo
-La mujer femenina quiere lo que quieren los que ella quiere: si todos quieren ir al mar, no irá a la montaña, aunque a ella le apetecía, porque los quiere a ellos antes que a ella. La mujer aprecia más el vínculo afectivo que su propia autonomía. Y si se ve obligada a elegir, sacrificará su autonomía por este vínculo.

-Veo que domina usted esas diferencias.
-Los hombres se quejan de que las mujeres en una relación de pareja se lo guardan todo en una lista mental y un día se lo sueltan a ellos en una retahíla de agravios y sacrificios: ¿eso es amor? No: es miedo a la soledad. El amor se justifica a sí mismo en cada momento sin esperar ninguna compensación. ¿Hace falta que le hable ahora sobre el miedo del hombre al compromiso y la dependencia?

-¡Qué me va a contar!
-Ni la feminidad de la mujer es amor ni la masculinidad del hombre es libertad. Yo me inscribo en la tradición de teólogas feministas, que no femeninas, que ha desenmascarado ese discurso patriarcal desde sus inicios.

-Lo he leído en su Teología feminista en la historia (Fragmenta).
-Allí verá que ha habido otras teólogas que han ayudado a que el hombre supere su miedo a la dependencia y la mujer su miedo a la soledad y que han abierto el camino para que trabajemos juntos en ser mejores personas.

-¿No debemos adaptarnos unos a otros?
Para convivir hombres y mujeres, extranjeros y locales, jóvenes y mayores, no se trata de que diluyamos nuestras diferencias en una mediocre sopa común, sino que aprendamos a convivir sin dejar de ser diferentes cada uno con su cultura, lengua, sexo o edad.

-¿No es mejor ser de aquí que de allá?
-No debemos ni clonarnos ni hay que tener la etiqueta correcta en cada momento y país, sino que debemos aprender juntos a saber gozarlas todas.

-Entonces: ¿Dios es hombre, mujer o gay?
-Dios está más allá de cualquier sexo, pero su imagen ha sufrido la proyección de los prejuicios de sexo del poder patriarcal. Pero la mujer y la persona gay están subordinadas o incluso negadas en la Iglesia. Hay decisiones morales que son absolutamente personales y por las que se pedirán cuentas a cada persona.

-¿Por qué no se ordenan mujeres?
-No tendría mucho sentido conseguir que se ordenaran también mujeres sin cambiar las estructuras patriarcales de la Iglesia.

-Usted era una brillante médica formada en EE.UU. ¿Por qué se metió a monja?
-Vine aquí a Montserrat buscando tranquilidad para preparar el examen de Medicina Interna y descubrí y sentí que éste era mi sitio.

-¿Tuvo usted un momento epifánico?
-Las hermanas me pidieron a mí, como médico una charla sobre el sida. Temí la ocasión.

-¿Qué temía?
-Que tuvieran reacciones excluyentes respecto a la homosexualidad, pero las hermanas me preguntaron con infinito respeto y amor por los enfermos y por los homosexuales, que la Iglesia condenaba. Sentí que quería ser una de ellas.
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Círculo de mujeres

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