…amanecer salvaje…

Capítulo 3 – EL RASTREO DE LOS HECHOS: LA RECUPERACIÓN DE LA INTUICIÓN COMO INICIACIÓN

CAPÍTULO 3

El rastreo de los hechos:

La recuperación de la intuición como iniciación

La muñeca en el bolsillo:

Vasalisa la Sabia

La intuición es el tesoro de la psique de la mujer. Es como un instrumento de adivinación o una bola de cristal, por medio de la cual la mujer puede ver con una misteriosa visión interior. Es como si tuviéramos constantemente a nuestro lado a una sabia anciana que nos dijera qué es lo que ocurre exactamente y si tenemos que girar a la derecha o a la izquierda. Es una variedad de La Que Sabe, de la Mujer Salvaje.

En las tradiciones en las que yo crecí, las cuentistas profesionales siempre estaban explorando los cimientos de alguna colina psíquica, siempre andaban hundidas hasta las rodillas en el polvo de los cuentos, escarbando para eliminar siglos de tierra, excavando en los estratos de la cultura y de las conquistas, numerando todos los frisos y los frescos de los cuentos que encontraban. A veces un cuento había quedado reducido a polvo, otras veces faltaban algunos fragmentos o detalles o éstos habían sido eliminados, a menudo la forma estaba intacta, pero el colorido había desaparecido. Aun así, en cada excavación se abriga la esperanza de encontrar todo un cuento intacto. El cuento siguiente es uno de estos increíbles tesoros.

En mi opinión, el viejo cuento ruso de “Vasalisa” 1 es un cuento de iniciación femenina en el que se han perdido algunos huesos esenciales. Gira en torno al hecho de que casi todas las cosas no son lo que parecen. Como mujeres que somos echamos mano de nuestra intuición y de nuestro instinto para olfatear las cosas. Utilizamos todos nuestros sentidos para extraer la verdad de las cosas, para exprimir el alimento de nuestras ideas, para ver lo que es necesario ver, saber lo que es necesario saber, ser las guardianas de nuestros propios fuegos creadores y adquirir un íntimo conocimiento de los ciclos de la Vida/Muerte/Vida de toda la naturaleza… en eso consiste ser una mujer iniciada.

Los cuentos cuya principal protagonista es Vasalisa se narran en Rusia, Rumania, los países de la antigua Yugoslavia, Polonia y todos los países bálticos. En algunos casos, el cuento se suele titular “Wassilissa la Sabía”. Yo he encontrado pruebas de que sus raíces arquetípicas se remontan por lo menos a los antiguos cultos de las diosas—caballo anteriores a la cultura griega clásica. El cuento encierra una antiquísima planimetría psíquica acerca de la introducción en el mundo subterráneo de la diosa salvaje. Se refiere a cómo se infunde en las mujeres la capacidad instintiva primaria de la Mujer Salvaje, es decir, la intuición.

La pauta de mi versión literaria del cuento de Vasalisa que aquí se reproduce me la dio mi tía Kathé. Empieza con uno de los más antiguos trucos de la narración de cuentos: “Había una vez y no había una vez … 2 Esta paradójica frase pretende llamar la atención del oyente sobre el hecho de que el cuento tiene lugar en un mundo entre mundos en el que nada es lo que parece a primera vista. Vamos allá.

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Vasalisa

Había una vez y no había una vez una joven madre que yacía en su lecho de muerte con el rostro tan pálido como las blancas rosas de cera de la sacristía de la cercana iglesia. Su hijita y su marido permanecían sentados a los pies de la vieja cama de madera, rezando para que Dios la condujera sana y salva al otro mundo.

La madre moribunda llamó a Vasalisa y la niña se arrodilló al lado de ella con sus botas rojas y su delantalito blanco.

—Toma esta muñeca, amor mío —dijo la madre en un susurro, sacando de la colcha de lana una muñequita que, como la propia Vasalisa, llevaba unas botas rojas, un delantal blanco, una falda negra y un chaleco bordado con hilos de colores.

—Presta atención a mis últimas palabras, querida —dijo la madre—. Si alguna vez te extraviaras o necesitaras ayuda, pregúntale a esta muñeca lo que tienes que hacer. Recibirás ayuda. Guarda siempre la muñeca. No le hables a nadie de ella. Dale de comer cuando esté hambrienta. Ésta es mi promesa de madre y mi bendición, querida hija.

Dicho lo cual, el aliento de la madre se hundió en las profundidades de su cuerpo donde recogió su alma y, cuando salió a través de sus labios, la madre murió.

La niña y su padre la lloraron durante mucho tiempo. Pero, como un campo cruelmente arado por la guerra, la vida del padre reverdeció una vez más en los surcos y éste se casó con una viuda que tenía dos hijas. Aunque la madrastra y sus hijas siempre hablaban con cortesía y sonreían como unas señoras, había en sus sonrisas una punta de sarcasmo que el padre de Vasalisa no percibía.

Sin embargo, cuando las tres mujeres se quedaban solas con Vasalisa, la atormentaban, la obligaban a servirlas y la enviaban a cortar leña para que se le estropeara la preciosa piel. La odiaban porque poseía una dulzura que no parecía de este mundo. Y porque era muy guapa. Sus pechos brincaban mientras que los suyos menguaban a causa de su maldad. Vasalisa era servicial y jamás se quejaba mientras que la madrastra y sus hermanastras se peleaban entre sí como las ratas entre los montones de basura por la noche.

Un día la madrastra y las hermanastras ya no pudieron aguantar por más tiempo a Vasalisa.

—Vamos… a… hacer que el fuego se apague y entonces enviaremos a Vasalisa al bosque para que vaya a ver a la bruja Baba Yagá* y le suplique fuego para nuestro hogar. Y, cuando llegue al lugar donde está Baba Yagá, la vieja bruja la matará y se la comerá.

* En ruso, literalmente, Mujer Hechicera. (N. de la T.)

Todas batieron palmas y soltaron unos chillidos semejantes a los de los seres que habitan en las tinieblas.

Así pues aquella tarde, cuando regresó de recoger leña, Vasalisa vio que toda la casa estaba a oscuras. Se preocupó y le preguntó a su madrastra:

—¿Qué ha ocurrido? ¿Con qué guisaremos? ¿Qué haremos para iluminar la oscuridad?

—Qué estúpida eres —le contestó la madrastra—. Está claro que no tenemos fuego. Y yo no puedo salir al bosque porque soy vieja. Mis hijas tampoco pueden ir porque tienen miedo. Por consiguiente, tú eres la única que puede ir al bosque a ver a Baba Yagá y pedirle carbón para volver a encender la chimenea.

—Muy bien pues, así lo haré —dijo inocentemente Vasalisa.

Y se puso en camino. El bosque estaba cada vez más oscuro y las ramitas que crujían bajo sus pies la asustaban. Introdujo la mano en el profundo bolsillo de su delantal donde guardaba la muñeca que su madre moribunda le había entregado. Le dio unas palmadas a la muñeca que guardaba en el interior del bolsillo y se dijo:

—Es verdad, el simple hecho de tocar esta muñeca me tranquiliza.

A cada encrucijada del camino, Vasalisa introducía la mano en el bolsillo y consultaba con la muñeca.

—Dime, ¿tengo que ir a la derecha o a la izquierda?

La muñeca le contestaba, “Sí”, “No”, “Por aquí” o “Por allá”. Vasalisa le dio a la muñeca un poco de pan que llevaba y siguió el camino que parecía indicarle la muñeca.

De repente, un hombre vestido de blanco pasó al galope por su lado montado en un caballo blanco e inmediatamente se hizo de día. Más adelante, pasó un hombre vestido de rojo montado en un caballo rojo y salió el sol. Vasalisa prosiguió su camino y, en el momento en que llegaba a la choza de Baba Yagá, pasó un jinete vestido de negro trotando a lomos de un caballo negro y entró en la cabaña de Baba Yagá. Enseguida se hizo de noche. La valla hecha con calaveras y huesos que rodeaba la choza empezó a brillar con un fuego interior, Iluminando todo el claro del bosque con su siniestra luz.

La tal Baba Yagá era una criatura espantosa. Viajaba no en un carruaje o un coche sino en una caldera en forma de almirez que volaba sola. Ella impulsaba el vehículo con un remo en forma de mano de almirez y se pasaba el rato barriendo las huellas que dejaba a su paso con una escoba hecha con el cabello de una persona muerta mucho tiempo atrás.

Y la caldera volaba por el cielo mientras el grasiento cabello de Baba Yagá revoloteaba a su espalda. Su larga barbilla curvada hacia arriba y su larga nariz curvada hacía abajo se juntaban en el centro. Tenía una minúscula perilla blanca y la piel cubierta de verrugas a causa de su trato con los sapos. Sus uñas orladas de negro eran muy gruesas, tenían caballetes como los tejados y estaban tan curvadas que no le permitían cerrar las manos en un puño.

La casa de Baba Yagá era todavía más extraña. Se levantaba sobre unas enormes y escamosas patas de gallina de color amarillo, caminaba sola y a veces daba vueltas y más vueltas como un bailarín extasiado. Los goznes de las puertas y las ventanas estaban hechos con dedos de manos y pies humanos y la cerradura de la puerta de entrada era un hocico de animal lleno de afilados dientes. Vasalisa consultó con su muñeca y le preguntó:

—¿Es ésta la casa que buscamos?

Y la muñeca le contestó a su manera:

—Sí, ésta es la casa que buscas.

Antes de que pudiera dar otro paso, Baba Yagá bajó con su caldera y le preguntó a gritos:

—¿Qué quieres?

La niña se puso a temblar.

—Abuela, vengo por fuego. En mi casa hace mucho frío… mi familia morirá… necesito fuego.

Baba Yagá le replicó:

—Ah, sí, ya te conozco y conozco a tu familia. Eres una niña muy negligente… has dejado que se apagara el fuego. Y eso es una imprudencia. Y, además, ¿qué te hace pensar que yo te daré la llama?

Vasalisa consultó con la muñeca y se apresuró a contestar:

—Porque yo te lo pido.

Baba Yagá ronroneó.

—Tienes mucha suerte porque ésta es la respuesta correcta.

Y Vasalisa pensó que había tenido mucha suerte porque había dado la respuesta correcta.

Baba Yagá la amenazó:

—No te puedo dar el fuego hasta que hayas trabajado para mí. Si me haces estos trabajos, tendrás el fuego. De lo contrario… —Aquí Vasalisa vio que los ojos de Baba Yagá se convertían de repente en unas rojas brasas—. De lo contrario, hija mía, morirás.

Baba Yagá entró ruidosamente en su choza, se tendió en la cama y ordenó a Vasalisa que le trajera lo que se estaba cociendo en el horno. En el horno había comida suficiente para diez personas y la Yagá se la comió toda, dejando tan sólo un pequeño cuscurro y un dedal de sopa para Vasalisa.

—Lávame la ropa, barre el patio, limpia la casa, prepárame la comida, separa el maíz aflublado del maíz bueno y cuida de que todo esté en orden. Regresaré más tarde para inspeccionar tu trabajo. Si no está listo, tú serás mi festín.

Dicho lo cual, Baba Yagá se alejó volando en su caldera, usando la nariz a modo de cataviento y el cabello a modo de vela. Y cayó de nuevo la noche.

Vasalisa recurrió a su muñeca en cuanto la Yagá se hubo ido.

—¿Qué voy a hacer? ¿Podré cumplir todas estas tareas a tiempo?

La muñeca le aseguró que sí y le dijo que comiera un poco y se fuera a dormir. Vasalisa le dio también un poco de comida a la muñeca y se fue a dormir.

A la mañana siguiente, la muñeca había hecho todo el trabajo y lo único que quedaba por hacer era cocinar la comida. La Yagá regresó por la noche y vio que todo estaba hecho. Satisfecha en cierto modo aunque no del todo porque no podía encontrar ningún fallo, Baba Yagá dijo en tono despectivo:

—Eres una niña muy afortunada.

Después llamó a sus fieles sirvientes para que molieran el maíz e inmediatamente aparecieron tres pares de manos en el aire y empezaron a raspar y triturar el maíz. La paja voló por la casa como una nieve dorada. Al final, se terminó la tarea y Baba Yagá se sentó a comer. Se pasó varias horas comiendo y por la mañana le volvió a ordenar a Vasalisa que limpiara la casa, barriera el patio y lavara la ropa.

Después le mostró un gran montón de tierra que había en el patio.

—En este montón de tierra hay muchas semillas de adormidera, millones de semillas de adormidera. Quiero que por la mañana haya un montón de semillas de adormidera y un montón de tierra separados. ¿Me has entendido?

Vasalisa estuvo casi a punto de desmayarse.

—¿Cómo voy a poder hacerlo?

Introdujo la mano en el bolsillo y la muñeca le contestó en un susurro:

—No te preocupes, yo me encargaré de eso.

Aquella noche Baba Yagá empezó a roncar y se quedó dormida y entonces Vasalisa intentó separar las semillas de adormidera de la tierra. Al cabo de un rato la muñeca le dijo:

—Vete a dormir. Todo irá bien.

Una vez más la muñeca desempeñó todas las tareas y, cuando la vieja regresó a casa, todo estaba hecho. Baba Yagá habló en tono sarcástico con su voz nasal:

—¡Vaya! Qué suerte has tenido de poder hacer todas estas cosas.

Llamó a sus fieles sirvientes y les ordenó que extrajeran aceite de las semillas de adormidera e inmediatamente aparecieron tres pares de manos y lo hicieron.

Mientras la Yagá se manchaba los labios con la grasa del estofado, Vasalisa permaneció de pie en silencio.

—¿Qué miras? —le espetó Baba Yagá.

—¿Te puedo hacer unas preguntas, abuela? —dijo Vasalisa.

—Pregunta —replicó la Yagá—, pero recuerda que un exceso de conocimientos puede hacer envejecer prematuramente a una persona.

Vasalisa le preguntó quién era el hombre blanco del caballo blanco.

—Ah —contestó la Yagá con afecto—, el primero es mi Día.

—¿Y el hombre rojo del caballo rojo?

—Ah, ése es mi Sol Naciente.

—¿Y el hombre negro del caballo negro?

—Ah, sí, el tercero es mi Noche.

—Comprendo —dijo Vasalisa.

—Vamos niña, ¿no quieres hacerme más preguntas? ——dijo la Yagá en tono zalamero.

Vasalisa estaba a punto de preguntarle qué eran los pares de manos que aparecían y desaparecían, pero la muñeca empezó a saltar arriba y abajo en su bolsillo y entonces dijo en su lugar:

—No, abuela. Tal como tú misma has dicho, el saber demasiado puede hacer envejecer prematuramente a una persona.

—Ah —dijo la Yagá, ladeando la cabeza como un pájaro—, tienes una sabiduría impropia de tus años, hija mía. ¿Y cómo es posible que seas así?

—Gracias a la bendición de mi madre —contestó Vasalisa sonriendo.

—¡¿La bendición?! —chilló Baba Yagá—. ¡¿La bendición has dicho?! En esta casa no necesitamos bendiciones. Será mejor que te vayas, hija mía —dijo empujando a Vasalisa hacia la puerta y sacándola a la oscuridad de la noche—. Mira, hija mía. ¡Toma! —Baba Yagá tornó una de las calaveras de ardientes ojos que formaban la valla de su choza y la colocó en lo alto de un palo—. ¡Toma! Llévate a casa esta calavera con el palo. Eso es el fuego. No digas ni una sola palabra más. Vete de aquí.

Vasalisa iba a darle las gracias a la Yagá, pero la muñequita de su bolsillo empezó a saltar arriba y abajo y entonces Vasalisa comprendió que tenía que tomar el fuego y emprender su camino. Corrió a casa a través del oscuro bosque, siguiendo las curvas y las revueltas del camino que le iba indicando la muñeca. Vasalisa salió del bosque, llevando la calavera que arrojaba fuego a través de los orificios de las orejas, los ojos, la nariz y la boca. De repente, se asustó de su peso y de su siniestra luz y estuvo a punto de arrojarla lejos de sí. Pero la calavera le habló y le dijo que se tranquilizara y siguiera adelante hasta llegar a la casa de su madrastra y sus hermanastras. Y ella así lo hizo.

Mientras Vasalisa se iba acercando a la casa, la madrastra y las hermanastras miraron por la ventana y vieron un extraño resplandor danzando en el bosque. El resplandor estaba cada vez más cerca y ellas no acertaban a imaginar qué podía ser. La prolongada ausencia de Vasalisa las había inducido a pensar que ésta había muerto y que las alimañas se habían llevado sus huesos y en buena hora.

Vasalisa ya estaba muy cerca de su casa. Cuando la madrastra y las hermanastras vieron que era ella, corrieron a su encuentro, diciéndole que llevaban sin fuego desde que ella se había ido y que, a pesar de que habían intentado repetidamente encender otro, éste siempre se les apagaba.

Vasalisa entró triunfalmente en la casa, pues había sobrevivido al peligroso viaje y había traído el fuego a su hogar. Pero la calavera que estaba contemplando todos los movimientos de las hermanastras y de la madrastra desde lo alto del palo las abrasó y, a la mañana siguiente, el malvado trío se había convertido en unas pavesas.

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He aquí un brusco final para eliminar del cuento a unos personajes y poder regresar de nuevo a la realidad. Hay muchos finales de este tipo en los cuentos de hadas. Son una manera de llamar la atención de los oyentes para devolverlos a la realidad.

El cuento de Vasalisa gira en torno al tema de la facultad femenina de la intuición transmitida de madre a hija y de una generación a la siguiente. El gran poder de la intuición está formado por una vista interior, un oído interior, una percepción interior y una sabiduría interior tan veloces como un rayo.

A lo largo de las generaciones, estas capacidades intuitivas se convirtieron en unas corrientes enterradas en el interior de las mujeres a causa del desuso y de una infundada mala fama. No obstante, Jung señaló una vez que en la psique jamás se pierde nada y yo creo que podemos tener la certeza de que las cosas que se han perdido en la psique siguen estando allí. Por consiguiente, este pozo de intuición femenina instintiva no se ha perdido y cualquier cosa que esté escondida se puede recuperar.

Para comprender el sentido de este cuento, tenemos que saber que todos sus componentes representan características de la psique de una sola mujer. Por consiguiente, todos los aspectos del relato corresponden a una psique individual y describen el proceso de iniciación al que se está sometiendo. La iniciación se lleva a cabo cumpliendo unas tareas determinadas. En este cuento, la psique tiene que llevar a cabo nueve tareas. Dichas tareas se centran en el aprendizaje de algo relacionado con la manera de actuar de la Vieja Madre Salvaje.

Por medio del cumplimiento de estas tareas, la intuición de una mujer —este sabio ser que acompaña a las mujeres dondequiera que vayan, examinando todas las cosas de su vida y comentando la verdad de todas ellas con infalible precisión— se vuelve a encajar en la psique de la mujer. El objetivo es una afectuosa y confiada relación con este ser al que hemos dado en llamar “la que sabe”, la esencia del arquetipo de la Mujer Salvaje.

En el rito de la vieja diosa salvaje, Baba Yagá, éstas son las tareas de la iniciación:

Primera tarea:

Dejar morir a la madre demasiado buena

Al principio del cuento, la madre se está muriendo y cede a su hija un importante legado.

Las tareas psíquicas de esta fase de la vida de la mujer son las siguientes: Aceptar que la solícita madre psíquica perennemente vigilante y protectora no es adecuada como guía central de la propia vida instintiva futura (muere la madre demasiado buena). Emprender las tareas de actuar con autonomía y desarrollar la propia conciencia del peligro, la intriga y la política. Ponerse en guardia por sí misma y para sí misma. Dejar morir lo que tiene que morir. Cuando muere la madre demasiado buena, nace la nueva mujer.

En el cuento el proceso de iniciación empieza cuando la buena y querida madre se muere. Ya no está allí para acariciar el cabello de Vasalisa. En toda nuestra vida como hijas, llega un momento en que la buena madre de la psique —la que nos había sido útil anteriormente— se convierte en una madre demasiado buena que, en su exagerado afán de protegernos, empieza a impedirnos responder a los nuevos retos, obstaculizando con ello un desarrollo más profundo.

En el proceso natural de nuestra maduración, la madre demasiado buena tiene que adelgazar y menguar progresivamente hasta que nos veamos obligadas a cuidar de nosotras mismas de una manera distinta. Y, aunque siempre conservemos la esencia de su calor, esta transición psíquica natural nos deja solas en un mundo que no es maternal con nosotras. Pero un momento. Esta madre demasiado buena no es en absoluto lo que parece a primera vista. Debajo de la manta guarda una muñequita para su hija.

Y en esta figura hay algo de la Madre Salvaje. Pero la madre demasiado buena no puede vivir todo este proceso hasta el final, pues es la madre de los dientes de leche, la dulce madre que todos los niños necesitan para poder agarrarse al mundo psíquico del amor. Por consiguiente, aunque esta madre demasiado buena no pueda vivir ni seguir ejerciendo su influencia más allá de un punto determinado de la vida de una muchacha, muriendo le hace un bien a su hija. Bendice a Vasalisa con la muñeca y lo que hace es, tal como ya hemos visto, extremadamente beneficioso.

La detención del proceso de iniciación de una mujer puede producirse por distintas razones, por ejemplo, cuando ha habido demasiadas penalidades psicológicas en los comienzos de la propia vida, sobre todo si no ha habido una madre “suficientemente buena” en los primeros años. La iniciación también se puede estancar o quedar incompleta por no haber habido la suficiente tensión en la psique, pues la madre demasiado buena posee tanto vigor y resistencia como una mala hierba y sigue viviendo, echando hojas y protegiendo en exceso a su hija por más que el guión diga “Mutis”. En esta situación, las mujeres suelen ser demasiado tímidas como para adentrarse en el bosque y se resisten todo lo que pueden.

Tanto para ellas como para otras mujeres adultas a quienes los rigores de la vida han apartado y separado de sus vidas profundamente intuitivas y cuya queja suele ser “Estoy harta de cuidar de mí misma”, existe un excelente y sabio remedio. La reafirmación, la recuperación de la pista o la reiniciación permitirá restablecer la intuición profunda cualquiera que sea la edad de la mujer. Esta intuición profunda es la que sabe lo que nos conviene y lo que necesitamos y lo sabe con la rapidez de un relámpago, siempre y cuando nosotras queramos anotar lo que ella nos dicte.

La iniciación de Vasalisa empieza cuando ésta aprende a dejar morir lo que tiene que morir. Eso significa dejar morir los valores y las actitudes de la psique que ya no le son útiles. Hay que examinar con especial detenimiento aquellos férreos principios que hacen la vida demasiado cómoda, que protegen en exceso, que hacen que las mujeres caminen como si se escabulleran de algo en lugar de pisar con paso firme.

El período durante el cual disminuye la “madre positiva” de la infancia —y desaparecen también sus actitudes— es siempre un período de intenso aprendizaje. Aunque existe un período de nuestras vidas durante el cual nos mantenemos cerca de la protectora madre psíquica tal como debe ser (por ejemplo, en nuestra infancia o durante la recuperación de una enfermedad o de un trauma psicológico o espiritual o cuando nuestras vidas corren peligro y el hecho de estarnos quietas es nuestra salvación) y aunque conservemos grandes reservas de su ayuda para la vida futura, llega también el momento en que hay que cambiar de madre, por así decirlo 4.

Si permanecemos demasiado tiempo con la madre protectora en nuestra psique, no podremos enfrentarnos con los retos que se nos planteen y bloquearemos nuestro ulterior desarrollo. Con ello no quiero decir en modo alguno que una mujer se tenga que lanzar a situaciones ofensivas o dolorosas sino que tiene que fijarse en la vida un objetivo por el que esté dispuesta a correr riesgos. A través de este proceso se afilarán sus facultades intuitivas.

Entre los lobos, cuando una madre loba amamanta a sus lobeznos, tanto ella como sus crías pasan mucho tiempo holgazaneando. Todos se echan los unos encima de los otros en un gran revoltijo; el mundo exterior y el mundo de los desafíos quedan muy lejos. Sin embargo, cuando la madre loba enseña finalmente a sus lobeznos a cazar y a rodear, suele mostrarles los dientes, los mordisquea, les exige que espabilen y los empuja si no hacen lo que ella les pide.

Por consiguiente, es justo que, para que podamos proseguir nUestro desarrollo, cambiemos la solícita madre interior que nos era beneficiosa en nuestra infancia por otra clase de madre, una madre que habita en los más hondos desiertos psíquicos y es no sólo una escolta sino también una maestra, una madre afectuosa, pero también severa y exigente.

La mayoría de nosotras no deja que muera la madre demasiado buena cuando llega el momento. Aunque esta madre demasiado buena no permita que afloren a la superficie nuestras más desbordantes energías5 nos resulta tan cómodo y agradable estar con ella que, ¿para qué dejarla? A menudo oímos unas voces mentales que nos animan a conservarla y a mantenernos a salvo.

Estas voces dicen cosas tales como “Vamos, no digas eso”, o “No puedes hacerlo” o “Está claro que no eres hija [amiga, compañera) mía si lo haces" o "Allí fuera hay muchos peligros" o "Quién sabe qué va a ser de ti si te empeñas en abandonar este cálido nido" o "Lo único que conseguirás será humillarte" o algo todavía más insidioso, "Haz como que corres riesgos, pero, en secreto, quédate aquí conmigo". Éstas son las voces de la asustada y un tanto irritada madre demasiado buena que anida en la psique. No lo puede remediar; es como es. Sin embargo, si permanecemos unidas demasiado tiempo a la madre demasiado buena, nuestra vida y nuestra capacidad de expresarnos se hundirán en las sombras y, en lugar de fortalecernos, nos debilitaremos.

Y algo todavía peor; ¿qué ocurre cuando alguien reprime una desbordante energía y no le permite vivir? Como una cazuela de gachas de avena en malas manos, aumenta, aumenta y aumenta de tamaño hasta que estalla y todo su delicioso contenido se derrama al suelo. Por consiguiente, hay que comprender que, para que la psique intuitiva se fortalezca, es necesario que la bondadosa y solícita protectora se retire. O quizá podríamos decir más propiamente que, al final, nos Sentimos obligadas a abandonar aquel cómodo y agradable tête—à—tête no porque nosotras lo hayamos planeado así y tampoco porque ya estemos completamente preparadas para ello —una nunca está completamente preparada—, sino porque algo nos espera en el lindero del bosque y nuestro destino es ir a su encuentro.

Guillaume Apollinaire escribió: "Los llevamos al borde del abismo y les ordenamos que volaran. Ellos no se movieron. "¡Volad!", les dijimos. Pero ellos no se movieron. Los empujamos hacia el abismo. Y entonces volaron."

Es frecuente que las mujeres teman dejar morir la vida demasiado cómoda y demasiado segura. A veces una mujer se ha recreado en la protección de la madre demasiado buena y desea seguir igual por tiempo indefinido. Pero seguramente está dispuesta a sentirse angustiada alguna vez, pues, de otro modo, se hubiera quedado en el nido.

A veces, una mujer teme quedarse sin seguridad o sin certidumbre aunque sólo sea por muy breve tiempo. Tiene más pretextos que pelos tienen los perros. Pero es necesario que se lance y se mantenga firme sin saber lo que ocurrirá a continuación. Sólo así podrá recuperar su naturaleza instintiva. Otras veces la mujer se siente atada por el hecho de ser la madre demasiado buena para otros adultos que se han agarrado a sus tetas y no están dispuestos a permitir que ella los abandone. En este caso, la mujer tiene que propinarles una patada con la pata trasera y seguir su camino.

Y puesto que, entre otras cosas, la psique soñadora compensa todo aquello que el ego no quiere o no puede reconocer, los sueños de una mujer durante esta lucha están llenos, en contrapartida, de persecuciones, callejones sin salida, coches que no se ponen en marcha, embarazos incompletos y otros símbolos que representan el estancamiento de la vida. En su fuero interno la mujer sabe que el hecho de ser demasiado dulce durante demasiado tiempo equivale a estar un poco muerta.

Por consiguiente, el primer paso consiste en desprendernos del resplandeciente arquetipo de la siempre dulce y demasiado buena madre de la psique. Así pues, dejamos la teta y aprendemos a cazar. Una madre salvaje está esperando para enseñarnos. Pero, entretanto, la segunda tarea consiste en conservar la muñeca en nuestro poder hasta que hayamos aprendido cuáles son sus aplicaciones.

Segunda tarea:

Dejar al descubierto la tosca sombra

En esta parte del cuento, la "podrida" familia putativa 5 irrumpe en el mundo de Vasalisa y empieza a amargarle la vida. Las tareas de esta fase son: Aprender de una manera todavía más conciente a soltar a la madre excesivamente positiva. Descubrir que el hecho de ser buena, dulce y amable no permite alcanzar la felicidad en la vida. (Vasalisa se convierte en una esclava, pero eso no le sirve de nada.) Experimentar directamente la oscuridad de la propia naturaleza, y concretamente los aspectos excluyentes, envidiosos y explotadores del yo (la madrastra y las hermanas). Reconocerlo de manera inequívoca. Establecer las mejores relaciones posibles con las peores partes de una misma. Permitir que crezca la tensión entre aquella que la mujer está aprendiendo a ser y la que realmente es. Y, finalmente, ir permitiendo que muera el viejo yo y nazca el nuevo yo intuitivo.

La madrastra y las hermanastras representan los elementos subdesarrollados pero provocadoramente crueles de la psique. Se trata de los elementos de sombra*, es decir, de unos aspectos de la personalidad que se consideran indeseables o inútiles y que por esta razón se relegan a las tinieblas. Por otra parte, el oscuro material negativo —el que con tanto afán se dedica a destruir u obstaculizar la nueva vida también puede utilizarse en beneficio propio tal como veremos más adelante. Cuando estalla y nosotras identificamos finalmente sus aspectos y sus orígenes, adquirimos más fuerza y sabiduría.

* En la psicología analítica de Jung, la "sombra” es el conjunto de modalidades y posibilidades de existencia que el sujeto no quiere reconocer como propias porque son negativas con respecto a los valores codificados de la conciencia y que aleja de sí para defender su propia identidad, pero con el riesgo de paralizar el desarrollo de su personalidad. (N. de la T.)

En esta fase de la iniciación una mujer se siente acosada por las mezquinas exigencias de su psique que la exhortan a acceder a cualquier cosa que deseen los demás. Pero el cumplimiento de las exigencias ajenas da lugar a una terrible comprensión de la que todas las mujeres tienen que tomar nota. La comprensión de que el hecho de ser nosotras mismas hace que muchos nos destierren y de que el hecho de acceder a las exigencias de los demás hace que nos desterremos de nosotras mismas. La tensión es un tormento y se tiene que resistir, pero la elección está muy clara.

Vasalisa se ve privada de cualquier tipo de privilegio, pues hereda y es heredada por una familia que no puede comprenderla ni apreciarla. Por lo que a ellas respecta, es innecesaria. La odian y la insultan. La tratan como a la Forastera, la indigna de confianza. En los cuentos de hadas, el papel del forastero o del proscrito suele estar representado por el personaje que está más profundamente relacionado con la naturaleza sabia.

La madrastra y las hermanastras pueden interpretarse como unas criaturas colocadas en la psique de la mujer por la cultura a la que ésta pertenece. La familia putativa de la psique es distinta de la “familia del alma", pues pertenece al superego, el aspecto de la psique que está estructurado de acuerdo con las expectativas —saludables o no— que tiene cada sociedad en particular con respecto a las mujeres. Estos estratos y estas exigencias culturales —es decir, el superego— no son percibidos por las mujeres como algo que emana de la psique del Yo emocional sino como algo procedente del "exterior", de otra fuente que no es innata. Los estratos del superego cultural pueden ser muy positivos o muy perjudiciales.

La familia putativa de Vasalisa es un ganglio intrapsíquico que pinza el nervio vital de la vida. La madrastra y las hermanastras entran en escena como un coro de viejas brujas que la pinchan diciendo: "No lo vas a poder hacer. No vales lo bastante. No tienes el valor suficiente. Eres estúpida, sosa y vacía. No tienes tiempo. Sólo sirves para cosas sencillas. Tienes una capacidad limitada. Déjalo mientras puedas." Pero, puesto que todavía no es plenamente conciente de sus facultades, Vasalisa permite que este mal ponga obstáculos a su cabo salvavidas.

Lo mismo nos ocurre a nosotras. Vemos en el cuento que la intuición que tiene Vasalisa de lo que está ocurriendo a su alrededor es. muy vaga y que el padre de la psique tampoco se da cuenta del ambiente hostil que lo rodea; él también es demasiado bueno y carece de desarrollo intuitivo. Es curioso observar que las hijas de padres ingenuos suelen tardar más en despertar.

Nosotras también estamos pinzadas cuando la familia putativa que llevamos dentro o que nos rodea nos dice que no servimos para nada e insiste en que nos centremos en nuestros defectos en lugar de fijarnos en la crueldad que se arremolina a nuestro alrededor, tanto si ésta emana de nuestra psique como si emana de la cultura a la que pertenecemos.

No obstante, para poder ver algo necesitamos intuición y fuerza para resistir lo que vemos. Es posible que, como Vasalisa, tratemos de ser amables en lugar de ser astutas, Es posible que nos hayan enseñado a apartar a un lado la aguda perspicacia para poder llevarnos bien con la gente. Sin embargo, la recompensa que recibimos a cambio de ser amables 6 en circunstancias opresivas consiste en una intensificación de los malos tratos. Aunque una mujer piense que el hecho de ser ella misma le granjeará la hostilidad de los demás, esta tensión psíquica es precisamente lo que necesita para poder desarrollar el alma y crear un cambio.

Por eso la madrastra y las hermanastras deciden enviar lejos a Vasalisa, pensando en su fuero interno: "Vete al bosque, Vasalisa, vete a ver a la Baba Yagá y, si sobrevives, ja, ja —cosa que no ocurrirá—, puede que te aceptemos." Se trata de una idea de importancia decisiva, pues muchas mujeres se quedan atascadas a medio camino de este proceso de iniciación... como si estuvieran medio dentro y medio fuera del aro. A pesar de la existencia del depredador natural de la psique que dice "¡Muérete!", "¡Déjalo!" y "¿Por qué no te rindes?", de una manera prácticamente automática, la cultura en la que vive una mujer y la familia en la que creció pueden intensificar dolorosamente este natural pero moderado aspecto negativo de la psique.

Por ejemplo, las mujeres que se han criado en familias que no aceptan sus cualidades se lanzan una y otra vez al cumplimiento de impresionantes hazañas... sin saber por qué. Experimentan la necesidad de tener tres doctorados universitarios, colgar boca abajo desde la cumbre del Everest o llevar a cabo toda suerte de arriesgadas y costosas proezas que les ocupan mucho tiempo para demostrar su valía a su familia. "¿Ahora me aceptáis? ¿No?. Muy bien pues (suspiro), ahora veréis." El ganglio de la familia putativa nos pertenece cualquiera que sea el medio a través del cual lo hayamos recibido, y nuestra obligación es deshacernos de él con autoridad. Sin embargo, sabemos que, para que esta profunda tarea pueda seguir adelante, el hecho de tratar de demostrar la propia valía al coro de celosas brujas es inútil y, tal como veremos más adelante, incluso obstaculiza la iniciación.

Vasalisa cumple sus tareas cotidianas sin quejarse. El hecho de someterse puede parecer una heroicidad, pero, en realidad, provoca más presiones y conflictos entre las dos naturalezas contrarias, la demasiado buena y la demasiado exigente. Tal como ocurre con el conflicto entre el hecho de someterse a los deseos de los demás y el de ser una misma, esta presión conduce a un buen final. La mujer que se debate entre ambas cosas va por buen camino, pero tiene que dar los pasos que todavía le quedan.

En el cuento, las parientes putativas exprimen hasta tal punto la naciente psique que, a causa de sus intrigas, el fuego se apaga. En este momento una mujer empieza a desorientarse. Puede que tenga frío, se sienta sola y esté dispuesta a hacer cualquier cosa para recuperar el fuego. Ésta es justo la sacudida que necesita la mujer demasiado amable para poder proseguir su camino hacia su propio poder. Vasalisa tiene que conocer a la Gran Bruja Salvaje porque necesita pegarse un buen susto. Tenemos que abandonar el coro de los detractores y adentrarnos en el bosque. No podemos quedarnos y marcharnos al mismo tiempo.

Vasalisa, como nosotras, necesita una luz que la ayude a distinguir entre lo que es bueno para ella y lo que no. No podrá desarrollarse mientras siga siendo la criada de todo el mundo. Las mujeres que tratan de ocultar sus más profundos sentimientos se están matando. El fuego se apaga. Es como una dolorosa forma de cese temporal de las funciones vitales. Pero, al mismo tiempo y quizá con una cierta crueldad, el hecho de que el fuego se apague ayuda a Vasalisa a salir de su sumisión. Y la induce a morir a su antigua vida y entrar temblando en una nueva vida basada en una clase más antigua y más sabia de conocimiento interior.

Tercera tarea:

Navegar a oscuras

En esta parte del cuento, el legado de la madre muerta —la muñeca— guía a Vasalisa a través de la oscuridad hasta la casa de Baba Yagá. Las tareas psíquicas de esta fase: Acceder a adentrarse en el lugar de la profunda iniciación (entrar en el bosque) y empezar a experimentar el nuevo numen de la posesión de la capacidad intuitiva, percibido por la mujer como peligroso. Aprender a desarrollar la percepción del misterioso inconciente y confiar exclusivamente en los propios sentidos internos. Aprender el camino de regreso a la casa de la Madre Salvaje (siguiendo las instrucciones de la muñeca). Aprender a alimentar la intuición (dar de comer a la muñeca). Dejar que la frágil doncella ignorante se muera un poco más. Desplazar el poder a la muñeca, es decir, a la intuición.

La muñeca de Vasalisa procede de las reservas de la Vieja Madre Salvaje. Las muñecas son uno de los simbólicos tesoros de la naturaleza instintiva. En el caso de Vasalisa, la muñeca representa la vidita, la fuerza vital instintiva, feroz y resistente. Por muy grande que sea el embrollo en el que nos encontremos, ésta sigue viviendo oculta en nuestro interior.

A lo largo de muchos siglos los seres humanos han experimentado la sensación de que las muñecas irradian no sólo santidad sino también mana 7, una impresionante e irresistible presencia que actúa sobre las personas, provocando en ellas un cambio espiritual. Por ejemplo, entre los curanderos rurales, la raíz de la mandrágora es alabada por su parecido con el cuerpo humano, pues tiene apéndices en forma de brazos y piernas y una nudosa protuberancia en forma de cabeza. Dicen que posee un gran poder espiritual. Se cree que los que hacen los muñecos les infunden vida. Algunos se utilizan en rituales, ceremonias, ritos de vudú, hechizos amorosos y maldades de todo tipo. Cuando yo vivía entre los cuna de las islas situadas frente a la costa de Panamá, las figurillas de madera se utilizaban como símbolos de autoridad para recordarle a uno el propio poder.

Los museos de todo el mundo están llenos a rebosar de ídolos y figurillas hechas de arcilla, madera y metales. Las figurillas del paleolítico y el neolítico son muñecos. Las galerías de arte están llenas de muñecos. En el arte moderno, las momias de tamaño natural de Segal envueltas en gasa son muñecos. Desde muy antiguo, entre los miembros de las familias reales se han venido regalando muñecos como señal de buena voluntad. En las iglesias rurales de todo el mundo hay muñecos que son imágenes de santos. A las imágenes de los santos no sólo se las baña con regularidad y se las viste con prendas confeccionadas a mano sino que incluso se las "saca de paseo" para que contemplen el estado de los campos y de la gente e intercedan en el cielo en favor de los seres humanos.

El muñeco es el simbólico homunculus* 8, el símbolo de lo numinoso que se oculta en los seres humanos, un pequeño y resplandeciente facsímil del Yo original. Exteriormente, no es más que un muñeco. Pero, en realidad, representa un minúsculo fragmento de alma que contiene toda la sabiduría del Yo espiritual. En la muñeca está la voz en diminutivo de la vieja La Que Sabe.

* En latín diminutivo de homo, es decir, "hombrecillo", pequeño ser dotado de poder sobrenatural que los alquimistas afirmaban poder crear a partir de esperma y sangre, según las indicaciones de Paracelso. (N. de la T.)

El muñeco, está relacionado con los símbolos del duende, el trasgo, el gnomo, el hada y el enano. En los cuentos de hadas éstos representan un profundo latido de sabiduría dentro de la cultura de la psique. Son las criaturas que llevan adelante la prudente obra interior y que jamás se cansan. La psique actúa incluso cuando dormimos, muy especialmente cuando dormimos, e incluso cuando no somos plenamente concientes de lo que hacemos.

De esta manera la muñeca representa el espíritu interior de las mujeres; la voz de la razón interior, de la sabiduría y la conciencia interiores. La muñeca es como el pajarillo de los cuentos de hadas que aparece y habla en susurros al oído de la heroína, el que revela la existencia del enemigo interior y dice lo que hay que hacer. Ésta es la sabiduría del homunculus, el pequeño ser que llevamos dentro. Es nuestro socorredor invisible, pero siempre accesible.

La mayor bendición que una madre puede dar a su hija es el sentido cierto de la veracidad de su propia intuición. La intuición se transmite de progenitor a hijo con la mayor sencillez posible: "Has juzgado muy bien. ¿Qué crees tú que hay detrás de todo eso?" Más que definir la intuición como una especie de imperfecta rareza irracional, podríamos definirla como la auténtica voz del alma.

La intuición percibe el camino que hay que seguir para poder sacar el mayor provecho posible de una situación. Tiene instinto de conservación, capta los motivos y la intención subyacente y opta por aquello que causará la menor fragmentación posible en la psique.

En el cuento de hadas el proceso es muy similar. La madre de Vasalisa le hace un extraordinario regalo a su hija, uniéndola con la muñeca. La unión con la propia intuición fomenta una serena confianza en ella, ocurra lo que ocurra. Cambia la actitud de la mujer, haciéndola pasar de un "lo que sea sonará" a un "Voy a ver todo lo que hay que ver".

¿Qué utilidad tiene esta intuición salvaje para las mujeres? Como el lobo, la intuición tiene garras que abren las cosas y las inmovilizan, tienen ojos que pueden ver a través de los escudos protectores de la persona y orejas que oyen más allá del alcance del oído humano. Con estas formidables herramientas psíquicas la mujer adquiere una astuta e incluso precognitiva conciencia animal 9 que intensifica su feminidad y agudiza su capacidad de moverse confiadamente en el mundo exterior.

Ahora Vasalisa va en busca de unas brasas para volver a encender el fuego. Cruza el bosque en medio de la oscuridad y lo único que puede hacer es prestar atención a la voz interior de la muñeca. Está aprendiendo a confiar en esta relación y está aprendiendo, además, otra cosa: a alimentar a la muñeca.

¿Qué hay que darle de comer a la intuición para que esté debidamente alimentada y responda a nuestra petición de explorar lo que nos rodea? Se le da de comer vida... prestándole atención. ¿De qué sirve una voz sin un oído que la reciba? ¿De qué sirve una mujer en la selva de la megápolis o de la vida cotidiana si no puede oír y fiarse de la voz de La Que Sabe?

He oído decir a las mujeres, no cien sino mil veces: "Sé que hubiera tenido que fiarme de mi intuición. Intuí que debería/no debería haber hecho tal cosa o tal otra, pero no hice caso." Alimentamos el profundo yo intuitivo prestándole atención y siguiendo sus consejos. Es un personaje por derecho propio, un mágico ser del tamaño de una muñeca que habita en la tierra psíquica del interior de la mujer. Si el músculo no se ejercita, al final se debilita. A la intuición le ocurre exactamente lo mismo. Sin alimento, sin ejercicio, se atrofia.

El alimento de la muñeca es un ciclo esencial del arquetipo de la Mujer Salvaje, la guardiana de los tesoros ocultos. Vasalisa alimenta a la muñeca de dos maneras, primero con un trozo de pan, un trozo de vida para su nueva aventura psíquica, y después encontrando el camino de la casa de la Vieja Madre Salvaje, la Baba Yagá. Si prestamos atención a la muñeca —en cada curva y en cada encrucijada—, la muñeca indica por dónde se va a "casa". Nosotras, como Vasalisa, fortalecemos nuestro vínculo con nuestra naturaleza intuitiva prestando atención a nuestro interior a cada vuelta del camino. "¿Tengo que ir por aquí o por allí? ¿Tengo que quedarme o me tengo que ir? ¿Tengo que resistir o ser flexible? ¿Tengo que huir o acercarme? ¿Esta persona, este acontecimiento, esta arriesgada empresa es verdadera o falsa?"

A menudo la ruptura del vínculo entre la mujer y su intuición salvaje se interpreta erróneamente como una ruptura de la intuición. Pero no es así. No es la intuición la que se rompe sino más bien el don matrilineal de la intuición, la transmisión de la confianza intuitiva entre una mujer y todas las mujeres de su linaje que la han precedido, es este largo río de mujeres que se ha represado 10. Como consecuencia de ello, cabe la posibilidad de que la comprensión de la sabiduría intuitiva de una mujer se debilite, pero ésta se puede recuperar y volver a manifestar plenamente por medio del ejercicio 11.

Las muñecas se utilizan como talismanes. Los talismanes son recordatorios de lo que se siente, pero no se ve, de lo que es así, pero no resulta obvio con carácter inmediato. El numen talismánico de la imagen de la muñeca nos recuerda, nos dice y prevé las cosas. Esta función intuitiva pertenece a todas las mujeres. Es una receptividad masiva y fundamental. No una receptividad como la que antiguamente se enseñaba en la psicología tradicional, es decir, la de un recipiente vacío sino una receptividad que consiste en tener acceso inmediato a una profunda sabiduría que llega hasta los mismísimos huesos de las mujeres 12.

Cuarta tarea:

El enfrentamiento con la Bruja Salvaje

En esta parte del cuento, Vasalisa se enfrenta cara a cara con la Bruja Salvaje. Las tareas de este encuentro son las siguientes: Poder resistir la contemplación del rostro de la temible diosa salvaje sin temblar, es decir, poder enfrentarse con la imago* de la madre feroz (la reunión con la Baba Yagá). Familiarizarse con el arcano, lo extraño, la "otredad" de lo salvaje (vivir durante algún tiempo en la casa de Baba Yagá). Incorporar a nuestras vidas algunos de sus valores, convirtiéndonos con ello en unos seres un poco raros en el buen sentido (comiendo su comida). Aprender a enfrentarnos con un gran poder, con el de los demás y posteriormente con el nuestro.

* En psicoanálisis, la representación inconciente que preside la relación del sujeto con las cosas que lo rodean. (N. de la T.)

Dejar que muera un poco más la frágil niña demasiado dulce.

Baba Yagá vive en una casa que se levanta sobre unas patas de gallina y que gira y da vueltas siempre que le apetece. En los sueños, el símbolo de la casa representa la organización del espacio psíquico en el que habita una persona tanto a nivel conciente como inconciente. Por una curiosa ironía, si este cuento fuera un sueño equilibrador, la extraña casa significaría que la persona, en este caso Vasalisa, es demasiado anodina y vulgar y necesita girar y dar vueltas para averiguar qué tal sería bailar como una gallina loca de vez en cuando.

Vemos por tanto que la casa de la Yagá pertenece al mundo instintivo y que Vasalisa necesita aumentar la presencia de este elemento en su personalidad. Esta casa camina con sus patas de gallina y evoluciona en una especie de danza saltarina. La casa está viva y rebosa de entusiasmo y de alegría vital.

Estos atributos son los principales fundamentos de la psique arquetípica de la Mujer Salvaje; una gozosa y salvaje fuerza vital, en la que las casas bailan, los objetos inanimados, como los almireces, vuelan como los pájaros, la vieja puede practicar la magia y nada es lo que parece, aunque sea en buena parte mucho mejor de lo que parecía al principio.

Vasalisa empezó con lo que podríamos llamar una personalidad exterior insípida y aplanada. Esta "hipernormalidad" se va apoderando poco a poco de nosotras hasta hacer que nuestra vida se convierta en algo rutinario, en una existencia exánime sin que nosotras lo queramos realmente. Esto fomenta que no se preste atención a los dictados de la intuición 13, lo que a su vez conlleva una falta de iluminación psíquica. Por consiguiente, tenemos que hacer algo, tenemos que adentrarnos en el bosque, ir en busca de la temible mujer para evitar que algún día, bajando por la calle, se abra una tapa de alcantarilla y algo inconciente nos agarre y nos sacuda como un trapo, alegremente o no, más bien no, aunque siempre con buena intención 14.

La entrega de la muñeca intuitiva por parte de la dulce madre inicial queda incompleta sin las pruebas a que nos somete la Vieja Salvaje y sin las tareas que ésta nos encomienda. Baba Yagá es el tuétano de la psique instintiva e integrada. Lo deducimos de lo que ella sabe acerca de todo lo que ha ocurrido anteriormente. "Sí —dice cuando llega Vasalisa—, te conozco y conozco a los tuyos." Además, en sus encarnaciones como Madre de los Días y Madre Nyx (Madre Noche 15, una diosa de la Vida/Muerte/Vida), la vieja Baba Yagá es la guardiana de los seres celestes y terrestres: el Día, el Sol Naciente y la Noche. Los llama "mi Día, mi Noche".

Baba Yagá es temible, pues representa al mismo tiempo el poder de la aniquilación y el poder de la fuerza vital. Contemplar su rostro es contemplar la vagina dentata, unos ojos de sangre, el recién nacido perfecto y las alas de los ángeles todo de golpe.

Y Vasalisa permanece allí y acepta a esta salvaje divinidad materna, con su sabiduría, sus verrugas y todo lo demás. Una de las facetas más extraordinarias de la Yagá descrita en este cuento es el hecho de que, a pesar de sus amenazas, es justa. No le hace daño a Vasalisa siempre y cuando ésta la respete. El respeto en presencia del poder es una lección esencial. Una mujer tiene que ser capaz de permanecer en presencia del poder, pues, al final, una parte de este poder será suya. Vasalisa se enfrenta a Baba Yagá sin servilismo, jactancia o bravuconería y tampoco huye o se esconde. Se presenta honradamente tal como es.

Muchas mujeres se están recuperando de sus complejos de "amabilidad desmesurada", en los que, cualesquiera que fueran sus sentimientos y quienquiera que las atacara, ellas reaccionaban con una dulzura rayana en la adulación. Pero, aunque de día sonrieran amablemente, de noche enseñaban los dientes como fieras, pues la Yagá de sus psiques estaba pugnando por manifestarse.

Esta exagerada amabilidad y este afán de acomodarse a los deseos de los demás suelen producirse cuando las mujeres temen desesperadamente ser privadas de sus derechos o ser consideradas "innecesarias". Dos de los más conmovedores sueños que he oído en mi vida los tuvo una joven que necesitaba ser menos sumisa. En el primero de ellos heredaba un álbum de fotos especial en el que figuraban unas fotografías de la "Madre Salvaje". Se puso muy contenta hasta que, a la semana siguiente, soñó que abría un álbum parecido y veía a una vieja horrible, mirándola fijamente. La bruja tenía unos dientes cubiertos de musgo y le bajaba por la barbilla un hilillo de negro jugo de betel.

Este sueño es típico de las mujeres que se están recuperando de su excesiva dulzura. El primer sueño revela un lado de la naturaleza salvaje... el benévolo y generoso, todo lo que está bien en su mundo personal. Sin embargo, cuando aparece la Mujer Salvaje con los dientes cubiertos de musgo, entonces... ah, bueno, mmm... ¿no podríamos dejarlo para más tarde? La respuesta es no.

El inconciente, con su habitual brillantez, muestra a la soñadora una nueva forma de vivir que no es simplemente la sonrisa de dos dientes frontales de la mujer demasiado amable. Enfrentarnos con este salvaje poder creador que llevamos dentro significa tener acceso a la miríada de rostros de lo femenino subterráneo. Éstos son innatos en nosotras y podemos habitar en los que nos sean más útiles en los distintos momentos.

En este drama de la iniciación, Baba Yagá es la naturaleza instintiva disfrazada de bruja. Al igual que la palabra "salvaje", la palabra "bruja" posee un matiz peyorativo, pero hace tiempo era un calificativo que se aplicaba a sanadoras tanto jóvenes como viejas en la época en que la imagen religiosa monoteísta aún no se había impuesto a las antiguas culturas panteístas que entendían la Divinidad a través de múltiples imágenes religiosas del universo y todos sus fenómenos. Pero, aun así, la bruja, la naturaleza salvaje y cualquier otra criatura u otro aspecto integral que la cultura considera desagradables son en la psique de las mujeres unos elementos muy positivos que a menudo éstas necesitan recuperar y sacar a la superficie.

Buena parte de la literatura acerca del tema del poder femenino afirma que los hombres temen este poder. " ¡Madre de Dios! —siento deseos de exclamar—. Hay muchas mujeres que también temen el poder femenino", pues los viejos atributos y las fuerzas femeninas son muy amplios y son en efecto impresionantes. Se comprende que la primera vez que se enfrentan cara a cara con los Viejos Poderes Salvajes tanto los hombres como las mujeres los miren con inquietud y den media vuelta; y que lo único que veamos de ellos sean el envés de las pezuñas y las atemorizadas colas de lobo volando al viento.

Para que los hombres puedan aprender a resistirlo, está clarísimo que las mujeres tienen que aprender a resistirlo. Para que los hombres puedan comprender a las mujeres, éstas les tendrán que enseñar las configuraciones del femenino salvaje. Para ello, la función soñadora de la psique conduce por la noche a la Yagá y a todas sus huestes directamente a los dormitorios de las mujeres durante el sueño. Con un poco de suerte, la Yagá dejará sus grandes y anchas huellas en la alfombra al lado de nuestra cama. Vendrá a contemplar a aquellas que no la conocen. Cuando llegamos tarde a nuestra iniciación, se pregunta por qué no vamos a visitarla y es ella la que viene a visitarnos por la noche durante el sueño.

Una mujer a quien yo traté veía en sus sueños a unas mujeres vestidas con unos camisones hechos jirones, comiendo cosas que jamás se hubieran podido encontrar en el menú de un restaurante. Otra mujer soñaba con una anciana que, bajo la apariencia de una vieja bañera con patas en forma de garras, hacía vibrar sus cañerías y amenazaba con reventarlas a no ser que la soñadora derribara una pared para que ella pudiera "ver". Una tercera mujer soñaba que era una de las tres componentes de un grupo de tres ancianas ciegas, sólo que ella perdía constantemente el carnet de conducir y tenía que abandonar constantemente el grupo para buscarlo. En cierto sentido se podría decir que tenía dificultades para identificarse con las tres Parcas, las fuerzas que presiden la vida y la muerte en la psique. Pero con el tiempo ella también aprendió a resistir y a no apartarse de lo que tanto miedo le daba al principio, es decir, su propia naturaleza salvaje.

Todas estas criaturas de los sueños le recuerdan a la soñadora su yo elemental: el Yo de la Yagá, el enigmático y profundo poder de la Madre de la Vida/Muerte/Vida. Sí, estamos diciendo que ser yagaísta es bueno y tenemos que resistirlo. Ser fuerte no significa tener músculos y hacer flexiones. Significa afrontar la propia numinosidad sin huir, viviendo activamente con la naturaleza salvaje cada una a su manera. Significa poder aprender, poder resistir lo que sabemos. Significa resistir y vivir.

Quinta tarea:

El servicio a lo irracional

En esta parte del cuento Vasalisa le ha pedido fuego a Baba Yagá y la Yagá accede a dárselo... pero sólo en el caso de que, a cambio, ella se preste a hacerle algunas tareas domésticas. Las tareas psíquicas de esta fase de aprendizaje son las siguientes: Quedarse con la bruja, aclimatarse a los grandes poderes salvajes de la psique femenina. Comprender su poder (el propio poder) y el de las purificaciones interiores; limpiar, clasificar, dar de comer, construir energías e ideas (lavar la ropa de la Baba Yagá, guisar para ella, limpiarle la casa y clasificar los elementos).

No hace mucho tiempo, las mujeres mantenían una estrecha relación con los ritmos de la vida y de la muerte. Aspiraban el intenso olor a hierro de la sangre fresca del parto. Y lavaban también los cuerpos medio fríos de los muertos. La psique de las mujeres modernas, sobre todo de las que pertenecen a las culturas industriales y tecnológicas, se ven privadas a menudo de estas benditas y fundamentales experiencias de transmisión directa. Pero hay un medio para que la novata participe plenamente de los delicados aspectos de los ciclos de la vida y la muerte.

Baba Yagá, la Madre Salvaje, es la maestra a la que podemos recurrir en estas cuestiones. Ella enseña cómo ordenar la casa del alma. Infunde en el ego un orden alternativo, en el que la magia puede ocurrir, la alegría es posible, el apetito permanece intacto y las tareas se llevan a cabo con placer. Baba Yagá es el modelo de la fidelidad al Yo. Enseña la muerte y la renovación.

En el cuento, le enseña a Vasalisa a cuidar de la casa psíquica de lo femenino salvaje. La colada de Baba Yagá es un símbolo extraordinario. En los países arcaicos, todavía en la actualidad, para lavar la ropa hay que bajar al río y allí se hacen las abluciones rituales que la gente lleva haciendo desde tiempos inmemoriales para renovar la ropa. Es un símbolo espléndido de la purificación de toda la orientación de la psique.

En la mitología, el lienzo tejido es obra de las madres de la Vida/ Muerte/Vida. Por ejemplo, en el Viejo Continente tenemos a las Tres Parcas: Cloto, Láquesis y Átropo. En el Nuevo Continente tenemos a la Na’ashjé’ii Asdzáá, la Mujer Araña que regaló el don del tejido a los diné (los navajos). Estas madres de la Vida/Muerte/Vida enseñan a las mujeres la sensibilidad necesaria para identificar lo que tiene que morir y lo que tiene que vivir, lo que se tiene que cardar y lo que se tiene que tejer. En el cuento, Baba Yagá encarga a Vasalisa hacer la colada para que este tejido, estos dibujos que conoce la diosa de la Vida/Muerte/Vida, salgan al exterior y afloren a la conciencia; para transmitirlos, lavarlos, renovarlos.

Lavar algo es un ritual de purificación eterno. Significa no sólo purificar sino también —como el bautismo, del latín baptisma, ablución, inmersión— empapar, impregnar de numen espiritual y misterio. En el cuento, la colada es la primera tarea. Significa tensar de nuevo lo que se había aflojado con el uso. Las prendas de vestir son como nosotras, se siguen llevando hasta que, como nuestras ideas y nuestros valores, se aflojan con el tiempo. La renovación, la vivificación, tiene lugar en el agua, en el redescubrimiento de lo que realmente consideramos verdadero, de lo que realmente consideramos sagrado.

En el simbolismo arquetípico, las prendas de vestir representan la persona, lo primero de nosotros que ven los demás. La persona es una especie de camuflaje que sólo permite a los demás ver de nosotros lo que nosotros queremos que vean y nada más. Pero la persona tiene también otro significado más antiguo, el que se encuentra presente en todos los ritos mesoamericanos y que tan bien conocen las cantadoras, cuentistas y curanderas. La persona no es una simple máscara detrás de la que uno se oculta sino una presencia que eclipsa la personalidad exterior— En este sentido, la persona o máscara es un signo de categoría, virtud, carácter y autoridad. Es el significador exterior, la exhibición externa de dominio 16.

Me encanta esta tarea de iniciación que exige a la mujer purificar las personas, las prendas de la autoridad de la gran Yagá del bosque, Lavando la ropa de la Yagá, la mujer verá cómo se cosen las costuras de la persona y qué patrones siguen los vestidos. Y no tardará en tener algunas de estas personas en su armario entre otras que ha confeccionado a lo largo de toda su vida 17.

Se comprende fácilmente que los signos de poder y autoridad de la Yagá —sus prendas de vestir— estén hechas tal como es ella desde un punto de vista psicológico: fuerte y resistente. Lavar su ropa es una metáfora a través de la cual aprendemos a presenciar, examinar y asumir esta combinación de cualidades. Aprendemos a clasificar, remendar y renovar la psique instintiva por medio de una purificatio, un lavado o purificación de las fibras del ser.

La siguiente tarea de Vasalisa es barrer la cabaña y el patio. En los cuentos de hadas de la Europa oriental, las escobas suelen estar hechas con ramas de árboles y arbustos y, a veces, de raíces de plantas fibrosas. La misión de Vasalisa es pasar este objeto hecho con materia vegetal por los sucios de la casa y el patio con el fin de eliminar los desechos. La mujer sabia mantiene ordenado su ambiente psíquico, Y lo hace conservando la cabeza clara, conservando un espacio libre para su trabajo Y esforzándose por llevar a feliz término sus ideas y proyectos 18.

A muchas mujeres dicha tarea les exige que cada día dejen libre un espacio pira la meditación, un espacio para vivir que sea indiscutiblemente suyo y con papel, plumas, pinturas, herramientas, conversaciones, tiempo y libertades destinadas exclusivamente a este fin muchas de ellas adquieren ese tiempo y ese lugar especiales para el trabajo a través del Psicoanálisis la contemplación, la meditación, la aceptación de la soledad y otras experiencias de descenso y transformación. Cada mujer tiene sus preferencias, su manera de hacer.

Si la tarea se puede llevar a cabo en la cabaña de Baba Yagá, tanto mejor. Pero incluso el hecho de llevarla a cabo en las inmediaciones de la cabaña es mejor que lejos de ella. En cualquier caso, hay que ordenar la vida salvaje con regularidad. No es bueno acudir a ella un día o unos cuantos días al año.

Pero, puesto que lo que barre Vasalisa es la cabaña de Baba Yagá y puesto que se trata del patio de Baba Yagá, estamos hablando también de mantener claras y ordenadas las ideas insólitas. Entre estas ideas se incluyen las que son poco habituales, las místicas, espirituales y extrañas 19.

Barrer la casa significa no sólo valorar la vida no superficial sino también preocuparse por su limpieza. A veces las mujeres se hacen un lío con el trabajo espiritual y descuidan su arquitectura hasta el punto de que la maleza la invade. Poco a poco las estructuras de la psique se van llenando de malas hierbas hasta convertirse prácticamente en una ruina arqueológica oculta en el inconciente de la psique. Un cíclico y decisivo barrido impedirá que eso ocurra. Cuando las mujeres limpian el espacio, la naturaleza salvaje se desarrolla mejor.

Cuando queremos guisar para Baba Yagá, nos preguntamos literalmente, ¿cómo se da de comer a la Baba Yagá de la psique, qué se le da de comer a una diosa tan salvaje? En primer lugar, si alguien quiere guisar para la Yagá, tiene que encender el fuego; una mujer tiene que estar dispuesta a arder al rojo vivo, a arder con pasión, a arder con palabras, con ideas, con deseo de cualquier cosa que ella aprecie sinceramente. Esta pasión es la que, de hecho, permite guisar y lo que se guisa son las sólidas ideas originales de una mujer. Si alguien quiere guisar para la Yagá tiene que procurar que debajo de la propia vida creativa haya un buen fuego.

A casi todas nosotras nos irían mejor las cosas si nos acostumbráramos a vigilar el fuego que arde debajo de nuestro trabajo, si vigiláramos con más detenimiento el proceso de cocción destinado a alimentar el Yo salvaje. Demasiado a menudo nos apartamos de la olla, de la cocina. Nos olvidamos de vigilar, de añadir combustible y de remover. Pensamos erróneamente que el fuego y la cocción son como una de esas resistentes plantas de interior que pueden pasarse ocho meses sin agua antes de perecer. Pero no es así. El fuego necesita, exige vigilancia, pues la llama se apaga fácilmente. Hay que dar de comer a la Yagá. El hecho de que pase hambre se paga muy caro.

Por consiguiente, la elaboración de nuevos platos completamente originales, de nuevos rumbos, de compromisos con el propio arte y el propio trabajo es la que constantemente alimenta el alma salvaje. Estas mismas cosas alimentan a la Vieja Madre Salvaje y le dan sustento en nuestra psique.

Sin el fuego, nuestras grandes ideas, nuestros pensamientos originales y nuestros anhelos y aspiraciones no se .podrán guisar y todo el mundo quedará insatisfecho. Por otra parte, cualquier cosa que hagamos complacerá a la Madre Salvaje y nos alimentará a todas, siempre y cuando tenga fuego.

En el desarrollo de las mujeres todas estas acciones "domésticas", el guisar, el lavar, el barrer, cuantifican algo que rebasa los límites de lo ordinario. Todas estas metáforas ofrecen maneras de pensar, medir, alimentar, fortalecer, limpiar y ordenar la vida espiritual.

Vasalisa es iniciada en todas estas cosas y su intuición la ayuda a realizar las tareas. La naturaleza instintiva tiene la habilidad de medir las cosas a primera vista, pesar en un instante, limpiar los desperdicios que rodean una idea, identificar la esencia de las cosas, infundirle vitalidad, guisar las ideas crudas y preparar comida para la psique. Vasalisa, por medio de la muñeca de la intuición, aprende a clasificar, comprender, organizar y mantener limpia y en orden la casa psíquica.

Aprende, además, que la Madre Salvaje necesita mucho alimento para poder cumplir su función. A Baba Yagá no se la puede poner a régimen con una hoja de lechuga y una taza de café cargado. Si la mujer quiere estar cerca de ella, tiene que comprender que a la Madre Salvaje le apetecen ciertas cosas. Para poder mantener una relación con lo antiguo femenino hay que guisar mucho.

Por medio de todas estas tareas Baba Yagá enseña y Vasalisa aprende a no retroceder ante lo grande y poderoso, lo cíclico, lo imprevisto, lo inesperado, la, vasta e inmensa escala del tamaño de la naturaleza, lo raro, lo extraño y lo insólito.

Los ciclos femeninos según las tareas de Vasalisa son los siguientes: Purificar los propios pensamientos y renovar regularmente los propios valores. Eliminar las trivialidades que ocupan la psique, barrer el propio yo, limpiar con regularidad los propios pensamientos y estados emocionales. Encender un fuego duradero debajo de la vida creativa y guisar sistemáticamente ideas significa sobre todo guisar con originalidad mucha vida sin precedentes para poder alimentar la relación entre la mujer y su naturaleza salvaje.

Vasalisa, gracias al tiempo pasado al lado de la Yagá, asumirá finalmente una parte de los modos y el estilo de la Yagá. Y nosotras también. Nuestra misión, a nuestra limitada manera humana, será ajustarnos a ella. Y eso es lo que aprendemos a hacer, aunque nos sintamos al mismo tiempo intimidadas, pues en la tierra de Baba Yagá hay cosas que vuelan por el aire de noche y que se despiertan de nuevo al rayar el alba, todas ellas llamadas y evocadas por la naturaleza instintiva salvaje. Están los huesos de los muertos que nos siguen hablando, están los vientos, los destinos y los soles, la luna y el cielo, y todo eso vive en el interior de su gran baúl. Pero ella mantiene el orden. El día sigue a la noche y una estación sigue a otra. Baba Yagá no actúa al azar. Es Rima y Razón.

En el cuento, la Yagá descubre que Vasalisa ha terminado todas las tareas que se le han encomendado y se alegra, aunque también se decepciona un poco por el hecho de no poder regañar a la chica. Por consiguiente, para asegurarse de que Vasalisa no dé nada por descontado, Baba Yagá le dice: "Que hayas llevado a cabo el trabajo que te encomendé no significa que lo puedas volver a hacer. O sea que aquí tienes otro día de tarea. A ver cómo te las arreglas, querida, de lo contrario ... "

Una vez más, gracias a la ayuda de la guía intuitiva, Vasalisa termina el trabajo y la Yagá le da a regañadientes y refunfuñando su aprobación, el tipo de aprobación que suelen dar las viejas que han vivido mucho tiempo y han visto muchas cosas que preferirían no haber visto, aunque se enorgullezcan en cierto modo de haberlo hecho.

Sexta tarea:

La separación entre esto y aquello

En esta parte del cuento, Baba Yagá impone a Vasalisa dos tareas muy difíciles. Las tareas psíquicas de una mujer son las siguientes: Aprender a separar una cosa de la otra con el mejor criterio posible, aprender a establecer sutiles distinciones de juicio (separando el maíz añublado del bueno y sacando las semillas de adormidera mezcladas con un montón de tierra). Observar el poder del inconciente y su funcionamiento incluso cuando el ego no es conciente de ello (los pares de manos que aparecen en el aire). Aprender algo más acerca de la vida (el maíz) y la muerte (las semillas de adormidera).

A Vasalisa se le pide que separe cuatro sustancias: que aparte el maíz añublado del maíz bueno y que aísle las semillas de adormidera de la tierra con la que están mezcladas. La muñeca intuitiva consigue realizar ambas tareas. A veces, este proceso de clasificación se produce a un nivel tan profundo que apenas somos concientes de él hasta que un día...

La clasificación a la que se refiere el cuento es la que se produce cuando nos enfrentamos con un dilema o una pregunta, pero casi nada nos ayuda a resolverlo. Sin embargo, si lo dejamos reposar y regresamos más tarde, es posible que nos encontremos con una buena respuesta allí donde antes no había nada. "Si nos vamos a dormir, a ver qué soñamos" 20, puede que la vieja de los dos millones de años venga a visitarnos desde su tierra nocturna. A lo mejor, nos traerá una solución o nos mostrará que la respuesta se encuentra debajo de la cama o en nuestro bolsillo, en un libro o detrás de la oreja. Se ha observado a menudo que una pregunta hecha antes de acostarse engendra con la práctica una respuesta al despertar. Hay algo en la psique, en la muñeca intuitiva, algo debajo, encima o en el inconciente colectivo que clasifica el material mientras dormimos y soñamos 21. El hecho de confiar en esta cualidad también forma parte de la naturaleza salvaje.

Simbólicamente, el maíz añublado posee un doble significado. En forma de licor, se puede usar como sustancia embriagadora o como medicamento. Hay un tipo de micosis llamado tizón —un hongo velloso y negruzco presente en el maíz añublado— que se considera alucinógeno.

Varios estudiosos han formulado la hipótesis de que en los antiguos ritos griegos de la diosa eleusina* se consumían sustancias alucinógenas derivadas del trigo, la cebada, la adormidera o el maíz. Además, la clasificación del maíz que la Yagá le exige a Vasalisa está relacionada con la recolección de medicinas por parte de las viejas curanderas que hoy en día siguen desarrollando esta labor en todo Norte, Centro y Sudamérica. Vemos también los antiguos remedios y tratamientos de la curandera en la semilla de adormidera, que es un soporífero y un barbitúrico, y también en la tierra que se lleva utilizando desde la más remota antigüedad y se usa todavía actualmente en emplastos y cataplasmas, en baños e incluso, en determinadas circunstancias, para su ingestión oral 22.

* Deméter, en cuyo templo de la ciudad de Eleusis se celebraban unos misterios en su honor (N. de la T.)

Se trata de uno de los pasajes más deliciosos del cuento. El maíz bueno, el maíz añublado, las semillas de adormidera y la tierra son vestigios de la antigua botica curativa. Estas sustancias se utilizan como bálsamos, ungüentos, infusiones y emplastos para la aplicación de otras medicinas al cuerpo. Como metáforas también son medicinas para la mente; algunas alimentan, otras favorecen el descanso, otras provocan languidez y otras son estimulantes. Son facetas de los ciclos de la Vida/Muerte/ Vida. Baba Yagá no sólo le pide a Vasalisa que separe esto de aquello para establecer la diferencia entre cosas parecidas —como el verdadero amor del falso amor, la vida nutricia de la vida inútil— sino que, además, le pide que diferencie una medicina de otra.

Como los sueños, que pueden interpretarse a nivel objetivo sin que pierdan su realidad subjetiva, estos elementos de las medicinas/alimento también tienen un significado simbólico para nosotras. Como Vasalisa, también tenemos que clasificar nuestros agentes curativos psíquicos, clasificar incesantemente con el fin de comprender que el alimento de la psique es también una medicina para la psique, y extraer la verdad y la esencia de todos estos agentes curativos para nuestro propio alimento.

Todos estos elementos y estas tareas le enseñan a Vasalisa la existencia de los ciclos de la Vida/Muerte/Vida, del toma y daca del cuidado de la naturaleza salvaje. A veces, para aproximar a una mujer a esta naturaleza, le pido que cuide un jardín. Un jardín psíquico o un jardín con barro, tierra, plantas y todas las cosas que rodean, ayudan y atacan. Y que se imagine que este jardín es la psique. El jardín es una conexión concreta con la vida y la muerte. Incluso se podría decir que existe una religión del jardín, pues éste nos imparte unas profundas lecciones psicológicas y espirituales. Cualquier cosa que le pueda ocurrir a un jardín le puede ocurrir también al alma y a la psique: demasiada aguay demasiado poca, plagas, calor, tormentas, invasiones, milagros, muerte de las raíces, renacimiento, beneficios, curación, florecimiento, recompensas, belleza.

Durante la vida del jardín, las mujeres llevan un diario en el que anotan todas las señales de aparición y desaparición de vida. Cada entrada crea un alimento psíquico. En el jardín aprendemos a dejar que los pensamientos, las ideas, las preferencias, los deseos e incluso los amores vivan y mueran. Plantamos, arrancamos, enterramos. Secamos semillas, las sembramos, las mojamos, las cuidamos y cosechamos.

El jardín es una práctica de meditación en cuyo transcurso vemos cuándo es preciso que algo muera. En el jardín se puede ver llegar el momento tanto de la fructificación como de la muerte. En el jardín nos movemos, no contra sino con las inhalaciones y las exhalaciones de una más vasta naturaleza salvaje.

A través de esta meditación reconocemos que el ciclo de la Vida/ Muerte/Vida es algo natural. Tanto la naturaleza que da vida como la que se enfrenta con la muerte están deseando nuestra amistad y nuestro eterno amor. En el transcurso de este proceso nos convertimos en algo análogo a lo salvaje cíclico. Tenemos capacidad para infundir energía y fortalecer la vida y también para apartarnos del camino de lo que se muere.

Séptima tarea:

La indagación de los misterios

Una vez completadas con éxito sus tareas, Vasalisa le hace a la Yagá unas cuantas preguntas muy acertadas. Las tareas de esta fase son las siguientes: Preguntar y tratar de aprender algo más acerca de la naturaleza de la Vida/Muerte/Vida y de sus funciones (Vasalisa hace preguntas acerca de los jinetes). Aprender la verdad acerca de la capacidad de comprender todos los elementos de la naturaleza salvaje ("saber demasiado puede hacer envejecer prematuramente a una persona") 23.

Todas empezamos con la pregunta "¿Qué soy yo realmente? ¿Cuál es mi trabajo aquí?". La Yagá nos enseña que somos Vida/Muerte/Vida, que éste es nuestro ciclo, nuestra especial percepción de lo profundo femenino. Cuando yo era pequeña, una de mis tías me contó la leyenda de "Las Mujeres del Agua" de nuestra familia. Me dijo que a la orilla de todos los lagos vivía una joven que tenía las manos viejas. Su primera misión era infundir tüz —algo que se podría traducir como alma o "fuego espiritual"— en docenas de preciosos patos de porcelana. Su segunda misión era darles cuerda con unas llaves de madera insertadas en las plumas del dorso. Cuando se les acababa la cuerda, los patos se caían y sus cuerpos se rompían y entonces ella tenía que abanicar con su delantal a las almas que salían para enviarlas al cielo. Su cuarta tarea era volver a infundir tüz en otros preciosos patos de porcelana, darles cuerda y liberarlos hacia sus vidas...

El cuento del tüz es uno de los que con más claridad explican qué hace exactamente la madre de la Vida/Muerte/Vida con el tiempo de que dispone. Psíquicamente, la Madre Nyx, Baba Yagá, las Mujeres del Agua, La Que Sabe y la Mujer Salvaje constituyen distintas imágenes, distintas edades, distintos estados de ánimo y aspectos del Dios de la Madre Salvaje. La infusión de tüz en nuestras ideas, nuestras vidas y las vidas de los que se relacionan con nosotros es nuestra tarea. El envío del alma hacia su hogar es nuestra tarea. La liberación de una lluvia de chispas que llenan el día y crean una luz que nos permite encontrar el camino a través de la noche es nuestra tarea.

Vasalisa pregunta acerca de los jinetes que ha visto mientras trataba de encontrar el camino de la cabaña de Baba Yagá; el hombre blanco montado en el caballo blanco, el hombre rojo montado en el caballo rojo y el hombre negro montado en el caballo negro. La Yagá, como Deméter, es una vieja diosa madre—caballo, asociada con el poder de la yegua y también con la fecundidad. La cabaña de Baba Yagá es una cuadra para los caballos multicolores y sus jinetes. Las parejas de hombre—caballo hacen que el sol nazca y cruce el cielo de día, y extienden el manto de la oscuridad sobre el cielo nocturno. Pero hay más.

Los jinetes negro, rojo y blanco lucen los colores que antiguamente simbolizaban el nacimiento, la vida y la muerte. Estos colores también representan los antiguos conceptos del descenso, la muerte y la resurrección; el negro simboliza la disolución de los propios valores, antiguos, el rojo representa el sacrificio de las ilusiones que antaño se consideraban valiosas y el blanco es la nueva luz, la nueva sabiduría que procede del hecho de haber conocido a los dos primeros.

Las antiguas palabras utilizadas en la época medieval son nigredo, negrura; rubedo, rojez; y albedo, blancura, y describen una alquimia 24 que sigue el ciclo de la Mujer Salvaje, la obra de la Madre de la Vida/Muerte /Vida. Sin los símbolos del alba, el ascenso de la luz y la misteriosa oscuridad, la mujer no sería lo que es. Sin el crecimiento de la esperanza en nuestros corazones, sin la luz estable —de una vela o de un sol— que nos permita distinguir una cosa de otra en nuestra vida, sin una noche en la que todas las cosas se serenan y de la que todas las cosas pueden nacer, nosotras tampoco podríamos utilizar con provecho nuestras naturalezas salvajes.

Los colores del cuento son extremadamente valiosos, pues cada uno de ellos posee su naturaleza mortal y su naturaleza vital. El negro es el color del barro, de lo fértil, de la sustancia esencial en la que se siembra n las ideas. Pero el negro es también el color de la muerte, del oscurecimiento de la luz. Y el negro tiene incluso un tercer aspecto. Es también el color asociado con aquel mundo entre los mundos en el que se asienta La Loba, pues el negro es el color del descenso. El negro es la promesa de que muy pronto la mujer sabrá algo que antes no sabía.

El rojo es el color del sacrificio, de la cólera, del asesinato, del ser atormentado y asesinado. Pero también es el color de la vida vibrante, de la emoción dinámica, de la excitación, del eros y del deseo. Es un color que se considera una poderosa medicina contra las dolencias psíquicas, un color que despierta el apetito. Hay en todo el mundo una figura conocida como la madre roja 25. No es tan famosa como la madre negra o la virgen negra, pero es la guardiana de las "cosas que brotan". Es especialmente invocada por aquellas que están a punto de dar a luz, pues quienquiera que abandone este mundo o venga a este mundo tiene que cruzar su rojo río. El rojo es la promesa de que está a punto de producirse un crecimiento o un nacimiento.

El blanco es el color de lo nuevo, lo puro, lo prístino. Es también el color del alma liberada del cuerpo, del espíritu liberado del estorbo de lo físico. Es el color del alimento esencial, la leche de la madre. Por contra, es también el color de la muerte, de las cosas que han perdido su aspecto más favorable, su torrente de vitalidad. Donde hay blancura, todo es de momento una tabula rasa en la que no se ha escrito nada. El blanco es la promesa de que habrá alimento suficiente para que las cosas empiecen de nuevo, de que el vacío se llenará.

Aparte de los jinetes, tanto Vasalisa como su muñeca visten de rojo, blanco y negro. Vasalisa y su muñeca son el anlagen alquímico. Juntas dan lugar a que Vasalisa sea una pequeña Madre de la Vida/Muerte/Vida en ciernes. El cuento tiene dos epifanías o revelaciones. La vida de Vasalisa se revitaliza gracias a la muñeca y a su encuentro Con Baba Yagá y como consecuencia de ello, gracias a todas las tareas que aprende a dominar. Hay también dos muertes en el cuento: la de la inicial madre demasiado buena y la de su familla putativa. Pero enseguida nos damos cuenta de que son unas muertes necesarias pues al final infieren a la joven psique una vida mucho más plena.

De ahí la importancia del dejar vivir y el dejar morir. Se trata del ritmo básico natural que las mujeres tienen que comprender y vivir. Cuando se capta este ritmo, se reduce el temor, pues podemos anticiparnos al futuro, a los temblores del suelo y a los vaciamientos de lo que aquél contendrá. La muñeca y la Yagá son las madres salvajes de todas las mujeres; las que nos ofrecen las perspicaces dotes intuitivas del nivel personal y del divino. Ésta es la gran paradoja y enseñanza de la naturaleza instintiva. Es una especie de Budismo Lobuno. Lo que es uno es dos. Lo que es dos es tres. Lo que vive morirá. Lo que muere vivirá.

A eso se refiere Baba Yagá al decir "saber demasiado puede hacer envejecer prematuramente a una persona". Hay cierta cantidad de cosas que todas debemos saber a cada edad y en cada fase de nuestra vida. En el cuento, conocer el significado de las manos que aparecen y extraen el aceite del maíz y de las semillas de adormidera, sustancias ambas que pueden dar la vida y la muerte en sí mismas y por sí mismas, es querer saber demasiado. Vasalisa hace preguntas acerca de los caballos, pero no acerca de las manos.

Cuando yo era joven, le pedí a mi amiga Bulgana Robnovich, una anciana narradora de cuentos del Cáucaso que vivía en una pequeña comunidad agrícola rusa de Minnesota, que me hablara de la Baba Yagá. ¿Cómo veía ella la parte del cuento en la que Vasalisa "comprende sin más" que tiene que dejar de hacer preguntas? Mirándome con sus ojos sin pestañas de perro viejo, me contestó: "Hay ciertas cosas que no se pueden saber." Después esbozó una cautivadora sonrisa, cruzó sus gruesos tobillos y eso fue todo.

Tratar de comprender el misterio de los criados que aparecen y desaparecen bajo la forma de unas manos incorpóreas es como intentar comprender en su totalidad la esencia de lo numinoso. Aconsejando a Vasalisa que no haga la pregunta, tanto la muñeca como la Yagá la advierten del peligro que supone el hecho de indagar en exceso acerca de la numinosidad del mundo subterráneo, y es bueno que lo hagan, pues, aunque visitemos este mundo, no conviene que nos dejemos seducir por él y nos quedemos atrapadas allí.

Aquí la Yagá alude a otra serie de ciclos, los ciclos de la vida femenina. A medida que los vive, la mujer va entendiendo cada vez más estos ritmos femeninos interiores, entre ellos, los de la creatividad y el alumbramiento de hijos psíquicos y quizá también humanos, los ritmos de la soledad, el juego, el descanso, la sexualidad y la caza. No hay que esforzarse, la comprensión vendrá por sí sola. Debemos aceptar que ciertas cosas no están a nuestro alcance, aunque influyen en nosotras y nos enriquezcan. En mi familia hay un dicho: "Ciertas cosas son asunto de Dios."

Por consiguiente, cuando finalizan estas tareas, "el legado de madres salvajes" es más profundo y la capacidad intuitiva emana tanto del lado humano como del lado espiritual de la psique. Ahora tenemos a la muñeca de maestra por un lado y a la Baba Yagá por el otro.

Octava tarea:

Ponerse a gatas

Baba Yagá, molesta por la bendición que la difunta madre de Vasalisa ha otorgado a la niña, le entrega la luz —una terrorífica calavera en lo alto de un palo— y le dice que se vaya. Las tareas de esta parte del cuento son las siguientes: Asumir un inmenso poder para ver e influir en los demás (la recepción de la calavera), Contemplar las situaciones de la propia vida bajo esta nueva luz (encontrar el camino de vuelta a la vieja familia putativa).

¿Se molesta Baba Yagá porque Vasalisa ha recibido la bendición de su madre o más bien por las bendiciones en general? En realidad, ni lo uno ni lo otro. Teniendo en cuenta los posteriores estratos monoteístas de este cuento, se podría pensar que aquí el relato se ha modificado de tal forma que la Yagá se muestre atemorizada ante el hecho de que Vasalisa haya recibido una bendición para demonizar con ella a la Vieja Madre Salvaje (cuya existencia tal vez se remonte nada menos que a la era neolítica) con el propósito de enaltecer la más reciente religión cristiana en detrimento de la pagana más antigua.

Es posible que el vocablo original del cuento se haya cambiado por el de "bendición" para fomentar la conversión, pero yo creo que la esencia del significado arquetípico original sigue estando presente en el relato. La cuestión de la bendición de la madre se puede interpretar de la siguiente manera: A la Yagá no le molesta la bendición en sí sino más bien el hecho de que ésta proceda de la madre excesivamente buena; la madre amable, buena y cariñosa de la psique. Si la Yagá es fiel a sus principios, no puede tener excesivo interés en acercarse mucho ni durante demasiado tiempo a la faceta demasiado conformista y sumisa de la naturaleza femenina.

Aunque la Yagá sea capaz de infundir el soplo vital a una cría de ratón con infinita ternura, es lo bastante lista como para permanecer en su propio terreno. Y su terreno es el mundo subterráneo de la psique. El terreno de la madre demasiado buena es el del mundo de arriba, Y, aunque la dulzura puede encajar en lo salvaje, lo salvaje no puede encajar durante mucho tiempo en la dulzura.

Cuando las mujeres asimilan este aspecto de la Yagá, dejan de aceptar sin discusión todas las bobadas, todos los comentarios mordaces Y todas las bromas e insinuaciones que les dirigen. Para distanciarse un poco de la dulce bendición de la madre demasiado buena, la mujer aprende poco a poco no simplemente a mirar sino a mirar con desprecio, a mirar fijamente y a tolerar cada vez menos las imbecilidades de los demás.

Ahora que, gracias a los servicios prestados a la Yagá, ha adquirido una capacidad interior que antes no tenía, Vasalisa recibe una parte del poder de la Bruja salvaje. Algunas mujeres temen que la profunda sabiduría que han adquirido por medio del instinto y de la intuición las induzca a ser temerarias y desconsideradas, pero se trata de un temor infundado.

Muy al contrario, la falta de intuición y de sensibilidad ante los ciclos femeninos o el hecho de no seguir los consejos de la propia sabiduría da lugar a unas decisiones desacertadas e incluso desastrosas. En general esta clase de sabiduría "yaguiana" hace que las mujeres vayan avanzando poco a poco y casi siempre las orienta y les transmite imágenes claras de "lo que hay debajo o detrás" de los motivos, ideas, acciones y palabras de los demás.

Si la psique instintiva le advierte "¡Cuidado!", la mujer tiene que prestarle atención. Si su profunda intuición le dice "Haz esto, haz lo otro, sigue este camino, detente, sigue adelante", la mujer tiene que introducir en su plan todas las correcciones necesarias. La intuición no está hecha para que se la consulte una vez y después se la olvide. No es algo que se pueda desechar. Se la tiene que consultar en todas las etapas del camino, tanto si las actividades de la mujer están en conflicto con un demonio interior como si están completando una tarea en el mundo exterior. No importa que las preocupaciones y aspiraciones de una mujer sean de carácter personal o global. Por encima de todo, todas las acciones tienen que empezar fortaleciendo el espíritu.

Ahora vamos a estudiar la calavera con su terrible luz. Es un símbolo asociado con lo que algunos arqueólogos de la vieja escuela llamaban "la adoración ancestral" 26. En las sucesivas versiones arqueorreligiosas del cuento se dice que las calaveras en lo alto de los palos son las de las personas que la Yagá ha matado y devorado. Pero en los ritos religiosos más antiguos que practicaban el parentesco ancestral los huesos se consideraban elementos necesarios para la evocación de los espíritus, y las calaveras eran la parte más destacada del esqueleto 27.

En el parentesco ancestral se cree que la especial y eterna sabiduría de los ancianos de la comunidad reside en sus huesos después de la muerte. La calavera se considera la bóveda que alberga un poderoso vestigio del alma que se ha ido, un vestigio que, si así se le pide, es capaz de evocar todo el espíritu del difunto durante algún tiempo para que se le puedan hacer consultas. Es fácil imaginar que el Yo espiritual habita justo en la ósea catedral de la frente y que los ojos son las ventanas, la boca es la puerta y las orejas son los vientos.

Por consiguiente, cuando la Yagá le entrega a Vasalisa la calavera iluminada, le entrega un antiguo icono femenino, una "sabia ancestral" para que la lleve consigo toda la vida. La inicia en un legado matrilineal de sabiduría que siempre se conserva intacto y floreciente en las cuevas y los desfiladeros de la psique.

Así pues, Vasalisa atraviesa el oscuro bosque con la espantosa calavera. Fue a buscar a la Yagá y ahora regresa a casa más segura y decidida, caminando con las caderas firmemente echadas hacia delante. Éste es el ascenso desde la iniciación en la profunda intuición. La intuición se ha colocado en Vasalisa como la joya central de una corona. Cuando una mujer llega a esta fase, ya ha conseguido abandonar la protección de la madre demasiado buena que lleva dentro y ha aprendido a esperar y afrontar las adversidades del mundo exterior con fortaleza y sin temor. Es conciente de la sombra represora de su madrastra y sus hermanastras y del daño que éstas le quieren hacer.

Ha atravesado la oscuridad prestando atención a su voz interior y ha podido resistir la contemplación del rostro de la Bruja, que es una faceta de su propia naturaleza, pero también la poderosa naturaleza salvaje. De esta manera puede comprender el temible poder de su propia conciencia y el de la conciencia de los demás. Y ya no dice "Le tengo miedo (a él, a ella, a esto)".

Ha servido a la divina Bruja de la psique, ha alimentado la relación, ha purificado las personae y ha conservado la claridad del pensamiento. Ha descubierto esta salvaje fuerza femenina y sus costumbres. Ha aprendido a distinguir y a separar el pensamiento de los sentimientos. Ha aprendido a identificar el gran poder salvaje de su propia psique.

Conoce el significado de la Vida/Muerte/Vida y el papel que en todo ello desempeña la mujer. Con las recién adquiridas habilidades de la Yagá, ya no tiene por qué faltarle la confianza ni el poder. Tras haber recibido el legado de las madres —la intuición de la faceta humana de su naturaleza y la sabiduría salvaje de la faceta de La Que Sabe de la psique—, ya está preparada para lo que sea. Avanza por la vida asentando con firmeza los pies en el suelo uno detrás de otro, con toda su feminidad. Ha fundido todo su poder y ahora ve el mundo y su propia vida a través de esta nueva luz. Veamos qué ocurre cuando una mujer se comporta de esta manera.

Novena tarea:

La modificación de la sombra

Vasalisa regresa a casa con la espantosa calavera ensartada en un Palo. Está a punto de arrojarla lejos de sí, pero la calavera la tranquiliza. Una vez en casa, la calavera contempla a la madrastra y a las hermanastras y las abrasa hasta dejarlas convertidas en cenizas. Y, a partir de entonces, Vasalisa vive una larga y satisfactoria existencia 28.

He aquí las tareas psíquicas de esta fase: Utilizar la agudeza visual (los ardientes ojos) para identificar las sombras negativas de la propia psique y/o a los aspectos negativos de las personas y los acontecimientos del mundo exterior, y para reaccionar ante ellos. Modificar las sombras negativas de la propia psique con el fuego de la bruja (la perversa familia putativa que antes había torturado a Vasalisa se convierte en ceniza), Vasalisa sostiene la temible calavera en alto mientras avanza por el bosque y la muñeca le indica el camino de regreso. "Sigue por aquí, ahora por aquí." Y Vasalisa, que antes era una dulce criatura de ojos azules, es ahora una mujer que camina precedida por su poder.

Una temible luz emana de los ojos, los oídos, la nariz y la boca de la calavera. Es otra representación de todos los procesos psíquicos relacionados con la discriminación. Y está relacionada también con el parentesco ancestral y, por consiguiente, con el recuerdo. Si la Yagá le hubiera entregado a Vasalisa una rótula en lo alto de un palo, el símbolo hubiera sido distinto. Si le hubiera entregado un hueso de la muñeca, un hueso del cuello o cualquier otro hueso —a excepción tal vez de la pelvis femenina—, no hubiera significado lo mismo 29.

Por consiguiente, la calavera es otra representación de la intuición —no le hace daño ni a la Yagá ni a Vasalisa— y ejerce su propia discriminación. Ahora Vasalisa lleva la llama de la sabiduría; posee unos sentidos despiertos. Puede oír, ver, oler y saborear las cosas y tiene su Yo. Tiene la muñeca, tiene la sensibilidad de la Yagá y tiene también la temible calavera.

Por un instante, Vasalisa se asusta del poder que lleva y está a punto de arrojar la temible calavera lejos de sí. Teniendo este formidable poder a su disposición, no es de extrañar que el ego piense que quizá sería mejor, más fácil y más seguro rechazar la ardiente luz, pues le parece demasiado fuerte y, por su mediación, ella se ha vuelto demasiado fuerte. Pero la voz sobrenatural de la calavera te aconseja que se tranquilice y siga adelante. Y eso lo puede hacer.

La mujer que recupera su intuición y los poderes "yaguianos”, llega a un punto en el que siente la tentación de desecharlos, pues, ¿de qué sirve ver y saber todas estas cosas? La luz de la calavera no tiene compasión. Bajo su resplandor, los ancianos son unos viejos; lo bello es lujuriante; el tonto es un necio; los que están bebidos son unos borrachos; los desleales son infieles; las cosas increíbles son milagros. La luz de la calavera ve lo que ve. Es una luz eterna colocada directamente delante de una mujer como una presencia que la precede y regresa para comunicarle lo que ha descubierto más adelante. Es su perpetua exploración.

Sin embargo, cuando una mujer ve y siente de esta manera, tiene que tratar de actuar al respecto. El hecho de poseer una buena intuición y un considerable poder obliga a trabajar. En primer lugar, en la vigilancia y la comprensión de las fuerzas negativas y los desequilibrios tanto interiores como exteriores. En segundo lugar, obliga a hacer acopio de voluntad para poder actuar con respecto a lo que se ha visto, tanto si es para un bien como si es para recuperar el equilibrio o para dejar que algo viva o muera.

Es verdad y no quiero engañar a nadie. Es más cómodo arrojar la luz e irse a dormir. No cabe duda de que a veces hay que hacer un esfuerzo para sostener en alto la luz delante de nosotras, pues con ella vemos todas nuestras facetas y todas las facetas de los demás, las desfiguradas, las divinas y todos los estados intermedios.

Y, sin embargo, gracias a esta luz afloran a la conciencia los milagros de la belleza profunda del mundo y de los seres humanos. Con esta penetrante luz podemos ver un buen corazón más allá de una mala acción, podemos descubrir un dulce espíritu hundido por el odio y podemos comprender muchas cosas en lugar de quedarnos perplejas. La luz puede distinguir las capas de la personalidad, las intenciones y los motivos de los demás. Puede distinguir la conciencia y la inconciencia en el yo y en los demás. Es la varita mágica de la sabiduría. Es el espejo en el cual se perciben y se ven todas las cosas. Es la profunda naturaleza salvaje.

Pero a veces sus informes son dolorosos y casi no se pueden resistir, pues la cruel luz de la calavera también muestra las traiciones y la cobardía de los que se las dan de valientes. Señala la envidia que se oculta como una fría capa de grasa detrás de una cordial sonrisa y las miradas que no son más que unas máscaras que disimulan la antipatía. Y, con respecto a nosotras, la luz es tan brillante como para iluminar lo exterior: nuestros tesoros y nuestras flaquezas.

Éstos son los conocimientos que más nos cuesta afrontar. Aquí es donde siempre queremos desprendernos de todo este maldito y sagaz conocimiento. Aquí es donde percibimos, siempre y cuando no queramos ignorarla, una poderosa fuerza del Yo que nos dice: "No me arrojes lejos de ti. Consérvame a tu lado y ya verás."

Mientras avanza por el bosque, no cabe duda de que Vasalisa también piensa en su familia putativa que la ha enviado perversamente a morir y, aunque ella tiene un corazón muy tierno, la calavera no es tierna; su misión es ver las cosas con toda claridad. Por consiguiente, cuando Vasalisa la quiere arrojar lejos de sí, sabemos que está pensando en el dolor que produce el hecho de saber ciertas cosas sobre la propia persona y los demás, y sobre la naturaleza del mundo.

Llega a casa y la madrastra y las hermanastras le dicen que no han tenido lumbre ni combustible alguno en su ausencia y que, a pesar de sus repetidos intentos, no han podido encender el fuego. Eso es exactamente lo que ocurre en la psique de la mujer cuando ésta posee el poder salvaje. En su ausencia, todas las cosas que la oprimían se quedan sin libido, pues ella se lo lleva todo en su viaje. Sin libido, los aspectos más desagradables de la psique, los que explotan la vida creativa de una mujer o la animan a malgastar su vida en menudencias, se convierten en algo así como unos guantes sin manos en su interior.

La temible calavera empieza a mirar a las hermanastras y a la madrastra y las estudia con detenimiento. ¿Puede un aspecto negativo de la psique quedar reducido a ceniza por el simple hecho de estudiarlo con detenimiento? Pues sí. El hecho de examinar una cosa con conciente lógica la puede deshidratar. En una de las versiones del cuento, los miembros descarriados de la familia se quedan achicharrados; en otra versión, quedan reducidos a tres pequeñas y negras pavesas.

Las tres pequeñas y negras pavesas encierran una antiquísima e interesante idea. El minúsculo dit negro o puntito se considera a menudo el principio de la vida. En el Antiguo Testamento, cuando Dios crea al Primer Hombre y a la Primera Mujer, los hace de tierra o barro según la versión que uno lea. ¿Cuánta tierra? Nadie lo dice. Pero, entre otros relatos de la creación, el principio del mundo y de sus habitantes suele proceder del dit, de un grano, de un minúsculo y oscuro punto de algo 30.

De esta manera, las tres pequeñas pavesas quedan en el ámbito de la Madre de la Vida/Muerte/Vida. Y se reducen prácticamente a nada en el interior de la psique. Se ven privadas de la libido. Ahora puede producirse una novedad. En casi todos los casos en que extraemos concientemente el jugo de alguna cosa de la psique, esta cosa se encoge y su energía se libera o se configura de una manera distinta.

La tarea de exprimir a la destructiva familia putativa tiene otra faceta. No se puede conservar la conciencia que se ha adquirido tras haber entrado en contacto con la Diosa Bruja, ni llevar la ardiente luz y todo lo demás si una mujer convive con personas exterior o interiormente crueles. Si la mujer está rodeada de personas que ponen los ojos en blanco y levantan despectivamente la mirada al techo cuando ella entra en la estancia, dice algo, hace algo o reacciona a algo, no cabe duda de que se encuentra en compañía de personas que apagan las pasiones, las de la mujer y probablemente también las suyas propias. Estas personas no sienten interés por ella ni por su trabajo ni por su vida.

La mujer tiene que elegir con prudencia tanto a los amigos como a los amantes, pues tanto los unos como los otros pueden convertirse en perversas madrastras y malvadas hermanastras. En el caso de los amantes, solemos atribuirles el poder de unos grandes magos. Es fácil que así sea, pues el hecho de llegar a una auténtica intimidad es algo así como abrir un mágico taller de purísimo cristal, o eso por lo menos nos parece a nosotras. Un amante puede crear y/o destruir hasta nuestras conexiones más duraderas con nuestros propios ciclos e ideas. Hay que evitar al amante destructivo. El mejor amante es el que está hecho de poderosos músculos psíquicos y tierna carne. A la Mujer Salvaje tampoco le viene mal un amante un poco "psíquico", es decir, una persona capaz de "ver su corazón por dentro".

Cuando a la Mujer Salvaje se le ocurre una idea, el amigo o amante jamás. le dirá: "Pues, no sé... me parece una auténtica bobada [una exageración, una cosa imposible, muy cara, etc.].” Un verdadero amigo jamás dirá eso. Puede que diga: “No sé si lo entiendo. Dime cómo lo ves. Explícame cómo piensas hacerlo.”

Un amante/amigo que la considere una criatura viva que está creciendo como el árbol crece en la tierra o una planta de ficus en la casa o una rosaleda en el patio de atrás, un amante y unos amigos que la miren como un auténtico ser vivo que respira y que es humano, pero está hecho, además, de otras muchas cosas bonitas, húmedas y mágicas, un amante y unos amigos que presten su apoyo a la criatura que hay en ella, éstas son las personas que le convienen a la mujer, pues serán sus amigos del alma toda la vida. La esmerada elección de los amigos y amantes y también de los profesores es esencial para conservar la conciencia, la intuición y la ardiente luz que ve y sabe.

Para conservar su conexión con lo salvaje la mujer tiene que preguntarse qué es lo que quiere. Es la separación de las semillas mezcladas con la tierra. Una de las más importantes distinciones que podemos hacer es la que corresponde a las cosas que nos atraen y las cosas que necesita nuestra alma.

Y eso se hace de la siguiente manera: Imaginemos un bufé con cuencos de crema batida, bandejas de salmón, panecillos, rosbif, macedonia de fruta, enchiladas verdes, arroces, salsa curry, yogures y toda suerte de platos para muchísimos invitados. Imaginemos que la mujer echa un vistazo, ve ciertas cosas que la atraen y se dice: “Me gustaría tomar un poco de esto, un poco de aquello y un poco de lo otro. “

Algunos hombres y mujeres toman las decisiones de su vida de esta manera. A nuestro alrededor hay todo un mundo que nos llama incesantemente, que penetra en nuestras vidas y despierta y crea unos apetitos donde apenas había ninguno. En esta clase de elección, elegimos una cosa por el simple hecho de tenerla delante de nuestras narices en aquel momento. No es necesariamente lo que queremos, pero nos parece interesante y, cuanto más la miramos, más nos atrae.

Cuando estamos unidas al yo instintivo, al alma de lo femenino que es natural y salvaje, en lugar de contemplar lo que casualmente tenemos delante, nos preguntamos: “¿Qué es lo que me apetece?” Sin mirar nada de lo que hay fuera, miramos hacia dentro y nos preguntamos “¿Qué quiero? ¿Qué deseo en este momento?” Otras frases alternativas podrían ser: “¿Qué es lo que más me seduce? ¿Qué me apetece de verdad? ¿Qué es lo que más me gustaría? ” Por regla general, la respuesta no tarda en llegar: “Pues creo que lo que más me apetece… lo que de verdad me gustaría es un poco de esto o de aquello… sí, eso es lo que yo quiero.”

¿Lo hay en el bufé? Puede que sí y puede que no. En la mayoría de los casos, probablemente no. Tendremos que buscar un poco, a veces durante bastante tiempo. Pero, al final, lo encontraremos y nos alegraremos de haber sondeado nuestros más profundos anhelos.

Esta capacidad de discernimiento que Vasalisa adquiere mientras separa las semillas de adormidera de la tierra, y el maíz aflublado del bueno es una de las cosas más difíciles de aprender, pues exige ánimo, fuerza de voluntad y sentimiento y a menudo nos obliga a pedir con insistencia lo que queremos. Y en nada se pone más claramente de manifiesto que en la elección de la pareja y el amante. Un amante no se puede elegir como en un bufé. Elegir algo simplemente porque al verlo se nos hace la boca agua jamás podrá saciar satisfactoriamente el apetito del Yo espiritual. Y para eso precisamente sirve la intuición; se trata de un mensajero directo del alma.

Lo explicaremos con un ejemplo para que quede más claro. Si se te ofrece la oportunidad de comprar una bicicleta o la oportunidad de viajar a Egipto y ver las pirámides, deberás apartarla a un lado por un instante, entrar en ti misma y preguntarte: “¿Qué me apetece? ¿Qué es lo que deseo? A lo mejor, me apetece más una moto que una bicicleta. A lo mejor, prefiero hacer un viaje para ir a ver a mi abuela que se está haciendo mayor.” Las decisiones no tienen por qué ser tan importantes. A veces, las alternativas pueden ser dar un paseo o escribir un poema. Tanto si se trata de una cuestión trascendental como si se trata de una cuestión insignificante, la idea es consultar el yo instintivo a través de uno o de varios de los distintos aspectos que tenemos a nuestra disposición, simbolizados por la muñeca, la vieja Baba Yagá y la ardiente calavera.

Otra manera de fortalecer la conexión con la intuición consiste en no permitir que nadie reprima nuestras más intensas energías… es decir nuestras opiniones, nuestros pensamientos, nuestras ideas, nuestros valores, nuestra moralidad y nuestros ideales. En este mundo hay muy pocas cosas acertadas/equivocadas o buenas/malas. Pero sí hay cosas útiles y cosas inútiles. Asimismo, hay cosas que a veces son destructivas y también hay cosas creativas. Hay acciones debidamente integradas y dirigidas a un fin determinado y otras que no lo están. Sin embargo, tal como sabemos, la tierra de un jardín se tiene que remover en otoño con el fin de prepararla para la primavera. Las plantas no pueden florecer constantemente. Pero los que han de dictar los ciclos ascendentes y descendentes de nuestra vida son nuestros propios ciclos innatos, no otras fuerzas o personas del exterior y tampoco los complejos negativos de nuestro interior.

Hay ciertas entropías y creaciones constantes que forman parte de nuestros ciclos internos. Nuestra tarea es sincronizar con ellas. Como los ventrículos de un corazón que se llenan y se vacían y se vuelven a llenar, nosotras “aprendemos a aprender” los ritmos de este ciclo de la Vida/ Muerte/Vida en lugar de convertirnos en sus víctimas. Lo podríamos comparar con una cuerda de saltar. El ritmo ya existe; nosotras oscilamos hacia delante y hacia atrás hasta que conseguimos copiar el ritmo. Entonces saltamos. Así es como se hace. No tiene ningún secreto.

Además, la intuición ofrece distintas opciones. Cuando estamos conectadas con el yo instintivo, siempre se nos ofrecen por lo menos cuatro opciones… las dos contrarias, el territorio intermedio y “el ulterior análisis de las posibilidades”. Si no estamos muy versadas en la intuición, podemos pensar que sólo existe una opción y que ésta no parece muy deseable. Y es posible que nos sintamos obligadas a sufrir por ella, a someternos y a aceptarla. Pero no, hay otra manera mejor. Prestemos atención al oído interior, a la vista interior y el ser interior. Sigámoslos. Ellos sabrán lo que tenemos que hacer a continuación.

Una de las consecuencias más extraordinarias del uso de la intuición y de la naturaleza instintiva consiste en la aparición de una infalible espontaneidad. Espontaneidad no es sinónimo de imprudencia. No es una cuestión de “lanzarse y soltarlo”. Los buenos límites todavía son importantes. Sherezade, por ejemplo, tenía unos límites excelentes. Utilizaba su inteligencia para agradar al sultán, pero, al mismo tiempo, actuaba de tal forma que éste la valorara. Ser auténtica no significa ser temeraria sino dejar que hable La voz mitológica. Y eso se consigue apartando provisionalmente a un lado el ego y permitiendo que hable aquello que quiere hablar.

En la realidad consensual, todas tenemos acceso a pequeñas madre, salvajes de carne y hueso. Son estas mujeres que, en cuanto las vemos, sentimos que algo salta en nuestro interior y entonces pensamos “Mamá”. Les echamos un vistazo y pensamos “Yo soy su progenie, soy su hija, ella es mi madre, mi abuela”. En el caso de un hombre con pechos en sentido figurado, podríamos pensar “Oh, abuelo mío”, “Oh, hermano mío, amigo mío”. Porque intuimos sin más que aquel hombre nos alimenta. (Paradójicamente, se trata de personas marcadamente masculinas y marcadamente femeninas al mismo tiempo. Son como el hada madrina, el mentor, la madre que nunca tuvimos o no tuvimos el tiempo suficiente; eso es un hombre con pechos.) 31

Todos estos seres humanos se podrían llamar pequeñas madres salvajes. Por regla general, todas tenemos por lo menos una. Con un poco de suerte, a lo largo de toda la vida tendremos varias. Cuando las conocemos, solemos ser adultas o, por lo menos, ya estamos en la última etapa de la adolescencia. No se parecen en nada a la madre demasiado buena. Las pequeñas madres salvajes nos guían y se enorgullecen de nuestras cualidades. Se muestran críticas con los bloqueos y las ideas equivocadas que rodean nuestra vida creativa, sensual, espiritual e intelectual y penetran en ella.

Su propósito es ayudarnos, cuidar de nuestro arte, conectarnos de nuevo con nuestros instintos salvajes y hacer aflorar a la superficie lo mejor que llevamos dentro. Nos guían en la recuperación de la vida instintiva, se entusiasman cuando establecemos contacto con la muñeca, se enorgullecen cuando descubrimos a la Baba Yagá y se alegran cuando nos ven regresar sosteniendo en alto la ardiente calavera.

Ya hemos visto que el hecho de seguir siendo unas pánfilas demasiado dulces es peligroso. Pero, a lo mejor, aún no estás muy convencida; a lo mejor, piensas: “Pero bueno, ¿a quién le interesa ser como Vasalisa?” Y yo te contesto que a ti. Tienes que ser como ella, hacer lo que ella ha hecho y seguir sus huellas, pues ésta es la manera de conservar y desarrollar el alma. La Mujer Salvaje es la que se atreve, la que crea y la que destruye. Es el alma primitiva e inventora que hace posibles todas las artes y los actos creativos. Crea un bosque a nuestro alrededor y nosotras empezamos a enfrentarnos con la vida desde esta nueva y original perspectiva.

Por consiguiente, cuando se reinstaura la iniciación en los misterios de la psique femenina, aparece una joven que ha adquirido un impresionante bagaje de experiencias y ha aprendido a seguir los consejos de su sabiduría. Ha superado todas las pruebas de la iniciación. La victoria es suya. Puede que el reconocimiento de la iniciación sea la más fácil de las tareas, pero conservarla concientemente y dejar vivir lo que tiene que vivir y dejar morir lo que tiene que morir es sin lugar a dudas la meta más agotadora, pero también una de las más satisfactorias.

Baba Yagá es lo mismo que la Madre Nyx, la madre del mundo, otra diosa de la Vida/Muerte/Vida. La diosa de la Vida/Muerte/Vida es también una diosa creadora. Hace, moldea, infunde vida y está ahí para recibir el alma cuando el aliento se acaba. Siguiendo sus huellas, aprendemos a dejar que nazca lo que tiene que nacer, tanto si están ahí las personas apropiadas como si no. La naturaleza no pide permiso. Tenemos que florecer y nacer siempre que nos apetezca. En nuestra calidad de personas adultas no necesitamos apenas permisos sino más engendramientos, más estímulo de los ciclos salvajes y mucha más visión original.

El tema del final del cuento es el de dejar morir las cosas. Vasalisa ha aprendido bien la lección. ¿Le da un ataque y lanza estridentes gritos cuando la calavera quema a las malvadas? No. Lo que tiene que morir, muere.

¿Y cómo se toma semejante decisión? Es algo que se sabe. La Que Sabe lo sabe. Pídele consejo en tu fuero interno. Es la Madre de las Edades. Nada la sorprende. Lo ha visto todo. En la mayoría de las mujeres, el hecho de dejar morir no es contrario a sus naturalezas sino tan sólo a la educación que han recibido. Pero eso puede cambiar. Todas sabemos en los ovarios cuándo es la hora de la vida y cuándo es la hora de la muerte. Podríamos tratar de engañarnos por distintas razones, pero lo sabemos.

A la luz de la ardiente calavera, lo sabemos.

Notas:

1. Los relatos de Vasalisa y Perséfone tienen muchas coincidencias.

2. Los distintos comienzos y finales de los cuentos constituyen un tema de estudio capaz de ocupar toda una vida. Steve Sanfield, un soberbio narrador de cuentos, escritor y poeta judío, el primer narrador de cuentos afincado en Estados Unidos en los años setenta, tuvo la amabilidad de instruirme en el coleccionismo de principios y finales de cuentos como forma de arte en sí misma.

3. Encontré por primera vez el término de “madre suficientemente buena” en la obras de Donald Winnicott. Es una elegante metáfora, una de estas frases que dicen muchas páginas con tres simples palabras.

4. En la psicología junguiana se podría decir que la estructura de la madre en la psique está construida en capas: la arquetípica, la personal y la cultural. La suma de las tres constituye su aptitud o ineptitud en la estructura internalizada de la madre. Tal como se ha señalado en la psicología del desarrollo, parece ser que la construcción de una madre interior adecuada se produce en varias fases, cada una de las cuales se construye tras haber dominado la anterior. Los malos tratos infligidos a un niño pueden destruir o trastocar la imagen de la madre en la psique, dando lugar a la división de las capas subsiguientes en polaridades que son antagónicas entre sí y no ya colaboradoras. Lo cual puede no sólo anular las fases anteriores del desarrollo sino también desestabilizar las siguientes, haciendo que éstas se construyan de manera fragmentaria o idiosincrática.

Se puede poner remedio a estos retrasos del desarrollo que desestabilizan la formación de la confianza, la fuerza y la educación de la propia personalidad, porque, al parecer, esta matriz no está construida como un muro de ladrillo (que se derrumbaría en caso de que se retiraran un número excesivo de ladrillos de la parte inferior) sino que más bien está tejida como una red. Por eso muchas mujeres (y muchos hombres) se las arreglan bastante bien aunque haya muchos agujeros o retrasos en los sistemas de educación y desarrollo de su personalidad. Tales personas tienden a inclinarse por los aspectos del complejo maternal, donde la red psíquica ha sufrido menos daños. La búsqueda de un guía prudente que fomente el desarrollo puede contribuir a remendar la red cualquiera que sea el número de años que una persona lleve viviendo con la lesión.

5. Los cuentos de hadas utilizan los símbolos de la “familia adoptiva”, el “padrastro”, la “madrastra” y los “hermanastros” tanto con carácter negativo como positivo. Debido al elevado índice de personas que contraen varias veces matrimonio en Estados Unidos, hay en este país una cierta sensibilidad a propósito del uso negativo de dichos símbolos, a pesar de la existencia de numerosos cuentos de hadas protagonizados por familias adoptivas positivas, en los que los temas más frecuentes son el del anciano matrimonio del bosque que encuentra a un niño abandonado o el del padrastro que recibe favorablemente a un niño lisiado y lo ayuda a recuperar la salud o a adquirir un poder extraordinario.

6. Eso no significa que tengamos que abstenernos de ser amables en caso necesario o por libre elección. La clase de amabilidad a la que nos referimos aquí es la de tipo servil que linda con la adulación. Se trata de una amabilidad que nace del desesperado deseo de obtener algo y del hecho de sentirse impotente. Es algo similar a la situación del niño que teme a los perros y dice “perrito guapo, perrito guapo”, en la esperanza de que eso apacigüe al perro.

Hay una clase de “amabilidad” todavía más perjudicial, en la que una mujer utiliza sus malas artes para congraciarse con los demás. Piensa que tiene que pellizcar placenteramente a los demás para conseguir aquello que no cree poder obtener por otros medios. Es una forma perjudicial de ser amable, pues coloca a la mujer en la situación de sonreír e inclinarse para que los demás se sientan a gusto y sean amables con ella, la apoyen, la aprueben, le concedan favores, no la traicionen, etc. La mujer accede a no ser ella misma. Pierde su forma y asume la fachada que los demás parecen apreciar. Aunque semejante comportamiento pueda ser una poderosa táctica de camuflaje en una situación difícil sobre la que la mujer tiene escaso o nulo control, la mujer que voluntariamente encuentra motivos para colocarse casi siempre en dicha situación, se engaña a sí misma a propósito de algo que es muy serio y abandona su principal fuente de poder, que es el hecho de expresar sinceramente lo que piensa.

7. Mana es una palabra melanesia que Jung extrajo de unos estudios antropológicos a finales del siglo XIX. Pensó que el mana representaba el carácter mágico que rodeaba o emanaba de ciertas personas, ciertos talismanes, ciertos elementos naturales como el mar y la montaña, los árboles, las plantas, las rocas, los lugares y los acontecimientos. No obstante, la caracterización antropológica de la época no tenía en cuenta los testimonios personales de los miembros de las tribus, en los que se señalaba que la experiencia del mana es pragmática y misteriosa al mismo tiempo y no sólo informa sino que también conmueve. Por otra parte, por el testimonio de los místicos de todos los tiempos que han documentado sus elevaciones y descensos con el llamado mana, sabemos que la asociación con la naturaleza esencial que produce este efecto es algo que se parece mucho al enamoramiento, pues la persona se siente despojada de algo sin ella. Y, aunque al principio puede exigir mucho tiempo y una larga incubación, más tarde el sujeto establece una intensa y profunda relación con ella.

8. Los homunculi en este caso son unas minúsculas criaturas como los elfos, los duendes y otros “seres diminutos”. Aunque algunos dicen que el homunculus es un ser infrahumano, los que se consideran pertenecientes a su estirpe creen que es suprahumano, sabio, astuto y capaz de procrear a su manera.

9. Algunos rechazan el concepto de la psique animal o se distancian de la idea, según la cual los seres humanos son espirituales y animales al mismo tiempo. Una parte del conflicto reside en la creencia de que los animales carecen de espíritu y alma. Pero la propia palabra animal deriva del latín y significa una criatura viva, e incluso más propiamente “cualquier cosa que viva”, y animalis en concreto significa “dotado de aliento vital”, del vocablo anima que significa aire, aliento, vida. Es posible que en un futuro momento de la historia, tal vez no muy lejano, nos sorprenda que el antropocentrismo haya podido tener arraigo alguna vez, de la misma manera que ahora somos muchos los que nos sorprendemos de que la discriminación de los seres humanos basada en el color de la piel haya sido en otros tiempos un valor aceptable para muchos.

10. Sino se le presta atención seguirá sufriendo distintos daños en su descendencia femenina. Pero la mujer puede poner remedio, encargándose de reparar ahora los daños sufridos. No estamos hablando de la perfección sino de la construcción de una cierta fortaleza.

11. En los talleres que se organizan en las cárceles de mujeres, a veces hacemos muñecas con ramitas y también con alubias, manzanas, trigo, tejido y papel de arroz. Algunas mujeres las pintan, las cosen y las ensamblan con pegamento. Al final, hay docenas y docenas de muñecas colocadas en hileras, muchas de ellas hechas con los mismos materiales, pero todas tan distintas y singulares como las mujeres que las han hecho.

12. Uno de los problemas fundamentales de las teorías más antiguas acerca de la psicología femenina es el de que la visión de la vida femenina era muy limitada. Nadie podía imaginar que la mujer pudiera ser tanto como es. La psicología clásica era más bien el estudio de unas mujeres completamente encogidas y no el de unas mujeres que trataban de liberarse o que se estiraban y alargaban los brazos para alcanzar algo. La naturaleza instintiva exige una psicología que observe no sólo a las mujeres que se esfuerzan por hacer algo sino también a las que se están enderezando poco a poco tras haberse pasado muchos años viviendo encorvadas.

13. Esta intuición de la que hablamos no es lo mismo que las funciones tipológicas que Jung enumeraba: sentimiento, pensamiento, intuición y sensación. En la psique femenina (y masculina) la intuición es algo más que una tipología. Pertenece a la psique instintiva y al alma y parece ser que es innata, pasa por un período de maduración y tiene capacidad de percepción, conceptualización y simbolización. Es una función que pertenece a todas las mujeres (y a todos los hombres) con independencia de la tipología.

14. En la mayoría de los casos parece ser que es mejor ir cuando te llaman (o te empujan), cuando tienes la sensación de que podrás ser ágil y elástica, en lugar de oponer resistencia hasta que estallan las circunstancias psíquicas y te arrastran de todos modos al agujero, ensangrentada y magullada. A veces no hay ninguna posibilidad de conservar el equilibrio. Pero, cuando la hay, se gasta menos energía dejándose llevar que resistiendo.

15. La Madre Noche, una de las diosas de la Vida/Muerte/Vida de las tribus eslavas.

16. En toda Mesoamérica, la máscara indica que una persona ha dominado la unión con el espíritu que se representa no sólo en la máscara sino en el atuendo del espíritu que lleva. La identificación con el espíritu a través de la ropa y el adorno facial ha desaparecido casi por completo en la sociedad occidental. No obstante, el arte de hilar y de tejer son de por sí unos medios de evocar o ser informados por el espíritu. Hay pruebas fiables de que la elaboración del hilo y el tejido eran antiguamente unas prácticas religiosas utilizadas para impartir enseñanzas acerca de los ciclos de la vida, la muerte y el más allá.

17. Es bueno tener muchas personae, hacer colecciones, coser varias, reunirlas a medida que vamos avanzando por la vida. Conforme nos hacemos mayores, descubrimos que, teniendo a nuestro alcance esta colección, podemos representar cualquier aspecto del yo casi en cualquier momento que queramos. Sin embargo, se llega a un punto, sobre todo cuando se rebasa la mediana edad y se entra en la vejez, en que las propias personae cambian y se fusionan misteriosamente. A veces se produce una especie de “fusión”, una pérdida total de las personae que deja al descubierto lo que, en su máxima expresión, se podría llamar “el verdadero yo”.

18. Para trabajar de manera orgánica, conviene simplificar y centrarse más en la sensación y el sentimiento que en una excesiva intelectualización. A veces es útil, tal como uno de mis difuntos colegas, J. Vanderburgh, solía decir, pensar en términos comprensibles para un inteligente niño de diez años.

19. Éstas son curiosamente las mismas cualidades de una próspera vida del alma, pero también de un próspero negocio y una próspera vida económica.

20. Jung pensaba que se podía establecer contacto con la fuente más antigua por medio de los sueños nocturnos. (C. G. Jung, Jung Speaking, editado por William McGuire y R. F. C. Hull [Princeton, Princeton University Press, 1977].)

21. Se trata, en realidad, de un fenómeno de estados hipnogógicos e hipnopómpicos situados entre el sueño y la vigilia. Está bien documentado en laboratorios del sueño que una pregunta formulada al principio de la fase “crepuscular” del sueño parece rebuscar en los “hechos archivados en el cerebro” durante las fases sucesivas del sueño, aumentando la capacidad de producir una respuesta directa al despertar.

22. Había una anciana que vivía en una choza del bosque cerca del lugar donde yo crecí. Se comía cada día una cucharadita de tierra. Decía que eso alejaba las penas.

23. A lo largo de toda la tradición oral y escrita de los cuentos de hadas, se registran muchas contradicciones a este respecto. Algunos cuentos dicen que el hecho de ser sabia de joven hace que una persona viva más tiempo. Otros señalan que ser viejo de joven no es tan bueno. Por otra parte, algunos de dichos cuentos son proverbios que pueden interpretarse de distintas maneras según la cultura y la época de las que procedan. Pero, a mi juicio, otros son una especie de koan* más que una instrucción. En otras palabras, las frases pretenden ser meditadas más que comprendidas literalmente y la meditación puede llevar finalmente a un satori o repentina comprensión.

* En el zen, pregunta absurda que se hace al alumno para provocar en él una reflexión, de la que nacerá el estado de iluminación. (N. de la T.)

24. Esta alquimia puede derivar de unas observaciones mucho más antiguas que los escritos metafóricos. Varias ancianas narradoras de cuentos tanto de la Europa oriental como de México me han dicho que el simbolismo del negro, el rojo y el blanco deriva de los ciclos femeninos de la menstruación y la reproducción. Tal como saben todas las mujeres que han menstruado, el negro es la representación del desprendido revestimiento del útero en el que no ha anidado el óvulo. El rojo simboliza no sólo la retención de la sangre en el útero durante el embarazo sino también la “mancha de sangre” que anuncia el comienzo del parto y la llegada de una nueva vida. El blanco es la leche de la madre que fluye para alimentar al recién nacido. Todo ello se considera un ciclo de transformación completo y yo siempre me he preguntado si la alquimia no debió de ser un intento de crear un recipiente similar a la matriz y toda una serie de símbolos y acciones similares a los ciclos de la menstruación, la gravidez, el alumbramiento y la lactancia. Es probable que exista un arquetipo del embarazo que no hay que tomar en sentido literal y que afecta o atrae a ambos sexos, los cuales tienen que buscar posteriormente el medio de simbolizarlo de una manera que resulte significativa para ellos.

25. He estudiado durante muchos años el color rojo en los mitos y los cuentos; el hilo rojo, las zapatillas rojas, la capa roja, etc. Creo que muchos fragmentos de los mitos y los cuentos de hadas derivan de las antiguas “diosas rojas”, las divinidades que presidían todo el espectro de la transformación femenina —todos los acontecimientos “rojos”—, es decir, la sexualidad, el parto y el erotismo, y que inicialmente formaban parte del arquetipo de las tres hermanas del nacimiento, la muerte y la resurrección y también de los mitos del nacimiento y la muerte del sol en todo el mundo.

26. La antropología decimonónica consideraba erróneamente que la reverencia tribal a los ancianos y los abuelos difuntos y la conservación ritual de los relatos acerca de la vida de los ancianos eran una forma de “culto”. Esta desafortunada proyección sigue estando presente en distintas literaturas “modernas”. A mi juicio, sin embargo, tras haberme pasado varias décadas participando en el ritual familiar del Día de los muertos, el “culto ancestral”, término forjado hace mucho tiempo por la antropología clásica, debería llamarse más propiamente afinidad con los antepasados, es decir, una relación constante con los venerados antepasados. El ritual de la afinidad respeta a la familia, sanciona la idea de que no estamos separados los unos de los otros, de que una sola vida humana no carece de significado y, especialmente, de que las buenas obras de los que nos han precedido poseen un valor inmenso, pues nos enseñan y nos guían.

27. Se han encontrado muchos huesos femeninos en Çatal Hüyük, un emplazamiento neolítico en fase de excavación en Anatolia.

28. Hay otras versiones del cuento y otros episodios e incluso en algunos casos epílogos o anticlímax, pegados al final del relato central.

29. Vemos el símbolo de la forma de la pelvis en cuencos e iconos del este de los Balcanes y de emplazamientos de la antigua Yugoslavia cuya datación Gimbutas sitúa en el 5—6000 a.d.C. Marija Gimbutas, The Goddesses and Gods of Old Europe: Myths and Cult Images (Berkeley, University of California Press, 1974. Edición revisada, 1982).

30. La imagen del dit aparece también en los sueños, a menudo como algo que se transforma en un objeto útil. Algunos de mis colegas médicos aventuran la posibilidad de que sea un símbolo del embrión o el óvulo en su fase más temprana. Las narradoras de cuentos de mi familia se refieren a menudo al dit como los óvulos.

31. Es posible que el espíritu y la conciencia del individuo tengan una “sensación” sexual y que esta masculinidad o feminidad del espíritu y demás posea un carácter innato, cualquiera que sea el sexo físico.

Comentarios en: "Capítulo 3 – EL RASTREO DE LOS HECHOS: LA RECUPERACIÓN DE LA INTUICIÓN COMO INICIACIÓN" (4)

  1. [...] La intuición es el tesoro de la psique de la mujer. Es como un instrumento de adivinación o una bola de cristal, por medio de la cual la mujer puede ver con una misteriosa visión interior. Es como si tuviéramos constantemente a nuestro lado a una sabia anciana que nos dijera qué es lo que ocurre exactamente y si tenemos que girar a la derecha o a la izquierda. Es una variedad de La Que Sabe, de la Mujer Salvaje… Leer capítulo… [...]

  2. [...] Capítulo 3 – EL RASTREO DE LOS HECHOS: LA RECUPERACIÓN DE LA INTUICIÓN COMO INICIACIÓN abril, 2008 1 comentario 4 [...]

  3. **Otra manera de fortalecer la conexión con la intuición consiste en no permitir que nadie reprima nuestras más intensas energías… es decir nuestras opiniones, nuestros pensamientos, nuestras ideas, nuestros valores, nuestra moralidad y nuestros ideales. En este mundo hay muy pocas cosas acertadas/equivocadas o buenas/malas. Pero sí hay cosas útiles y cosas inútiles. Asimismo, hay cosas que a veces son destructivas y también hay cosas creativas. Hay acciones debidamente integradas y dirigidas a un fin determinado y otras que no lo están. Sin embargo, tal como sabemos, la tierra de un jardín se tiene que remover en otoño con el fin de prepararla para la primavera. Las plantas no pueden florecer constantemente. Pero los que han de dictar los ciclos ascendentes y descendentes de nuestra vida son nuestros propios ciclos innatos, no otras fuerzas o personas del exterior y tampoco los complejos negativos de nuestro interior.**

  4. Bettina dijo:

    Gracias por esta maravilla que ayuda a las mujeres que queremos despertar a sentirnos seguras de nosotras mismas, de nuestra naturaleza salvaje y de lo acertado de nuestra intuición, no podía llegarme en mejor momento que este, en el que estoy despertando a mi baba yaga. Gracias!

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