“…ahora ya sé lo que soy capaz de lograr…” Rafea “MAMAS SOLARES” – Documental de la serie “Why Poverty?”

Rafea_Solar_Mama

Rafea:
“…Quiero volver a la India…
…ahora ya sé lo que soy capaz de lograr,
y aquí nadie me apoya…”


Madre de Rafea:
“…te apoyamos, pero no debes regresar…”


Rafea:
“…No podré hacer nada si no vuelvo, no estoy preparada.
Quiero explorar el mundo, quiero aprender.
Quiero ver como vive y trabaja la gente de otros países,
quiero trabajar con ellos.”

Madre de Rafea:
“Piensa en Jordania…

La mejor vida para una mujer es en casa, con sus hijos.
Tus hijas te necesitan…”

Rafea:
“Ellas crecerán y me dejarán..

¿Debo estar así por siempre?

[…] Si termino mi capacitación en la India,
podré capacitar a la gente de aquí…

[…] Lo siento,
pero ya sea con permiso o sin permiso,
yo quiero trabajar,
quiero tener logros,
quiero… cambiar la situación de esta aldea…

…Sé que parece que estoy loca y que digo tonterías,
pero demostraré que no es así. “

MS Rafea WP

“MAMAS SOLARES:

¿Son las mujeres mejores que los hombres en salir de la pobreza?”

“Un documental inspirador sobre el intento de una mujer por, literalmente, alumbrar su mundo.

Rafea es una mujer beduina sin educación que vive en el desierto de Jordania. Tiene la oportunidad de asistir al Barefoot College, al cual asisten mujeres de mediana edad y de comunidades de escasos recursos para ser entrenadas como ingenieras solares y llevar electricidad a sus comunidades.

Esta escuela reúne a mujeres de todas partes del mundo, quienes enfrentan el reto de aprender sobre componentes eléctricos sin siquiera saber leer, escribir o entender inglés. Pero esa parece ser la parte más fácil. Rafea se ve forzada a arriesgar todo, e incluso a perder sus hijas, si quiere completar el curso.”

Director: Mona Eldaief & Jehane Noujaim
Productor: Mette Heide
Producido por: Plus Pictures

http://www.whypoverty.net/es/video/309/

“….Rafea sigue luchando por el proyecto solar
pese a los obstáculos que ponen los hombres de la aldea…”

Why Poverty?

“…en la ‘zona gris’ del mito… así es como me convertí en víctima de una violación…” Hmm

El siguiente contenido es una traducción de Mines R., de Proyecto Khalo,

publicado en http://www.proyecto-kahlo.com

.

Es un texto para leer despacio, despacito…
con la “inquietud” por la vigencia del testimonio de una mujer,
que comparte su experiencia de hace tres décadas.

.

Como la mayoría de las víctimas de violación,
fui eficientemente silenciada.
Hmm.
Proyecto Khalo: "Cómo me convertí en víctima de una violación"
Proyecto Khalo: “Cómo me convertí en víctima de una violación”

“Cómo me convertí en víctima de una violación”

by  • 27 de octubre de 2012

Porque los violadores no siempre son extraños que esperan en un callejón oscuro…

.

[…]

Yo tenía 18 años y 4 meses, así que oficialmente ya era una mujer adulta. Eran las vacaciones de verano antes de comenzar la universidad y la independencia. Todos habíamos recibido nuestros resultados del nivel A y estábamos estudiando las diferentes universidades.

Alguien del instituto dio una gran fiesta en un local de la iglesia, regalo de sus padres por sacar buenas notas en los exámenes del nivel A y por cumplir 18. Yo llevaba mi nuevo vestido de terciopelo azul, el cual me hacía pensar que me encontraba entre la gente más guay.

————————-

Aquella noche, yo estaba hablando con una amiga cuando un chico se acercó y me besó. Digo “chico”, aunque supongo que quiero decir “hombre”; aún pensaba en los chicos del grupo como chicos (él tenía 19, por cierto). Sin previo aviso, sin ningún comentario de por medio, simplemente me agarró, me apretó contra si para que no pudiera moverme, metió su lengua en mi boca y me besó.

Lo encontré repulsivo y chocante, aunque bohemio, emocionante y extravagante. No tenía ni idea de quién era este chico, no lo había visto nunca, supe inmediatamente que no me gustaba, pero ni se me pasó por la mente preguntarme su derecho a sobrepasar los límites establecidos.

Era una fiesta. Se suponía que los hombres actuaban así, o eso creía yo. Habría quedado como una mojigata si me hubiera negado. Nadie me había dicho que solo los abusadores se comportan así, que los hombres que se sienten atraídos por ti pero que no se sienten con derecho a propasarse no te agarran de ese modo.
 

Escapé riéndome con mi amiga, la cual estaba bastante flipada con el comportamiento del chico y, probablemente, por mi reacción: “Qué tío más raro”.

Pero yo estaba muy nerviosa e inocentemente halagada por haberme liado con un tío tan pronto; significaba que un hombre se había fijado en mi, y para eso normalmente hace falta esforzarse, ¿verdad?

O eso es lo que nos enseñan a las mujeres: a esforzarnos por conseguir la atención masculina.
 

Significaba que podría estar en “ese” grupo el lunes por la mañana: el grupo de los que habían ligado el sábado por la noche. Nunca había estado en ese grupo antes, sentía que había llegado a la meta.

Crecí en una familia en la que mi intimidad y privacidad nunca habían sido respetadas, así que no lo encontré tan intrusivo como mi amiga.

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Durante el resto de la fiesta, sin embargo, evité deliberadamente al chico en cuestión, porque aunque su comportamiento me había llevado al grupo de la gente guay, él no me gustaba y le encontraba bastante repulsivo, así que no quería repetir la experiencia del beso.

En una ocasión le pillé mirándome intensamente, y no vi nada siniestro en ello. No tenía sospechas, nada de un sexto sentido, ningún sentido arácnido que me alertara de que ese hombre era un depredador sexual.

¿Cómo podía haber sospechado? Crecí en una sociedad en la que había un anuncio de “Impulso” en la tele: un hombre agarra a una mujer en una estación y le da un morreo, y nadie lo llama agresión sexual, todos dicen que “los hombres no pueden evitar actuar por Impulso. Ese era el slogan.
 

Así que cuando un hombre me hizo aquello en una fiesta, yo no pensé que era una agresión sexual:simplemente pensé que se trataba de un buitre poco atractivo que se comportaba como cualquier otro.

Toda mi cultura me dice eso.
 

Además, descubrí que era el hermano de alguien de mi clase, alguien que pensé que era honesto, alguien con quien me hubiera gustado enrrollarme en un momento dado, y pensé que ese tío había arruinado aquella posibilidad para mi aquella noche.
Los hermanos de la gente están bien, no tienes que preocuparte por ellos.

————————-

Me llevó años darme cuenta de que ese beso había sido una emboscada:me había elegido de ese modo para asegurarse de que, si en el futuro yo declaraba haber sido violada, él podría acudir a un montón de testigos que dijeran que habíamos estado besándonos en la fiesta.

Así se aseguraba que saldría impune, porque como todo el mundo sabe, una vez que una mujer besa a un hombre, él tiene el derecho a penetrar su cuerpo tanto si ella quiere como si no.
 

Más tarde, oi que había besado a otra chica del mismo modo. Así que nos tendió la trampa a las dos, aunque al final fue ella la que se salvó.

————————-

Cuando unos cuantos de nosotros nos marchamos en un gran grupo para caminar hasta la parada de taxis, él estaba con nosotros. Mientras caminábamos, él se acercó a mi y comenzó a hablar. Le respondí por cortesía.

Las mujeres son criadas para ser educadas, para responder a las tentativas de conversación de los hombres. Incluso si antes se han pasado de la raya, nosotras debemos ignorarlo y no darle más vueltas.
 

Así que eso es lo que hice. Me comporté normalmente y hablé con él.

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Sin saber exactamente cómo ocurrió, me di cuenta de que estábamos quedándonos atrás con respecto al resto del grupo. Al principio no me preocupó. Estaban a la vista, solo que nosotros estábamos mucho más atrás. En un momento dado, yo dije algo al respecto e intenté alcanzarlos, pero él tiró de mi.

Supongo que es en este momento cuando aquellos que culpan a la víctima dicen que debería haber gritado, pedido ayuda.
 
Porque en ese momento debí haberme dado cuenta de que planeaba violarme. Pero no lo hice.
 
Porque también me enseñaron que asumir que un hombre es un violador solo porque me está impidiendo hacer algo que claramente quiero hacer, es de histéricas o de feministas odia-hombres y con pelo en los sobacos, lo cual es algo Malo.
 

Así que, una vez más, su comportamiento no me alarmó, lo percibí como normal.

Los límites de las mujeres siempre son sobrepasados por los hombres y siempre se nos dice que si le damos demasiada importancia, somos
  • irracionales,
  • poco amigables,
  • maleducadas,
  • histéricas,
  • difíciles:
todo negativo.
 
Así que si..
  • eres joven,
  • nunca has sido violada -no sabes lo común que es-
  • y das por sentado que se sobrepasarán tus límites, porque es lo que la sociedad te ha enseñado,
entonces no sientes alarma.
 

En mi caso, sentí fastidio, pero nada más.

————————-

Cuando él tiró de mi, me llevó a un portal y comenzó a besarme.

Yo me resigné a la idea de tener que morrearme con él un poco antes de conseguir un taxi, porque no se me ocurrió darle con la rodilla en las pelotas y correr gritando.

Algunos dirán que debería haber hecho exactamente eso, a pesar de que, sin ningún género de dudas, habría sido acusada de ser una histérica exagerada. De cualquier modo, siendo él más grande y más fuerte que yo, aquello no era una opción.

De vez en cuando, continuábamos caminando hasta que volvía a llevarme a otro portal y me besaba algo más. Poco a poco, íbamos llegando a la parada de taxis.

————————-

Un portal resultó tener un pequeño callejón al lado. Antes de que pudiera darme cuenta, él estaba tirando de mí hacia el callejón, riendo de forma cómplice como si aquello fuera idea mía también.

  • Incluso entonces, no me sentí amenazada.
  • Incluso entonces, no pensaba que ese hombre fuera a violarme.
¿Por qué iba a hacerlo?
Él era el hermano de alguien, no un violador en un callejón oscuro… ups.
 

Hasta el momento en que me bajó las braguitas y senti su pene, no llegué a pensar que realmente me violaría. Incluso mientras entraba en mi, mi emoción principal era incredulidad.

Simplemente no podía creer que estuviera pasando. Este tío asqueroso había conseguido, de algún modo,
  • separarme de mis amigos
  • y llevarme a un callejón.
  • Y ahora me estaba violando.

Y yo había cooperado, joder. No había montado un escándalo, había ido consintiéndolo todo, prácticamente le había dejado hacerlo.

Sentí una total incredulidad. Y me sentí jodidamente estúpida.

Como muchas víctimas de violación, me culpé a mi misma por
  • no haberme dado cuenta de que era un violador
  • y no haberme librado de su violación,
en lugar de culparle a él por ser un violador.
 
 

Me quedé allí tumbada esperando a que terminara, esperando que fuera rápido para poder irme a casa.

————————-

Después, me preguntó si estaba bien y me pidió mi número de teléfono. Se lo di, demasiado anonadada para saber qué otra cosa hacer. Entonces me llevó a la parada de taxis “para que estuviera a salvo” (!!) y me dijo que me llamaría.

Durante el camino a casa, pensé en si había sido violada o no, y como muchas víctimas de violación, me convencí a mi misma de que no.
 

Me sentía como si lo fuera, pero me dije a mi misma lo que la sociedad me habría dicho:

  • que era poco razonable sentirse así,
  • que yo no había dicho que no,
  • y si lo había dicho, no lo había dicho con la suficiente fuerza, con la suficiente agresividad.
  • No había peleado por deshacerme de él, no me había resistido cuando me llevó hasta el callejón;
  • no me había resistido en absoluto.

Solo que sí me había resistido, aunque no de la forma que la sociedad define “resistencia”.

La sociedad ha dejado a los violadores que definan lo que significa resistencia:

  • gritar,
  • llorar,
  • arañar,
  • empujar,
  • patalear,
  • morder,
  • golpear.

Yo no me resistí así.  Mi resistencia fue:

  • escabullirme un poco,
  • volver la cabeza cuando intentaba besarme,
  • tratar de parar su mano bajo mis braguitas,
  • empujarle inútilmente,
  • decir que quería coger mi taxi…
 
Todas las cosas que los hombres normales reconocen como una participación no muy entusiasta cuando se relacionan con una mujer, pero que ven como un “área gris” cuando hablan sobre violación.
 

Los violadores se las han arreglado para que la sociedad crea que lo que yo hice fue consentir.

Porque no me resistí del modo en que los violadores -y la sociedad- dicen que las mujeres deberían resistirse: han definido nuestra no-participación en consentimiento.

————————-

No le traté como se supone que las mujeres tratan a los violadores, le traté como muchas mujeres tratan en realidad a los violadores: como un incordio que tiene que ser tolerado un ratito.

Me han educado en que tienes que aguantar que los hombres te toquen cuando tú no quieres que lo hagan.
 
La única vez que vi a una mujer reaccionar de forma furiosa a dicho comportamiento, todos se rieron de ella y comentaron lo desmesurado de la reacción, dado que él no había pretendido hacer nada malo.
 
  • Así que yo asimilé el mensaje:
que tratar como un violador a un hombre que está actuando como un violador es de ser una arpía histérica e irracional, y que pierdes credibilidad si lo haces.
 
  • Así que me apliqué el cuento.

Es lo que hacemos las mujeres.

Y luego la sociedad nos dice que es culpa nuestra que nos hayan violado, porque no hicimos aquello por lo que nos llaman arpías histéricas.
 
 

Cuando él se pasó de la raya, no actué como la arpía irracional de la que todo el mundo se rio, así que fue mi culpa que me violara.

————————-

Además,

  • había bebido un par de cervezas (aunque no estaba borracha),
  • y llevaba un vestido ajustado de terciopelo azul. El mismo vestido
    • que me marcó como parte del grupo guay,
    • también me marcó como el tipo de mujer que no tiene derecho a denunciar una violación cuando ha sido violada.

La policía simplemente me diría que había sido mi culpa.

Mi amiga fue violada cuando tenía 14 años, y le dijeron que se marchara y que les dejara trabajar.

Ella era una niña, y había sido arrastrada a un parque por un extraño, el clásico violador extraño, no alguien que es el hermano de alguien y que, por lo tanto, no puede ser un violador.

E incluso entonces, no estaban ni remotamente interesados en atrapar al hombre que la violó.

Así que supe que no había ninguna posibilidad de que  estuvieran interesados en el caso de una adulta con un vestido de terciopelo azul.

————————-

Incluso me sentía culpable por pensar que había sido violada.

 
Como la mayorìa de nosotras, había asimilado la mentira de que hay millones de hombres inocentes afectados por falsas acusaciones de violación, con sus vidas arruinadas por mujeres histéricas y odia-hombres que imaginaron estúpidamente que habían sido violadas, o que mintieron deliberadamente por pura maldad.
 
 
El horror de poder llegar a ser una de esas mujeres me hizo sentir
  • pena por mi violador,
  • y vergüenza por haber podido llegar a pensar algo así del pobre hombre.
 
No tuve lástima por mi yo de 18 años, optimista, racional y honesta: la sociedad me había lavado el cerebro tan bien, que toda mi empatía era para él, ninguna para mi.
 

————————-

Cuando me llamó dos días después para salir, dije que sí inmediatamente.

Principalmente…
  • porque tenía miedo de que, si no salía con él entonces, le diría a todo el mundo lo fácil que era yo, tirándomelo en un callejón,
  • pero también porque si salía con él y era su novia, aquello significaba que no había sido una violación.

Todo iría bien y dejaría de sentirme como si no tuviera ningún control sobre mi y el sexo.

  • Quería tener sexo con él de una forma normal: en una cama, conmigo teniendo alguna capacidad de decisión.
  • Significaría que no me había violado. Haría que ese sábado por la noche fuese el principio de un romance, no lo que parecía ahora: un ataque a mi autonomía.

Lo encontré absolutamente repulsivo y aburrido, y no podía esperar a alejarme de él.

  • Pero salí con él durante 3 semanas para hacerlo parecer respetable y que todo encajara en mi cabeza.
  • Solo entonces le dije que no estaba funcionando y que pensaba que deberíamos dejar de vernos.

————————-

Cuando nos separamos,

  • me besó,
  • puso sus manos bajo mis braguitas otra vez, solo para demostrarme que podía hacerlo,
  • y me dijo: “Pásalo genial en la universidad, y no te acuestes con alguien si no quieres hacerlo”.
    • Cuando le dije que no lo haría,
      • él dijo: “Ya lo has hecho”.

       

No podía creer lo que me había dicho.

  • Me estaba diciendo que era un violador.
  • Que sabía que era un violador.
  • Que mis 3 semanas de aburrimiento y mal sexo con él habían sido en vano.

No fue..

  • ..que él hubiera estado algo borracho,
  • ..que no hubiera notado que intentaba escaquearme,
  • ..que no se diera cuenta de que no quería tener sexo con él:
 
..él sabía que no estaba en la “zona gris” del mito de la violación.

Estaba tan alterada que mi respuesta inmediata fue negar lo que decía.

No lo he hecho. Nunca lo he hecho”.

Él sonrió.

“Sí, lo has hecho”.

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Tardé 20 años en darme cuenta de lo que estaba haciendo entonces.

  • Estaba quitándome cualquier resquicio de control o dignidad que me quedara.
  • No iba a dejarme aparentar que todo había sido un malentendido;
    • quería que yo supiera lo que había hecho,
    • que había salido impune con mi beneplácito
    • y que no había nada que yo pudiera hacer.

     

Tardé 20 años en enfrentarme a ello.

En esos 20 años, mi respuesta inmediata a su violación fue una actitud fatalista hacia el sexo: me sentía totalmente incapaz de controlar la situación.

Sentía miedo de decirle a un hombre que no quería tener sexo con él..

  • en ese momento,
  • o justo en ese lugar,
  • o así,

porque..

  • no podía arriesgarme a que mis deseos fuesen ignorados de nuevo
  • y encontrarme otra vez con que había sido forzada a practicar sexo.
Eso sería la prueba de que yo era una de esas mujeres que estaban diseñadas para que los hombres las usaran y las explotaran, no como las mujeres normales.
 
 

Así que mantuve muchas relaciones sexuales..

  • que no quería,
  • con hombres que no me gustaban,
  • que no me forzaron a ello pero que no se preocupaban mucho por si me apetecía o no,

para demostrarme a mi misma que un polvo no era para tanto.

Pasé por fases de celibato que duraron años, seguidas por fases de sexo-de-una-noche con hombres que no me interesaban para nada.

————————-

En todo ese tiempo, solo una vez intente decirle a alguien que había sido violada. Dos amigas de la universidad.

Lei un artículo sobre la violación que presentaba el revolucionario concepto de que…

…los violadores no eran necesariamente hombres con pasamontañas y navajas en callejones oscuros, sino que eran simplemente hombres con los que tenías sexo sin tú quererlo.
 

Esta revelación me sacudió de tal forma, que les conté a dos de mis amigas todo lo que me había ocurrido.

Pero las dos me sugirieron que le escribiera una carta contándole cómo me sentía;

  • su principal preocupación era que no lo llamara “violación”, porque obviamente no podía serlo.
Como la mayoría de las mujeres, era más importante para ellas el proteger a un hombre que no conocían que reconocer la violación de una amiga.
 
Aquello había sido un malentendido, nada más, y seguro que él querría confirmarme que no había querido parecer un “violador”.
 
Seguro que entonces yo me sentiría mejor.
 

No pensé en hacerlo, algo me dijo que a él le excitaría una carta así, así que lo dejé y nunca se lo conté a nadie más durante otros 20 años.

Como la mayoría de las víctimas de violación, fui eficientemente silenciada.
 
Lo que más me silenció fue el miedo a no ser creída.
 
 
El saber que me preguntarían:
  • “¿Pero por qué no gritaste?”,
  • “¿Por qué le dejaste separarte de tus amigos?”,
  • “¿Por qué no le dijiste que dejara de besarte y fuiste corriendo a coger un taxi?”,
  • “¿Por qué le diste tu número de teléfono?”,
  • “¿Por qué saliste con él después de eso, incluso acostándote con él?”,
  • “¿Por qué no le contaste a tus amigas lo que te pasó?”.

Todas las preguntas que yo me había hecho a mi misma durante un par de décadas. Incluso ahora que escribo esto, Tú, Querida Lectora, notarás el cuidado que he puesto en explicar mi comportamiento, para evitar las preguntas y las críticas y el escepticismo.

 
Hacer lo que a las víctimas se les pide que hagan y lo que rara vez se le pide a un violador:
  • que dé cuentas por su comportamiento,
  • que explique por qué se convirtió en una víctima de violación.
 
 
La explicación “porque tuve la mala suerte de conocer a un violador” no servirá, lo sé.
 
  • La sociedad quiere culpar a la mujer por haber dado la posibilidad al hombre de tomar esa decisión, y normalmente lo consigue.
  • Las víctimas de violación se culpan a si mismas por la decisión del violador de violarlas a ellas.

Estoy harta de aceptar esa culpa.

  • Yo no tuve la culpa.
  • No hice nada para provocar que él me violara.
  • Mi estupendo vestido de terciopelo azul no tuvo la culpa.
  • El hecho de que me tomara dos cervezas no tuvo la culpa.
  • Incluso mi infancia, con su incapacidad para inculcarme autoestima, no tiene la culpa.
  • Que saliera con él después de aquello y mantuviese el llamado “sexo consentido” con él un par de veces no significa que no fuera una violación aquella primera vez.
  • Que no me comportara del modo en que se supone que las víctimas de violación deben comportarse no significa que no fuera una violación.
  • Que pasara dos o tres décadas siendo incapaz de contárselo a nadie por miedo a que no me creyeran no significa que no fuera una violación.

————————-

Durante años…

  • me culpé a mi misma por salir con él después de aquello, sabiendo que le odiaba y encontrándole repulsivo.
    • Nunca pude entender porqué me había hecho eso a mi misma, porqué lo había visto tan necesario.
    • ¿Por qué me castigué de esa forma?

     

  • Me culpé por darle poder sobre mi,
    • el poder de penetrar mi cuerpo otra vez cuando él sabía que yo no quería;
    • el poder de pretender que él no era un violador porque su víctima había vuelto a por más.

     

 
Ahora culpo a la sociedad por haber convencido a una adolescente inteligente y popular de que la única forma de compensar una violación era salir con su violador.

————————-

 
Hace casi 30 años de aquello, y la sociedad sigue culpando a las mujeres por las violaciones, en lugar de culpar a los hombres.
 

Mi hija se enfrenta a los mismos peligros a los que yo me enfrenté:

  • un 25% de probabilidades de que sea violada o agredida sexualmente a lo largo de su vida.
  • Si le ocurriese, como le ocurrió a su madre, no lo denunciaría (según las estadísticas, solo entre el 10-15% de las víctimas lo hacen).
  • Si lo hiciese, solo tendría un 6% de probabilidades de ver a su violador declarado culpable en un juicio.

En lo que respecta a la violación, las cosas no han cambiado mucho en las últimas tres décadas.

Supongo que todo lo que yo puedo hacer por ella es…

  • educarla en que espere que sus límites sean respetados.
  • Hacerla consciente de lo común que es la violación
  • y decirle que, si es violada, no será por nada que ella diga o nada que lleve puesto, sino simplemente porque tuvo la mala suerte de conocer a un violador.

Y para todas las chicas y mujeres de ahí fuera, todo lo que puedo hacer es…

  • …contar mi propia experiencia,
  • …y educar a mi hijo en que,
    • si no está seguro de que una chica quiere seguir haciendo lo que sea que esté haciendo, tiene que
      • preguntarle
      • y respetar su respuesta.
        • Porque, si no lo hace, entonces podría ser un violador.
 
Y es que los violadores no suelen ser hombres terroríficos en callejones oscuros:
son el…
  • hijo,
  • hermano,
  • padre,
  • tío,
  • primo,
  • amigo,
  • colega
…de alguien.

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En algún lugar, el hombre que me violó

  • probablemente viva una vida normal
    • y tenga una familia, como muchos otros violadores.
  • Y probablemente sigue fingiendo que no es un violador,
    • y la sociedad le apoya.

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Así es como me convertí en víctima de una violación.

Gracias por leerme.

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Este texto es una traducción autorizada del post “How I became a rape victim”, en el blog Being Feminist. Agradecemos a su autora la oportunidad de publicar su historia en nuestra página.

This text is an authorised translation from the post “How I became a rape victim”, in the blog Being Feminist. We are very grateful to the author for giving us the opportunity to publish her story in our site.

Facebook: www.facebook.com/BeingFeminist
Twitter:@being_feminist

Traducción: Mines R.

FUENTES:

  http://www.proyecto-kahlo.com/2012/10/como-me-converti-en-victima-de-una-violacion/

BeingFeminist: "How I became a rape victim"
BeingFeminist: “How I became a rape victim”

“Being Feminist” muestra que “How I became a rape victim”
fue publicado por being feminist en  September 17, 2012
y aclara: [The post was sent by the writer of this post.] que…

Herbs and hags: "How I became a rape victim "
Herbs and hags: “How I became a rape victim “

…el artículo fue  recibido desde http://herbsandhags.blogspot.co.uk
publicado por  Hmm en 2012-06-01

Un testimonio  “representativo” de tantas historias cotidianas no contadas,

que se reflejan en los comentarios de los enlaces fuentes.

Invitamos a leer los comentarios recibidos en Proyecto Khalo
.

“..más que colombiana, me siento muy latina…”: Marta Gómez – Entrevistada por Marlon Becerra.

marta gómez

“…es que el mundo necesita la música… y cuándo a mí me preguntan,

“..bueno, ¿usted porqué canta canción social, o con mensaje?
¿porqué no canta canciones de amor?”,

yo pienso que va más allá de que te guste o no te guste,
es que tú tienes una responsabilidad,

y eso es lo que los músicos, a veces,
o no saben o no quieren darse cuenta,

pero tener un micrófono es un poder…
es que tú tienes que hablar…”

Marta Gómez

“Marta nació cantando.
En su cuna componía
y cantaba los ruidos que la rodeaban,
para llamar el sueño.

Marta compone para conjurar la nostalgia
y espantar las tristezas, las suyas y las ajenas.
Aprendió a cantarle al alma y el alma aprendió a oírla.

En su voz canta el viento, a veces se ríe un río
y hasta se escuchan los murmullos de la tierra.

Con su guitarra, su voz y llena de ganas sigue componiendo
los cantos que la rodean
y las voces que le dictan las ausencias, para arrullar el silencio.”

Nicolás Buenaventura Vidal
Realizador de cine, guionista y cuentero

http://www.martagomez.com/biografia.php

  marta_gomezEn Alwari:

” …si puedes seguirme en las alas del viento, a mundos muy lejos del sol…” Marta Gómez

“…como el humo del fuego sagrado”. Tolba Phanem, poeta Africana

“No necesito una garantía firmada para saber
que la sangre de mis venas es de la tierra
y sopla en mi alma como el viento,
refresca mi corazón como la lluvia
y limpia mi mente
como el humo del fuego sagrado”.

Tolba Phanem, poeta Africana

humo

VISITE:

“Reconocer nuestra propia canción” Tolba Phanem

“…¿Quién dice que los hombres no pueden ser feministas?…” Byron Hurt

“…Pensé en todas las mujeres que había en mi vida

(incluyendo a mi madre, mi hermana y mi novia)

y me di cuenta de que tenía mucho que aprender sobre género….”

Byron Hurt

Por qué soy un hombre feminista

byron hurt

Cuando era pequeño, mi madre y mi padre solían discutir mucho. Algunas mañanas me despertaba con el sonido alarmante de mis padres gritándose. La discusión continuaba hasta que mi padre gritaba “¡Y se acabó!No voy a seguir hablando más de esto”. La disputa acababa justo ahí. Mi madre nunca tuvo la última palabra.

Los gritos de mi padre hacían encogerse a mi madre; yo quería hacer algo para parar esa furia proyectada contra ella. En aquellos momentos, me sentía impotente porque era demasiado pequeño para enfrentarme a mi padre. Aprendí muy pronto que la fuerza y el poder intimidaban a mi madre. Nunca vi a mi padre golpearla, pero sí presencié lo hirientes que podían ser sus golpes verbales cuando caían sobre la psique de mi madre.

Mi padre no maltrataba siempre a mi madre, pero cuando lo hacía, me identificaba con el dolor de ella, no con la agresividad de él. Cuando le hacía daño, me hacía daño a mí también. Mi madre y yo teníamos un vínculo muy especial. Era divertida, inteligente, cariñosa y hermosa. Era muy buena escuchando, y me hacía sentir especial e importante. Y cada vez que la cosa se ponía fea, ella era mi roca y mi base.

Una mañana, después de que mi padre le gritara a mi madre durante una discusión, ella y yo nos quedamos en el baño, solos, preparándonos para el día que nos esperaba. La tensión en la casa era tan espesa como una nube de humo negro. Sabía que mi madre estaba disgustada. “Te quiero, Mamá, pero ojalá tuvieras un poco más de valor cuando discutes con Papá”, le dije lo suficientemente bajo para que él no pudiera oirme. Ella me miró, acarició mi espalda y forzó una sonrisa.

Tenía tantas ganas de que mi madre se defendiese a sí misma… No entendía por qué tenía que rendirse a él cada vez que peleaban. ¿Quién era él para sentar las normas de la casa? ¿Qué le hacía tan especial?

Crecí resentido por la dominación de mi padre en casa, incluso queriéndole tanto como quería a mi madre. Su ira y su intimidación consiguieron impedir que mi madre, mi hermana y yo expresáramos nuestra opinión cada vez que no coincidían con la suya. Algo en esa desigualdad de su relación me parecía injusto, pero a una edad tan joven, no podía expresar qué.

Un día, mientras estábamos sentados en la mesa de la cocina tras una de sus discusiones, mi madre me dijo: “Byron, nunca trates a una mujer como tu padre me trata a mí”. Ojalá la hubiese escuchado.

Conforme fui creciendo y tuve mis propias relaciones con chicas y mujeres, a veces me comporté como vi a mi padre comportarse. Yo también me volví defensivo y verbalmente agresivo cada vez que una chica o una mujer con la que salía me criticaba o me desafiaba. Denigraba a mis novias controlando su peso o la ropa que elegían ponerse. En una relación en particular durante la universidad, usé frecuentemente mi corpulencia para intimidar a mi novia, echándome sobre ella y gritándole para defender mi punto de vista.

Había asimilado lo que había visto en casa y me estaba convirtiendo lentamente en aquello que había despreciado siendo niño. Aunque mi madre intentó enseñarme mejor, yo, como muchos chicos y hombres, me sentí en mi derecho de maltratar al género femenino cuando me beneficiaba.

Tras graduarme en la universidad, necesitaba un trabajo. Supe de un nuevo programa de sensiblización que estaba por lanzarse. Se llamaba Los Mentores en el Proyecto de Prevención de Violencia. Siendo un estudiante-atleta, ya había hecho sensibilización comunitaria anteriormente, y el Proyecto MPV me pareció un buen plan mientras que encontraba un trabajo en mi campo, el periodismo.

Fundado por Jackson Katz, el Proyecto MPV se diseñó para utilizar el prestigio de los atletas para convertir la violencia de género en algo inaceptable. Cuando me entrevisté con Katz yo no sabía que el proyecto era un programa de prevención de la violencia de género. Si lo hubiese sabido, probablemente no hubiese ido a la entrevista.

Así que cuando Katz me explicó que estaban buscando a un hombre para ayudar a institucionalizar el currículo basado en la prevención de la violencia de género en institutos y facultades de todo el país, casi me vuelvo por donde había venido. Pero durante la entrevista, Katz me hizo una pregunta muy interesante: “Byron, ¿cómo crees que beneficia la violencia de los afroamericanos hacia las afroamericanas a nuestra comunidad?”.

Nunca nadie me había hecho esa pregunta antes. Como hombre afroamericano profundamente preocupado por los problemas de raza, nunca había pensado demasiado sobre cómo el abuso emocional, las palizas, las agresiones sexuales, el acoso en la calle y las violaciones afectan a una comunidad entera, tal y como el racismo hace.

Al día siguiente, asistí a un taller sobre prevención de la violencia de género facilitado por Katz. Allí planteó una pregunta a todos los hombres en la sala: “¿Qué cosas hacéis para protegeros de ser violados o agredidos sexualmente?”

Ni un solo hombre, incluido yo, pudo responder rápidamente la pregunta. Finalmente, un hombre levantó la mano y dijo: “Nada”. Entonces Katz preguntó a las mujeres: “¿Qué cosas hacéis para protegeros de ser violadas o agredidas sexualmente?” Casi todas las mujeres en la sala levantaron su mano. Una a una, cada mujer testificó:

“No establezco contacto visual con hombres cuando camino por la calle”, dijo una.

“No dejo mi copa sin vigilar en las fiestas”, dijo otra.

“Uso el apoyo de mis amigas cuando voy a fiestas”.

“Cruzo la calle cuando veo a un grupo de tíos caminando hacia mí”.

“Uso mis llaves como un arma en potencia”.

“Llevo conmigo un spray de autodefensa”.

“Vigilo qué ropa me pongo”.

Las mujeres continuaron durante varios minutos, hasta que su parte de la pizarra estuvo completamente llena de respuestas. El lado de la pizarra de los hombres estaba en blanco. Me quedé estupefacto. Nunca había oído a un grupo de mujeres decir esas cosas antes. Pensé en todas las mujeres que había en mi vida (incluyendo a mi madre, mi hermana y mi novia) y me di cuenta de que tenía mucho que aprender sobre género.

Días después de ese taller, Katz me ofreció el trabajo como especialista mentor-formador, y lo acepté. Aunque no sabía mucho sobre temas de género desde un punto de vista académico, rápidamente aprendí en el trabajo. Leí libros y ensayos de bell hooks, Patricia Hill Collins, Angela Davis y otras escritoras feministas.

Como la mayoría de hombres, me había tragado el estereotipo de que todas las feministas eran blancas, lesbianas, ataca-varones poco atractivas que odiaban a los hombres. Pero después de leer los trabajos de todas esas feministas negras, me di cuenta de que esto estaba muy alejado de la realidad. Tras investigar a fondo su trabajo, llegué a respetar de verdad la inteligencia, coraje y honestidad de estas mujeres.

Las feministas no odiaban a los hombres. De hecho, les querían. Pero tal y como mi padre había silenciado a mi madre durante sus discusiones para evitar escuchar sus quejas, los hombres silenciaron a las personas feministas, denigrándolas y haciendo oídos sordos sobre quiénes somos en realidad.

Aprendí que las feministas ofrecían una importante crítica sobre una sociedad dominada por los varones que, rutinaria y globalmente, trataba a las mujeres como ciudadanos de segunda clase. Ellas decían la verdad, e incluso siendo un hombre, su verdad me hablaba a mí. A través del feminismo, desarrollé un lenguaje que me ayudó a expresar mejor cosas que había experimentando creciendo como un hombre.

Los escritos feministas sobre el patriarcado, el racismo, el capitalismo y el machismo estructural conectaban conmigo porque había presenciado de primera mano el tipo de dominación machista a la que ellas desafiaban. Lo vi de niño en mi casa y lo perpetué siendo adulto. Su análisis de la cultura y comportamiento de los hombres me ayudó a poner el patriarcado de mi padre en un contexto social más grande, y también me ayudó a entenderme mejor.

Decidí que me encantaban las feministas y abracé el feminismo. El feminismo no sólo da voz a las mujeres, sino que allana el camino a los hombres para liberarse del dominio de la masculinidad tradicional. Cuando herimos a las mujeres en nuestras vidas, nos herimos a nosotros mismos y herimos a nuestra comunidad también.

Según me fui haciendo adulto, el comportamiento de mi padre hacia mi madre cambió. Con la edad se suavizó, y dejó de ser tan poco razonable y tan verbalmente agresivo. Mi madre llegó a hacerse valer cuando estaban en desacuerdo.

Me impactó oírla decir la última palabra y que mi padre la escuchara sin enfadarse. Fue un gran cambio. Ninguno de ellos se consideraría a sí mismo feminista, pero creo que ambos aprendieron con el tiempo a ser individuos más completos que se trataban con respeto mutuo. Cuando mi padre murió de cáncer en 2007, lucía orgullosamente por la ciudad una gorra de béisbol que yo le había regalado y que decía: “Acaba con la violencia hacia las mujeres”. ¿Quién dice que los hombres no pueden ser feministas?


Autor: Byron Hurt (@byronhurt). Director de cine, escritor y productor musical.
Traducción: Elo y Mines
Artículo originalmente publicado en: TheRoot.com
 
Publicado por , y • 1 de febrero de 2013 en http://www.proyecto-kahlo.com/ 
 
 
 
El Chojín – Libre (con Donpa Y La Orquesta De Cámara Clave 1)

 
[Donpa]
Me gustaría, pararme, por un momento,
sentarme en un banco y disfrutar de un litro bien frío,
pensar en quién soy y de donde vengo, muy lejos
y aun no sé cómo, pero a donde he llegado.

No quiero cambiar este mundo,
pero si espero poder mejorarlo,
ya no temo la vida el miedo ha desaparecido,
y ahora soy libre, libre

[Chojín]
Libre, suena bien, ¿verdad?
poder ser libre para hablar, para ser libre, para pensar ,
sentirse libre vale aun mas que la propia libertad
haz cuentas, ¿Cuántas veces hiciste cosas
creyendo que no eras libre cuando en realidad si lo eras?
yo tengo claro que …

[Donpa]
Me levanto cada día para irme muriendo,
hago bien, pasa el tiempo, y yo no me muevo,
pero soy libre
Pensar en porque habéis nacido no es de locos
no creo que sea para perder el tiempo
menos aun siendo frágil y escaso
y por lo tanto, algo muy, muy, muy valioso

no quiero cambiar este mundo ,
pero si espero poder mejorarlo ,
ya soy fuerte y no pienso detenerme ,
ante absolutamente nadie,
libre, libre, como cantos en el aire
libre, libre a pesar de ser humano
me levanto cada día para irme muriendo,
hago bien pasa el tiempo, y yo no me muevo
Sobreviviré, a pesar de que juegues sucio,
sobreviviré , con o sin papeles o permisos
seguiré cantando aun después de muerto ,
libre, como cantos en el aire ,
hoy me siento libre, libre a pesar de ser humano.

[Chojín]
Libre, con lo sencilla que es la palabra
que complicado es muchas veces asimilarla
y entender que no hay nada,
nada que no se pueda hacer cuando se ponen ganas.
Yo soy el Scofield que escapa de esta cárcel de palabras,
las sensaciones son trampas,
trampas ideadas para poner a prueba nuestra capacidad para poder expresarlas,
pero yo, yo soy libre.
Soy libre porque puedo sentirme dueño de cada palabra que mi cabeza escribe,
soy libre porque nadie me dirige, porque yo soy quien decide,
quizá no se si equivocarme o acertar,
pero si que opción tomar cuando el camino se divide.
Yo soy libre, y soy fuerte, y soy orgulloso y puedo decirte
que no habrá una sola piedra que evite que arribe a la meta que este hombre persigue
que es sentirme feliz por las cosas que hice
y no arrepentirme de las que no hice,
porque eso, eso para mí es ser libre.
libre, como cantos en el aire, libre, a pesar de ser humano.

 

“…lo cotidiano se vuelve mágico, se vuelve mágico…” – “Como pájaros en el aire” – Peteco Carabajal

“Las Manos de la Ternura”. – Guayasamín

Las manos de mi madre
parecen pájaros en el aire,
historias de cocina
entre sus alas heridas de hambre.
Las manos de mi madre
saben que ocurre por las mañanas
cuando amasa la vida
horno de barro, pan de esperanza.

Las manos de mi madre
llegan al patio desde temprano.
Todo se vuelve fiesta
cuando ellas vuelan junto a otros pájaros.

Junto a los pájaros que aman la vida
y la construyen con el trabajo
arde la leña, harina y barro,
lo cotidiano se vuelve mágico,
se vuelve mágico.

Las manos de mi madre
me representan un cielo abierto
y un recuerdo añorado
trapos calientes en los inviernos.

Ellas se brindan cálidas,
nobles, sinceras, limpias de todo.
¿Cómo serán las manos
del que las mueve gracias al odio?

“Cómo pájaros en el aire”

Peteco Carabajal

“…cuando nace un niño hay que hacer una gran fiesta, no como cuando nace una niña…” La maldición de ser niña (Documental)

(hombre) –  “Cuando nace un niño hay que hacer una gran fiesta, no como cuando nace una niña…”
(mujer) – “Sí matamos, un cordero, una vaca, y hacemos un festín… nos vestimos de fiesta, cantamos y bailamos…”
(hombre) – “Yo por un hijo estoy dispuesto a endeudarme toda la vida para celebrar su nacimiento, toda la vida me oye…”

(mujer) – “Estoy de acuerdo con mi marido, es normal… Las niñas no traen dinero a la familia, no van al colegio, no saben leer ni escribir, nunca salen, sólo sirven para encargarse de las labores domésticas, de sus hermanos y de cocinar… Todas las mujeres quieren tener niños, porque cuando una mujer sólo tiene hijas al final su marido la abandona…. ”
(mujer entrevistadora) – ” ¿La abandona?”
(mujer) – ” Sí, y se vuelve a casar con otra para tener un hijo..”

(hombre) – “Eso es, te casas con otra con la esperanza de que sea una mujer de verdad capaz de darte un varón…”
(mujer entrevistadora) – “¿Y si con la segunda tampoco funciona?”
(hombre) – “Pues te casas por tercera vez, hasta que funcione…”
(hombre) – “Es muy sencillo, si una mujer sólo trae al mundo niñas, no tiene ningún valor, una mujer que no puede tener un varón no sirve para nada, es culpa suya, entonces la mandas a casa de sus padres…”

La maldición de ser niña. (minutos 19 y 20)

“..“La maldición de ser niña”, una producción francesa de 52 minutos de duración, dirigida por Manon Loizeau y Alexis Marant y producida por Capa TV, y Arte France, que refleja una terrible realidad que afecta a millones de mujeres en el continente asiático.

India, Pakistán y China son algunos de los países que practican el infanticidio, el aborto selectivo y más recientemente el feticidio. Cientos de miles de niñas desaparecen nada más nacer y ni la medicina ni las leyes han conseguido erradicar estas prácticas.

En la actualidad, el número de niñas no nacidas en el mundo podría ascender a los 100 millones. Son las llamadas “Missing women” o “Mujeres desaparecidas” como las ha definido la Premio Nobel india de Economía en 1998, Amartya Sen. Es principalmente en Asia donde estas prácticas están más extendidas.

Este documental ha obtenido, entre otros, el Prix Albert-Londres 2006, el Grand Prix y Prix du Public Figra 2007 y el Prix Etoile de la SCAM 2007.”

FUENTE: http://www.rtve.es

“…que se rompan los dogmas y el amor brote nuevo…” Jenny Londoño – Reencarnaciones

“…vengo desde el ayer…”

.

Vengo desde el ayer, desde el pasado oscuro,
con las manos atadas por el tiempo,
con la boca sellada desde épocas remotas.

Vengo cargada de dolores antiguos
recogidos por siglos,
arrastrando cadenas largas e indestructibles.

Vengo de lo profundo del pozo del olvido,
con el silencio a cuestas,
con el miedo ancestral que ha corroído mi alma
desde el principio de los tiempos.

Vengo de ser esclava por milenios.

Sometida al deseo de mi raptor en Persia,
esclavizada en Grecia bajo el poder romano,
convertida en vestal en las tierras de Egipto,
ofrecida a los dioses de ritos milenarios,
vendida en el desierto
o canjeada como una mercancía.

Vengo de ser apedreada por adúltera
en las calles de Jerusalén,
por una turba de hipócritas,
pecadores de todas las especies
que clamaban al cielo mi castigo.

He sido mutilada en muchos pueblos
para privar mi cuerpo de placeres
y convertida en animal de carga,
trabajadora y paridora de la especie.

Me han violado sin límite
en todos los rincones del planeta,
sin que cuente mi edad madura o tierna
o importe mi color o mi estatura.

Debí servir ayer a los señores,
prestarme a sus deseos,
entregarme, donarme, destruirme
olvidarme de ser una entre miles.

He sido barragana de un señor de Castilla,
esposa de un marqués
y concubina de un comerciante griego,
prostituta en Bombay y en Filipinas
y siempre ha sido igual mi tratamiento.

De unos y de otros,  siempre esclava.
de unos y de otros,  dependiente.

Menor de edad en todos los asuntos.
Invisible en la historia más lejana,
olvidada en la historia más reciente.

Yo no tuve la luz del alfabeto
durante largos siglos.

Aboné con mis lágrimas la tierra
que debí cultivar desde mi infancia.

He recorrido el mundo en millares de vidas
que me han sido entregadas una a una
y he conocido a todos los hombres del planeta:
los grandes y pequeños, los bravos y cobardes,
los viles, los honestos, los buenos, los terribles.

Mas casi todos llevan la marca de los tiempos.

Unos manejan vidas como amos y señores,
asfixian, aprisionan, succionan y aniquilan;
otros manejan almas, comercian con ideas,
asustan o seducen, manipulan y oprimen.

Unos cuentan las horas con el filo del hambre
atravesado en medio de la angustia.

Otros viajan desnudos por su propio desierto
y duermen con la muerte en la mitad del día.

Yo los conozco a todos.

Estuve cerca de unos y de otros,
sirviendo cada día, recogiendo migajas,
bajando la cerviz a cada paso, cumpliendo con mi karma.

He recorrido todos los caminos.


He arañado paredes y ensayado cilicios,
tratando de cumplir con el mandato
de ser como ellos quieren,
mas no lo he conseguido.

Jamás se permitió que yo escogiera
el rumbo de mi vida
y he caminado siempre en una disyuntiva:
ser santa o prostituta.

He conocido el odio de los inquisidores,
que a nombre de la “santa madre Iglesia”
condenaron mi cuerpo a su sevicia
o a las infames llamas de la hoguera.

Me han llamado de múltiples maneras:
bruja, loca, adivina, pervertida,
aliada de Satán,
esclava de la carne,
seductora, ninfómana,
culpable de los males de la tierra.

Pero seguí viviendo,
arando, cosechando, cosiendo
construyendo, cocinando, tejiendo
curando, protegiendo, pariendo,
criando, amamantando, cuidando
y sobre todo amando.

He poblado la tierra de amos y de esclavos,
de ricos y mendigos, de genios y de idiotas,
pero todos tuvieron el calor de mi vientre,
mi sangre y su alimento
y se llevaron un poco de mi vida.

Logré sobrevivir a la conquista
brutal y despiadada de Castilla
en las tierras de América,
pero perdí mis dioses y mi tierra
y mi vientre parió gente mestiza
después que el castellano me tomó por la fuerza.

Y en este continente mancillado
proseguí mi existencia,
cargada de dolores cotidianos.

Negra y esclava  en medio de la hacienda,
me vi obligada a recibir al amo
cuantas veces quisiera,
sin poder expresar ninguna queja.

Después fui costurera,
campesina, sirvienta, labradora,
madre de muchos hijos miserables,
vendedora ambulante, curandera,
cuidadora de niños o de ancianos,
artesana de manos prodigiosas,
tejedora, bordadora, obrera,
maestra, secretaria o enfermera.

Siempre sirviendo a todos,
convertida en abeja o sementera,
cumpliendo las tareas más ingratas,
moldeada como cántaro por las manos ajenas.


Y un día me dolí de mis angustias,
un día me cansé de mis trajines,
abandoné el desierto y el océano,
bajé de la montaña,
atravesé las selvas y confines
y convertí mi voz dulce y tranquila
en bocina del viento
en grito universal y enloquecido.

Y convoqué a la viuda, a la casada,
a la mujer del pueblo,  a la soltera,
a la madre angustiada,
a la fea, a la recién parida,
a la violada, a la triste, a la callada,
a la hermosa, a la pobre, a la afligida,
a la ignorante, a la fiel, a la engañada,
a la prostituida.

Vinieron miles de mujeres juntas
a escuchar mis arengas.


Se habló de los dolores milenarios,
de las largas cadenas
que los siglos nos cargaron a cuestas.

Y formamos con todas nuestras quejas
un caudaloso río que empezó a recorrer el universo
ahogando la injusticia y el olvido.

El mundo se quedó paralizado
¡Los hombres sin mujeres no caminan!

Se pararon las máquinas, los tornos,
los grandes edificios y las fábricas,
ministerios y hoteles, talleres y oficinas,
hospitales y tiendas, hogares y cocinas.

Las mujeres, por fin, lo descubrimos
¡Somos tan poderosas como ellos
y somos muchas más sobre la tierra!

¡Más que el silencio y más que el sufrimiento!
¡Más que la infamia y más que la miseria!


Que este canto resuene
en las lejanas tierras de Indochina,
en las arenas cálidas del África,
en Alaska o América Latina.

[…llamando a la igualdad entre los géneros
a construir un mundo solidario
–distinto, horizontal, sin poderíos-
a conjugar ternura, paz y vida,
a beber de la ciencia sin distingos,
a derrotar el odio y los prejuicios,
el poder de unos pocos,
las mezquinas fronteras,
a amasar con las manos de ambos sexos
el pan de la existencia.]

[Que hombre y mujer se adueñen
de la noche y el día,
que se junten los sueños y los goces
y se aniquile el tiempo del hambre y la sequía.

Que se rompan los dogmas y el amor brote nuevo.
Hombre y mujer,  sembrando la semilla,
mujer y hombre tomados de la mano,
dos seres únicos, distintos, pero iguales.]

Jenny Londoño,[1] Reencarnaciones[2]


[1] Poeta, ensayista y cuentista ecuatoriana, es una feminista y una historiadora de las mujeres ampliamente reconocida en su país.

[2]  Este poema obtuvo el primer premio en el concurso de poesía “Gabriela Mistral”, realizado por el Club Femenino de Cultura, el Ministerio de Educación y la Embajada de Chile, en Quito, Ecuador, 1992.

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 FUENTE de TEXTO: 
Ideas feministas de Nuestra América

Imágenes de Oswaldo Guayasamín

” …si puedes seguirme en las alas del viento, a mundos muy lejos del sol…” Marta Gómez

“Si puedes seguirme en las alas del viento
A mundos muy lejos del sol,
Encontrarás en tu volar
Mi huella en la oscuridad.

Si sigues mi voz a través de la luna
Y ves a una estrella brillar,
Me encontrarás allí en su luz
En el frío del anochecer.

Si puedes seguirme en las alas del viento
A mundos muy lejos del sol,
Dejar este mundo que viejo está,
Un instante, una eternidad.

Si logras amarme hasta el fin del amor
Y nunca a la muerte temer,
Aprenderás a sonreír,
Un instante, una última vez.”

Marta Gomez
“Si puedes seguirme”