…amanecer salvaje…

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“…piense con cautela, pero piense…” Cap 9: “Tareas para osadas y valientes” – Harriet Lerner: “La danza de la ira”

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“Recuerde que las mujeres cargamos con un antiguo legado:
asumir la responsabilidad de sentimientos ajenos
y de cuidar de los demás a expensas de nosotras mismas.

Es probable que algunas lo hagamos recogiéndoles los calcetines sucios,
o bien “sintiendo por ellos”;
otras nos mostramos menos fuertes, independientes
y competentes de lo que podemos ser
para que los hombres que nos importan no se sientan amenazados.

Cambiar nuestro legado es posible, pero no es fácil.
Al comienzo piense con cautela, pero piense. ”
(p.178)

Cap 9: “Tareas para osadas y valientes”
Harriet Lerner –  “La danza de la ira”
Harper Libros, 1995.

Más en:

“¿Por qué la cuestión ‘¿Quién es responsable de qué?’ es tan enigmática para las mujeres?”
Fragmento de Cap. 7: “¿Quién es responsable de qué? La cuestión más espinosa del enojo”
– Harriet Lerner: “La danza de la ira”

“Atesora tu poder. Defiéndelo. Hazlo por ti. Te lo pido en nombre de todas nosotras.” Gioconda Belli – CONSEJOS PARA LA MUJER FUERTE

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CONSEJOS PARA LA MUJER FUERTE

Si eres una mujer fuerte
protégete de las alimañas que querrán
almorzarte el corazón.
Ellas usan todos los disfraces de los carnavales de la tierra
Se visten como culpas, como oportunidades,
como precios que hay que pagar
Te hurgan el alma;
meten el barreno de sus miradas o sus llantos,
hasta lo más profundo del magma de tu esencia
no para alumbrarse con tu fuego
sino para apagar la pasión
la erudición de tus fantasías.

Si eres una mujer fuerte
tienes que saber que el aire que te nutre
acarrea también parásitos, moscardones,
menudos insectos que buscarán alojarse en tu sangre
y nutrirse de cuanto es sólido y grande en ti.

No pierdas la compasión, pero témele a cuanto conduzca
a negarte la palabra, a esconder quien eres,
lo que te obligue a ablandarte
y te prometa un reino terrestre a cambio
de la sonrisa complaciente.

Si eres una mujer fuerte
prepárate para la batalla:
aprende a estar sola
a dormir en la más absoluta oscuridad sin miedo,
a que nadie te tire sogas cuando ruja la tormenta,
a nadar contra corriente.

Entrénate en los oficios de la reflexión y el intelecto.
Lee, hazte el amor a ti misma, construye tu castillo,
rodealo de fosos profundos,
sin olvidar anchas puertas y ventanas.

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Es menester que cultives enormes amistades
que quienes te rodeen y quieran, sepan lo que eres;
que te hagas un círculo de hogueras
y enciendas en el centro de tu habitación
una estufa siempre ardiente
donde se mantenga el hervor de tus sueños.

Si eres una mujer fuerte
protégete con historias y árboles,
con recetas antiguas de cantos y encantamientos.

Has de saber que eres un campo magnético
hacia el que viajarán aullando clavos herrumbados
y el óxido mortal de todos los naufragios.

Ampara.
Pero amparate primero.
Guarda las distancias.
Constrúyete. Cuidate.

Atesora tu poder.
Defiéndelo.
Hazlo por ti.
Te lo pido en nombre de todas nosotras.

 

Gioconda Belli

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“…tus amigos conocen tu canción y te la cantan cuando la olvidaste…” Tolba Phanem – Reconocer nuestra propia canción

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“Reconocer nuestra propia canción” Tolba Phanem

Cuando una mujer de cierta tribu de África sabe que está embarazada, se interna en la selva con otras mujeres y juntas rezan y meditan hasta que aparece la canción del niño. Saben que cada alma tiene su propia vibración que expresa su particularidad, unicidad y propósito. Las mujeres entonan la canción y la cantan en voz alta. Luego retornan a la tribu y se la enseñan a todos los demás.

Cuando nace el niño, la comunidad se junta y le cantan su canción. Luego, cuando el niño comienza su educación, el pueblo se junta y le canta su canción. Cuando se inicia como adulto, la gente se junta nuevamente y canta. Cuando llega el momento de su casamiento, la persona escucha su canción.

Finalmente, cuando el alma va a irse de este mundo, la familia y amigos se acercan a su cama e, igual que para su nacimiento, le cantan su canción para acompañarlo en la transición.

En esta tribu de África hay otra ocasión en la cual los pobladores cantan la canción. Si en algún momento, durante su vida, la persona comete un crimen o un acto social aberrante, se lo lleva al centro del poblado y la gente de la comunidad forma un círculo a su alrededor. Entonces le cantan su canción.

La tribu reconoce que la corrección para las conductas antisociales no es el castigo; es el amor y el recuerdo de su verdadera identidad. Cuando reconocemos nuestra propia canción ya no tenemos deseos ni necesidad de hacer nada que pudiera dañar a otros.

Tus amigos conocen tu canción y te la cantan cuando la olvidaste. Aquellos que te aman no pueden ser engañados por los errores que cometes o las oscuras imágenes que muestras a los demás. Ellos recuerdan tu belleza cuando te sientes feo; tu totalidad cuando estás quebrado; tu inocencia cuando te sientes culpable y tu propósito cuando estás confundido.

No necesito una garantía firmada para saber que la sangre de mis venas es de la tierra y sopla en mi alma como el viento, refresca mi corazón como la lluvia y limpia mi mente como el humo del fuego sagrado.

(“Reconocer nuestra propia canción”, Tolba Phanem, poetisa, Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos”)

publicado por http://mesacamillaenparis.blogspot.com


Descarga la presentación en “Nuestra Propia Canción

 

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“…como el humo del fuego sagrado”. Tolba Phanem, poeta Africana

“…tú eres una diosa, tú eres poderosa…” El Arrebato – “Mirando pa ti”

“en homenaje a los hombres que dan la mano “

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¿Sabes lo que te digo?
que ahora mismo me das la mano
y salimos los dos de este cuarto lleno de recuerdos

¿Sabes lo que te digo?
que se acabó,
que nos vamos por ahí,
por los bares, por las calles, a donde sea,
que vamos a encender el motor del olvido
y vamos a cerrar para siempre esa caja llena de cristales
que te hieren el alma,

¿Sabes lo que te digo?
que se acabó,
que se acabó todo esto,
que aqui tienes un colega,
que aqui tienes un amigo..

Ahora que ese idiota ya se fue,
ahora que termina la mentira,
ahora es el momento de escapar de tu lamento
y de dar la bienvenida a tu vida.

Y volver a vivir mirando pa ti,
volver a sentirte toa guapa,
hacer lo que quieras entrar o salir
sin nadie colgado a tu espalda,
quien quiera quererte tendra que saber
que tu vales mas que la alhambra,
que ya se acabó el vivir para nadie
que nada merece tus lágrimas

Sacúdete el dolor mira p’alante,
detrás tan solo quedan telarañas,
tu eres una diosa tu eres poderosa
y ahora es infinita tu mirada,

que ahora que ese idiota ya se fue,
abre las ventanas que entre el aire,
ya se acabó el no puedo, con tus dos pares de remos
volveras a ser princesa de los mares.

Y volver a vivir mirando pa ti,
volver a sentirte toa guapa,
hacer lo que quieras entrar o salir
sin nadie colgado a tu espalda,
quien quiera quererte tendra que saber
que tu vales mas que la alhambra,
que ya se acabó el vivir para nadie
que nada merece tus lágrimas

Tu vida es ahora un lienzo blanco,
dibújale el paisaje que tu quieras,
no vuelvas la mirada, detrás no queda nada,
en tu mundo se acabaron las fronteras..

Y volver a vivir mirando pa ti,
volver a sentirte toa guapa,
hacer lo que quieras entrar o salir
sin nadie colgado a tu espalda,
quien quiera quererte tendra que saber
que tu vales mas que la alhambra,
que ya se acabó el vivir para nadie
que nada merece tus lágrimas

“Mirando pa ti” El Arrebato

“…aprende a cerrar los ojos para ver mejor…” Frei Betto – “Haz nuevo tu año” (Brasil, 2007)

Haz nuevo tu año

Frei Betto –  20.12.07 – Brasil

En este año nuevo

  • hazte nuevo,
  • reduce tu ansiedad,
  • cultiva flores en la esquina de tu alma,
  • riega de ternura tus sentimientos más profundos,
  • imprime a tus pasos el ritmo de las tortugas y la levedad de las garzas.

No te mires en los otros;

  • la envidia es un cáncer que mina la autoestima,
  • fomenta la agitación y abre, en medio del corazón, el agujero en el que se precipita el mismo envidioso.

Mírate en ti mismo,

  • asume tus talentos,
  • cree en tu creatividad,
  • abraza con amor tu singularidad.
  • Evita, sin embargo, una mirada narcisista.
  • Sé solidario; al extender hacia los demás tus manos estarás oxigenando tu propia vida.
  • No te conviertas en rehén de tu egoísmo.

Cuídate de la lengua.

  • No profieras difamaciones ni injurias: El odio destruye a quien odia, no al odiado.
  • Cambia la maledicencia por la benevolencia.
  • Comprométete a expresar al menos cinco elogios por día; tu salud espiritual lo agradecerá.

No desperdicies tu existencia

  • hipnotizado por la televisión o navegando alocadamente por internet, náufrago en el remolino de imágenes e informaciones que no consigues transformar en síntesis racional.
  • No dejes que la espectacularidad de los medios anule tu capacidad de soñar y te transforme en consumista compulsivo. La publicidad sugiere felicidad y sin embargo no ofrece más que placeres momentáneos.

Centra tu vida en bienes infinitos, nunca en los finitos.

  • Lee mucho, reflexiona, atrévete a buscar el silencio en este mundo ruidoso. Allí te encontrarás  a ti mismo y, con seguridad, a Otro que vive en ti y que casi nunca es escuchado.

Cuida tu salud,

  • pero sin la obsesión de los anoréxicos ni la compulsión de quienes devoran alimentos con los ojos.
  • Camina, practica ejercicios aeróbicos, sin descuidar acariciar tus arrugas, y no temas a las señales del tiempo en tu cuerpo.
  • Frecuenta también una escuela de ejercitar el espíritu.
  • Y ponle cremas revitalizadoras de la generosidad y de la compasión.

No le des importancia a lo fugaz,

  • ni confundas lo urgente con lo prioritario.
  • No te dejes arrastrar por las modas.
  • Haz como Sócrates: observa cuántas cosas se ofrecen en los mercados que tú no necesitas para ser feliz.
  • Jamás dejes pasar un día sin un momento de oración. Si no tienes fe, sumérgete en tu vida interior, aunque sólo sea durante cinco minutos.

No te dejes desilusionar por el mundo que te rodea. Así lo hicieron personas semejantes a nosotros. Has de saber que estás llamado a transformarlo.

  • Si te causa fastidio la política, recibirás la gratitud de los políticos que la corrompen.
  • Si eres indiferente, te lo agradecerán los que se apegan a ella.
  • Si reaccionas y actúas, te podrán temer, pero la democracia se hará más participativa.

En el 2008 celebraremos el 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

  • Practícala en tu casa, con tus hijos y tu compañero(a).
  • No trates a tu empleada como a una semiesclava.
  • Remunérala con un salario digno y permítele que pueda mejorar la calidad de su vida.

Arranca

  • de tu mente todos los prejuicios y de tus actitudes todas las discriminaciones.
  • Sé tolerante, ponte en el lugar del otro. Todo ser humano es el centro del universo y es morada viva de Dios. Antes pregúntate a ti mismo por qué provocas en alguien antipatía, rechazo o disgusto.
  • Revístete de alegría y serenidad. La vida es breve y de antemano sabemos que vamos a morir.

Haz algo

  • para preservar el medio ambiente,
  • para sanear el aire y el agua,
  • para reducir el calentamiento global.
  • No uses material no biodegradable.
  • Trata la naturaleza como lo que ella es de hecho: tu madre. De ella viniste y a ella volverás; vives del beso que te da continuamente en la boca: ella te nutre de oxígeno y de alimentos.

Reserva un espacio en tu jornada para conectarte con el Trascendente.

  • Deja que Dios acampe en tu subjetividad.
  • Aprende a cerrar los ojos para ver mejor.

¡Feliz 2008!

[Autor de “Sabor de uva”, entre otros libros].

Traducción de J.L.Burguet

http://www.adital.com.br/site/noticia2.asp?lang=ES&cod=31119

“…el vino de la esperanza y de la alegría…” Gustavo Quiceno – “La estrella de David”

La estrella de David

David era un buen hombre, era un quijote sin mancha, era el abogado de los pobres… Un Hombre de utopías, de fe y un crédulo en unicornios…

Recuerdo la primera vez que le vi de frente. Era una mañana de no se qué mes de comienzos de 1994, en el hospital del pueblo, en la sala de espera.  Fue él quien me dirigió primero la palabra al verme sentado a su lado:

¡Vaya si hay harta gente hoy! Normalmente no es así, pues los martes sólo es para las consultas de la gente de la zona urbana…

¿Sí? –le respondí yo con diligencia al cerciorarme de que era a mi a quien hablaba. Yo tenía entre mis manos un libro que había comenzado a leer aquella mañana, se trataba de un libro sobre Ernesto Guevara, el “Che”…

– ¿De qué se trata? – me preguntó sonriéndome esta vez, a la vez que señalaba con su dedo.

– Es del “Che Guevara”, usted lo conoce ¿no?

– Claro, es de mis ídolos , mi “tocayo” es de nuestra generación, la mía, lo admiro mucho… A quien no conozco es a usted -me dijo-, es la primera vez que lo veo.

– Lo mismo digo yo de usted… Pero lo que pasa es que yo vengo de viaje, estuve tres años fuera de Villa Luna, yo estaba estudiando filosofía en España, y hace ya casi un mes que llegué.

– ¡Ah! ¡Con razón! Permítame presentarme, mi nombre es David Ernesto Durán, yo no soy de aquí, pero mi esposa sí… yo vengo del departamento vecino y estamos viviendo acá hace casi un año… Exactamente ocho meses largos.

– Mucho gusto, yo soy Augusto Quintero –le dije, a la vez que juntaba mi diestra a la suya, una mano grande, blanca y fuerte.

Y que lo trae por acá -me siguió preguntando.

Lo que pasa es que necesito conseguir trabajo y me han exigido un certificado médico para entregar mi carpeta y concursar con varios candidatos para un empleo de maestro.

– ¿Trabajo? ¿Dónde?

– Con la alcaldía. Busco una vacante de profesor, posiblemente en la Normal.

– Mi esposa trabaja allí. Si usted es de acá como dice, de Villa Luna, debe conocerla…

– ¿Cómo se llama? –le respondí

– Edith… Edilsa Benavidez.

– Claro que sí. ¿De la familia de los Benavides de la Aldea?

– Si, aquí pasó su niñez y parte de la juventud. Yo la conocí en la capital de mi departamento, para más señas en la universidad, allá nos hicimos novios, nos graduamos y después nos casamos.

La familia Benavidez fueron mis vecinos, habitaron la misma calle que nosotros durante varios años.

En ese momento, vi una mujer encinta que se acercaba.

– ¡Hola! -nos dijo sonriendo.

De un sólo impulso David se puso de pie y mirándome fijamente a los ojos y con cierto orgullo me dijo: – Esta es mi esposa, Edith… Edith, te presento a este joven , un amigo que acabo de conocer.

El rostro de aquella mujer de mediana edad me resultaba familiar. Yo la había visto alguna ocasión. No le había mentido a mi nuevo amigo; de verdad yo la conocía.

– Mucho gusto -le dije también a la vez que ambos sonreíamos y nuestras manos se estrechaban.

– ¿Qué te dijo la doctora? -imprecó ahora David a su esposa.

Por su respuesta pude comprobar que había venido para el control prenatal. Esperaban un hijo, el segundo.

– Sin ningún problema, todo va bien -le explicaba su simpática esposa.

– ¿Se conocen o no? -nos preguntó David.

¿De dónde viene usted ? Viene de afuera, me imagino.

– ¡No! -le dije categóricamente- Yo al igual que usted soy villaluno. Lo que pasa es que cuando su familia se fue de aquí, quizás yo estaba muy pequeño… y hace poco regresé después de una temporada en España. En efecto, mi papá es Tiberio Sanclemente, y usted debe conocerlo..

– ¡Cómo no! Su papá es muy conocido, comerciante cafetero y abarrotero como mi papá.

Don Enrique Benavidez… ¿cierto? ¿sigue trabajando?

– ¡Si! Vive en la capital, trabaja no tanto como antes, ya la enfermedad y la vejez lo han hecho disminuir, pero ahí va.

– Yo debo conservar la imagen de su familia, y la imagen suya en mi memoria infantil. Por eso es que me pareció conocerla…

En ese momento fui llamado desde la casilla de consultas, y mi pregunta sobre la fecha en que esperaba el parto quedó entre mis labios.

– Me llaman… ¡disculpen!

– Nosotros también ya nos vamos -me dice David.

– Sí, yo debo ir al colegio, tengo curso dentro de una hora –afirma la bella dama, a la vez que miraba su reloj.

– Bueno, nos veremos de nuevo –acota David- Con todo este pueblo es pequeño… ¡Hasta pronto!

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En todo caso yo conseguí el certificado médico y con ello un empleo como profesor en la Normal de Villa Luna. Acababa de llegar de regreso a mi pueblo. Era el comienzo de una nueva etapa de mi vida. Una nueva experiencia se abría ante mi. Gracias a una beca había partido tres años atrás para España y en la Universidad Complutense de Madrid había obtenido el título en Filosofía y Letras. Pero en el fondo yo tenía inquietud vocacional.

De alguna manera el sacerdocio me atraía, mas no la idea de tener que entrar a un seminario. Reglamento, ritos, rezos, etc… Todo lo que se pasaba al interior de un claustro de ese tipo me daba cierta fobia. Así pues, decidí hacer la filosofía como un universitario en el mundo, de laico y luego mirar como hacer para la formación teológica, complemento y exigencia necesarios para llegar a ser sacerdote…

Lo cierto es que había logrado finalizar la primera etapa del camino y ahora estaba en mi pueblo, a donde había vuelto con la esperanza de retornar a España más adelante y ver el modo de continuar con los estudios teológicos y hacerme “clérigo extra seminario”. Cosa difícil, pues, al final, las circunstancias económicas familiares me obligaron a quedarme y esperar que el panorama se aclarara.

El domingo siguiente, esa misma semana del encuentro con David y su esposa, fui a la misa de mediodía y escuché como el párroco invitaba a una reunión al día siguiente a las personas que estuvieran interesadas en ser catequistas o colaborar de un modo cercano con la labor de evangelización. Aquello “me sonó” y decidí sin titubeos asistir. Lunes 7:30 de la noche después de la eucaristía yo llegué y me sorprendí al ver entre los presentes a la simpática pareja del encuentro, días atrás en el Hospital.

Supe entonces, que David y Edith desde varios meses atrás estaban comprometidos con la labor evangelizadora de la parroquia y eran asesores valiosos de los curas. Él era catequista de confirmación y su esposa ofrecía asesorías psicológicas. Y, todavía más interesante, daban juntos cursillos prematrimoniales así como terapias de pareja. Lo suyo era lo que se llamaba una verdadera “pastoral de familia”.

No recuerdo cómo, ni en qué momento, David y yo nos encontramos trabajando juntos en un proyecto de programa radial. Claro, con objetivos parroquiales… El Padre José Darío quería revivir un programa para anunciar la palabra de Dios y que fuera un vínculo eclesial con la comunidad.

Lo simpático era que los dos no teníamos experiencia en ese campo de la didáctica y técnica de las hondas hertzianas, sin embargo “nos le medimos” a la empresa. Así fue como comenzó una amistad que se afianzaría con el paso del tiempo.

Sacábamos nuestros ratos libres, de nuestros empleos o trabajos oficiales y cada semana elegíamos un día y unas horas para sentarnos frente a su computador, en compañía de un tinto y un té, donde él dejaba por un rato de lado sus cuentas, números y planillas, pues supe que su especialidad era la contabilidad y con la ayuda de su ordenador fue posible digitar los libretos semanales de “comunidad en pie” como el había sugerido que se llamara el programa.

Yo estuve de acuerdo no sin sospechar que aquel título respiraba un ideal o un sueño “comunista” que albergaba muy dentro mi amigo… Pero si David era un comunista, era un “comunista” que amalgamaba esta doctrina y sus postulados con la Palabra de Dios y con todo lo de la fe cristiana.

Solía decir que Jesucristo era a su manera un comunista incomprendido.

En los momentos de pausa de aquel trabajo en concreto hablábamos de lo sagrado y lo profano, bastante sobre Jesús y Carlos Marx, pasando por “El Che”… De literatura y filosofia, de política y de religión, de la actualidad mundial y nacional…

Era alguien muy cultivado. A sus 45 años se le veía el esfuerzo por conformar con su esposa y su primer hijo un hogar ejemplar, donde el amor y el respeto se imponían como reglas de oro… Nuestra diferencia de edad no era ningún obstáculo (pues yo tenía en la época 25) para entendernos, discutir y estar de acuerdo en lo fundamental, en lo que realmente importaba, en los valores de la justicia, de la verdad, de la honestidad…

Hacía poco menos de dos años había aparecido en el país un instrumento de defensa de los derechos mínimos del ciudadano llamado “acción de tutela”, consistente en una expresión escrita de una persona o comunidad ante un juez público donde se denunciaba un atropello o una injusticia que se sentía y reclamar de esa manera un derecho de reivindicación o de justicia. Pronto, en medio de nuestro trabajo y después de varios días de amistad, pude darme cuenta que mucha gente venía a buscarlo para pedir su ayuda, su consejo y finalizar en la redacción de una “tutela”. Se trataba de campesinos y gente tenida por “marginada”.

David,  decía su esposa, era un “abogado frustrado”, había soñado con estudiar derecho pero por diversas circunstancias de la vida sólo pudo estudiar contabilidad. En Villa Luna ganaba su vida como contador público, desempeñándose como asesor de las cuentas y balances de propietarios de comercio (abacerías, panaderías, etc). Para mí era un “duro de los números” y un “afiebrado por la ley y la justicia”. Su música preferida era la clásica de Tchaikovski, o la nueva trova cubana, de manera especial las canciones de Pablo Milanés y Silvio Rodríguez…“el unicornio azul” de este último era su canción preferida.

En fin, David era un buen hombre, era un quijote sin mancha, era el abogado de los pobres… Un Hombre de utopías, de fe, un crédulo en unicornios…

Muy pronto en Villa Luna mi amigo se volvió bandera de contradicción.

Algunos le amaban, otros pronto vieron en él una amenaza, un estorbo para lograr sus intereses nefastos de riqueza, politiquería y opresión de la gente…

Y es que lo mas “mínimo”, la menor trasgresión de los valores morales le ofuscaba y no dudaba en manifestar con valentía su desacuerdo. Muy pronto fue tachado de “retrógrado”, de “beato mísero”, de “leguleyo” y “aguafiestas”.

En las postrimerías del siglo XX, David veía que quienes más estaban amenazados por los antivalores eran los jóvenes y los niños… Veía con recelo la politiquería pero soñaba con la política limpia y preocupada con lealtad por los intereses del pueblo. Era por ello, que en los días de campaña se adhería al candidato que según él mejor interpretaba los intereses populares.

Pero, como en todo lugar, la “maquinaria política” de los viejos caciques le impidió llegar lejos con sus candidatos y sus “partidos verdes y de arco iris” que pregonaban la esperanza, la justicia, el respeto a la vida y la ecología…

Aun así, la primera vez del intento, recuerdo que logró ganar un escaño en el grupo del concejo municipal, conformado por las diversas corrientes. Así, David fue nombrado en un puesto que no esperaba y que no llenaba sus expectativas: un puesto de planeador municipal, cuando hubiera preferido la personería o la secretaría de educación, y poder hacer algo concreto por la justicia, el derecho y la promoción de los valores entre la niñez y la juventud.  Muy pronto y con sabiduría mi amigo se dio cuenta de lo inútil de aquel “puesto” donde quien mandaba en realidad era el propio alcalde, agregándole además el grave impedimento que implicaba para los objetivos de esta oficina, la grande deuda en que había dejado sumido al municipio el anterior burgomaestre. Así, con limitaciones de presupuesto y desvíos de fondos, como lo constató después, era imposible hacer algo, y con “gallardía” decidió renunciar para no prestarse a ser un “títere” manipulado por cualquiera…

Al lado de David estuve cuatro años. David era mi amigo, otro padre para mi, una luz, una estrella… Le admiraba su arrojo, sus convicciones, su espíritu de justicia. Y de su espíritu de colaboración, su gratuidad, el encontrar tiempo para todo,  aprendí mucho.

Pero su destino estaba marcado.

Antes de dejarle a causa de mi viaje, justo el domingo después de la misa de mediodía lo vi por última vez salir del templo con su hijo pequeño Isaías a quien llevaba de la mano. Le vi el aire melancólico en su rostro, existía cualquier cosa que le preocupaba, pensaba que era por mi partida, pues el padre José al final de la eucaristía confirmó a toda la comunidad parroquial mi partida esa misma semana para Europa donde había sido aceptado por una comunidad misionera belga y así finalizar y realizarme como sacerdote.

El proyecto mío ante todo era estudiar el francés y luego hacer la teología en Lovaina, después iría a lo que llamaban un convento o alguna comunidad para tener una experiencia y ya veríamos… Pero David ya sabía de mis intenciones y se había mostrado contento y es más, junto a mi madre, era él quien más me había motivado y animado a decidirme a continuar en mi proyecto, a entrar a un claustro oficial de formación sacerdotal… “Esa es su vocación Augusto… reconózcalo, no tenga miedo” –me dijo- “es más, créame lo que le digo: si yo no me hubiera casado me habría metido de cura…” – y reenforzaba- : “Pa’ delante hombre… ¡Animo!”

Les diré, no sé por qué no pude despedirme de David y su familia. Dos noches antes de mi partida del pueblo, quedamos en que yo iría su casa. Y cualquier cosa me hizo olvidar de esa cita, de igual modo, al día siguiente, ahora fue él quien había venido con Edith y sus dos hijos para decirme adiós y tampoco me encontró… Al final yo me fui y nuestra despedida no fue posible…

Mientras iba en el bus, durante los primeros kilómetros y al mismo tiempo que contemplaba las colinas y el verde paisaje cafetero de mi terruño, a los que no sabía con certeza cuando volvería a ver, no dejaba de pensar también en mi familia, en todos mis amigos, partía con hermosos recuerdos vividos al lado de los alumnos, de tanta gente que amaba.

De pronto, recordé la frase de David Ernesto con la cual me sugería fuera a visitarlo por última vez: “Venga, necesito contarle algo…”

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Llevaría un mes en Europa, cuando recibí de mi familia la llamada una noche de plena estación de invierno para contarme una triste noticia. Mi amigo el apóstol había sucumbido por las balas de sus enemigos.

Su ángel guardián no pudo hacer nada por salvarle… me contaron que fue un domingo por la tarde, justo después de la misa cuando había decidido partir con ciertos papeles importantes hacia la capital para denunciar los atropellos de ciertos grupos y personas contra la población sobretodo campesina.

 Cuentan que mi amigo fue obligado a descender de la furgoneta antes de llegar al primer poblado vecino por dos hombres encapuchados que salieron de entre los matorrales con sendas armas de fuego. Solo a él se lo llevaron. Y la gente inerme no pudo hacer nada presa del miedo… Como ya era la costumbre aquellos hombres “oscuros” y “anónimos” que uno no sabía a cuál bando pertenecían o no se quería saber por “cobarde seguridad” y que conducían a los defensores del honor y de la vida hacia el sacrificio…

El cuerpo sin vida fue hallado dos días después por campesinos cerca del lugar del secuestro. Un tiro de “gracia” como le llamaban los infames fue encontrado en su cabeza, disco duro de proceso de datos por la defensa de la justicia y la vida.

Todavía hoy está en el aire la pregunta sobre la autoría del asesinato de “nuestro abogado de los pobres”, como ha ocurrido con tantos otros hombres de nuestro continente, que siempre entendieron que creer en Jesús es estar dispuesto a dar la vida, y fueron consecuentes, valientes…

Después de recibir la noticia, tardé en reponerme y tomar conciencia de lo sucedido, luego lloré amargamente, recé una oración en la lejanía por mi amigo de la viña, quien me enseñó con su testimonio y su vida de todos los días a beber el vino de la esperanza y de la alegría y del amor que no conoce el miedo.

Esa noche me dormí mientras en ensoñación recordaba las entretenidas y fructíferas conversaciones que tuvimos en ambiente de fraternidad y camaradería por la justicia, sobre lo vano y lo profundo.

No me fue posible visitarlo en su tumba, pero la fe en la que él mismo me aseguraba ahora con su entrega, me decía que estaba mejor ahora, y que su sacrificio no sería en vano…

Gustavo Quiceno , Camerún

“Cuento mención especial del Concurso del Cuento corto latinoamericano 2007 convocado anualmente por  http://www.servicioskoinonia.org


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