…amanecer salvaje…

Archivo para enero, 2009

“…como una libélula salvaje…” Patricia Gómez

libelula

Mis Guerreros

Hoy los guerreros que moran en mí están en huelga,

no tengo ganas de lidiar con mi humanidad,

la dejo que se recueste en algún prado imaginario

para que respire un poco de tempestad,

y vuele en ella y sea en ella como una libelula salvaje.

Dejaré que cabalgue en un ápice de luz para que reviva,

todo eso…, mientras duermo.

Patricia Gómez

DESDE http://patriciagomez.wordpress.com

Regreso

Refugiarme en un vértice de la vida.

Salir a transitar el mundo, sólo cuando me sienta segura.

Deslizarme por los verdes, los ocres y las noches,

cuando la ropa no me pese y mi valija,

no tenga nada por cuidar o sostener.

Perder el rumbo.

Borrar las huellas del fino polvo de la memoria,

cuando mis pies cansados, decidan detenerse.

Abrir mis brazos, alas.

Volar sin dirección, sin miedos

a cada lluvia,

cada color

en su estación.

Abrir los ojos, cerrarlos

y en la intermitencia

observar la linea de lo inobservable

Caer en la cuenta

sumar

restar

igualar

y ser la cuenta,

dónde la matemática no es exacta,

y las estrellas están muy lejos para alcanzarlas.

Ver su luz transfigurada.

Descubrir mi piel ante nadie

sentir el sol,

el frío,

el sudor y su palpitación.

Sentirme viva.

Mujeres salvajes que libres aman, viven y sienten…

 

Mujeres que corren con lobos

Libro con mucha historia para cada mujer que lo lee, “Mujeres que corren con lobos” fue escrito por Clarissa Pinkola Estes, psicoanalista junguiana internacionalmente reconocida como especialista, poeta, contadora y guardiana de antiguos cuentos de la tradición latinoamericana, algunos de los cuales incluye aquí para ilustrar el alma femenina y su mujer salvaje, los grandes mitos, símbolos y registros de la variación del rol de la mujer en el tiempo. Nos ayuda a entender nuestra propia naturaleza sin velos, a desovillarnos, a reencontrarnos, descubrirnos.

Algunos párrafos:

“Diversas formas de “regresar a casa” para una mujer, es decir de volver a su esencia: volver a leer pasajes de libros o poemas que la han emocionado. Pasar unos minutos a la orilla de un río, tenderse en el suelo en medio de las sombras del crepúsculo, estar en compañía de un ser amado sin la presencia de niños. Subir a un autobús con destino desconocido, rezar, saludar al amanecer etc.”

“A veces, para aproximar a una mujer a su naturaleza salvaje, a la conciencia por la existencia de los ciclos de la Vida/Muerte/Vida, le pido que cuide un jardín. Un jardín psíquico o un jardín con barro, tierra, plantas y todas las cosas que rodean, ayudan y atacan. El jardín es una conexión concreta con la vida y la muerte. Incluso se podría decir que existe una religión del jardín, pues éste nos imparte unas profundas lecciones psicológicas y espirituales. Cualquier cosa que le pueda ocurrir a un jardín le puede ocurrir también al alma y a la psique: demasiada agua, demasiado poca, plagas, calor, tormentas, invasiones, milagros, muerte en las raices, renacimiento, beneficios, curación, florecimiento, recompensas, belleza.”

“La capacidad creativa de una mujer es su cualidad más valiosa pero la creatividad brota de algo que se mueve, rueda, avanza y se derrama en ella, no de algo que permanece inmóvil esperando que la mujer encuentre el camino que lleva hacia ella.”

“Para resistir al depredador, las mujeres han de decir su verdad con voz clara. Las mujeres que no saben identificar al depredador que se aloja en su psique pueden pertenecer a dos categorías: la de las no iniciadas, las jóvenes e ingenuas o bien aquellas cuyo instinto ha sido dañado. La cura, tanto para una como para otra, es escuchar la propia intuición, la propia voz interior”

Es un error pensar que otra persona nos puede curar, emocionar o llenar. Se tarda mucho tiempo en averiguar que no es así, sobre todo porque proyectamos la herida fuera de nosotros en lugar de curarla dentro.”

“Para amar a una mujer, el hombre tiene que amar también su naturaleza indómita. Si la mujer acepta un compañero que no sabe o no puede amar su otra faceta, tendrá la sensación de que la han desmontado y cojeará como si estuviera averiada. Cuando un hombre entrega todo su corazón, se convierte en una fuerza asombrosa.”

“En los cuentos más sabios, el amor raras veces es un encuentro entre dos enamorados. Algunos cuentos lo describen como la unión entre dos seres cuya fuerza conjunta permite a uno de ellos, o a los dos, establecer comunicación con el mundo espiritual.”

Las lágrimas encierran un poder creador. En los cuentos de hadas, cuando se derraman lágrimas, éstas alejan a los ladrones, cuando se rocían, evocan a los espíritus. Cuando se derraman sobre el cuerpo, curan las laceraciones y devuelven la vista.”

BMB

DESDE   Mujeres Salvajes

http://nailoe.files.wordpress.com/2008/02/mujer-con-velo.jpg

…acerca del más importante de los ciclos femeninos, el del regreso a casa, a la casa salvaje, a la casa del alma….

Capítulo 9 – LA VUELTA A CASA: EL REGRESO A SÍ MISMA

CAPÍTULO 9

La vuelta a casa: El regreso a sí misma

regreso

Hay un tiempo humano y un tiempo salvaje. Cuando yo era pequeña en los bosques del norte, antes de aprender que el año tenía cuatro estaciones, yo creía que tenía varias docenas: el tiempo de las tormentas nocturnas, el tiempo de los relámpagos, el tiempo de las hogueras en los bosques, el tiempo de la sangre en la nieve, los tiempos de los árboles de hielo, de los árboles inclinados, de los árboles que lloran, de los árboles que brillan, de los árboles del pan, de los árboles que sólo agitan las copas y el tiempo de los árboles que sueltan a sus hijitos. Me encantaban las estaciones de la nieve que brilla como los diamantes, de la nieve que exhala vapor, de la nieve que cruje e incluso de la nieve sucia y de la nieve tan dura como las piedras, pues todas ellas anunciaban la llegada de la estación de las flores que brotaban en la orilla del río.

Las estaciones eran como unos importantes y sagrados invitados Y todas ellas enviaban a sus heraldos: las piñas abiertas, las piñas cerradas, el olor de la podredumbre de las hojas, el olor de la inminencia de la lluvia, el cabello crujiente, el cabello lacio, el cabello enmarañado, las puertas abiertas, las puertas cerradas, las puertas que no se cierran ni a la de tres, los cristales de las ventanas cubiertas de amarillo polen, los cristales de las ventanas salpicados de resina de árboles. Nuestra piel también tenía sus ciclos: reseca, sudorosa, áspera, quemada por el sol, suave.

La psique y el alma de las mujeres también tienen sus propios ciclos y estaciones de actividad y soledad, de correr y quedarse en un sitio, de participación y exclusión, de búsqueda y descanso, de creación e incubación, de pertenencia al mundo y de regreso al lugar del alma. Cuando somos niñas y jovencitas la naturaleza instintiva observa todas estas fases y ciclos. Permanece como en suspenso muy cerca de nosotras y nuestros estados de conciencia y actividad se producen a los intervalos que nosotras consideramos oportunos.

Los niños son la naturaleza salvaje y, sin necesidad de que nadie se lo diga, se preparan para la venida de todas estas estaciones, las saludan, viven con ellas y conservan recuerdos de aquellos tiempos para grabarlos en su memoria: la hoja carmesí del diccionario; los collares de semillas de arce plateado; las bolas de nieve en la despensa; la piedra, el hueso, el palo o la vaina especial; aquel caparazón de molusco tan curioso; la cinta del entierro del pájaro; un diario de los olores de aquella época; el corazón sereno; la sangre ardiente y todas las imágenes de sus mentes.

Antaño vivíamos todos estos ciclos y estas estaciones año tras año y ellos vivían en nosotras. Nos calmaban, bailaban con nosotras, nos sacudían, nos tranquilizaban, nos hacían aprender como criaturas que éramos. Formaban parte de la piel de nuestras almas —una piel que nos envolvía y envolvía también el mundo salvaje y natural—, por lo menos hasta que nos dijeron que, en realidad, el año sólo tenía cuatro estaciones y las mujeres sólo tenían tres, la infancia, la edad adulta y la madurez. Y eso era todo.

Pero no podemos caminar como unas sonámbulas, envueltas en esta endeble y descuidada mentira, pues ello da lugar a que las mujeres se desvíen de sus ciclos naturales y espirituales y sufran sequedad, cansancio y añoranza. Es mucho mejor regresar con regularidad a nuestros singulares ciclos espirituales, a todos y cada uno de ellos.

El siguiente cuento se puede considerar un comentario acerca del más importante de los ciclos femeninos, el del regreso a casa, a la casa salvaje, a la casa del alma…. Leer capítulo…

A %d blogueros les gusta esto: