…amanecer salvaje…

Violencia Machista II. Alienación
¡Qué bien¡, por hoy se termina la jornada laboral, son las 02:15 a.m. de un viernes, nos bajamos todos al vestuario y Raquel una compañera, me pregunta si salimos a tomar unas cañas, le digo que me apetece mucho, pero que él me espera como casi todas las noches en la otra acera. Me mira preocupada y me comenta lo mucho que mi vida se asemeja a Cenicienta, “a tal hora en casa debes estar”.

Subo corriendo las escaleras del trabajo, no conviene hacerle esperar pero me pregunté -¿Por qué me compara con Cenicienta?

Es domingo, toca fingir, noto que se mueve hacia mí, oigo su respiración, siento sus manos sobre mi cuerpo, me siento sucia y asqueada pero se que terminará pronto, solo he de disimular y fingir, fingir que me gusta.

Me dejo, hace tiempo que no siento nada, respiro, como, duermo, ando, estudio, trabajo, pero no siento nada, me noto como muerta.

Me he rendido, no tiene sentido discutir, el tiene razón, no valgo nada. Cuando se porta mal y se siente culpable, me compra cosas, y se vuelve agradable. Hoy me ha dicho que soy como un diamante como el que tiene guardado en una cajita. !Como me quiere¡ me dice cosas muy bonitas, !que romántico¡

He dejado de discutir con él, le doy la razón siempre y el se contenta con esto. Ya no me pega y he dejado de tenerle miedo. Todo me da ya igual, lo que hago no tiene sentido, no me apetece vivir, no me gusto, me odio. Si él quisiera quitarme la vida, está en su derecho, pues yo se que no valgo nada.

Han pasado casi tres años y -¿qué siento?- mucho vacío. No se quien soy, no me identifico, no me reconozco. Es fácil y cómodo dejarse llevar, el me dice como he de vestir, que cosas he de llevar, con quienes tengo que relacionarme y como debo comportarme.

No se nada de mis amigas desde entonces, no le gustan, dice que no son adecuadas para mí. No me relaciono con nadie en la facultad de hecho, no quiero, prefiero evitar discusiones.

Pero, estoy descubriendo algo en este trabajo, que no tengo tiempo para pensar en él. Es raro, pero estando en caja debo reaccionar con rapidez, estar muy concentrada en atender a la gente y servirles los menús que desean comprar. Es una tontería lo que digo, lo sé, pero él no está aquí, no pertenece a este espacio.

No tengo tiempo para pensar en él, hay mucho trabajo y sin darme cuenta empiezo a sonreír (porque nos obligan a tener una sonrisa en la cara). Hay un buen ambiente entre los compañeros, con tanta tensión necesitamos apoyarnos para quitarnos el agobio de encima, entre bromas y patinazos sobre el suelo grasiento, por primera vez me siento ¿libre de su influencia?

desde http://miedoalfeminismo.blogspot.com

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