…amanecer salvaje…

CREANDO BELLEZA PARA EL MUNDO

Febrero de 2008 por ©Refugio de Paz y Verdad de Silvia Paglioni

Por Alejandra y Alberto Peralta La Gran Época

Había una vez un viejo artista que tenía dos jóvenes aprendices, ambos eran igualmente diligentes y talentosos. Les trasmitió todo lo que él sabía, y con el correr del tiempo se hicieron bastante famosos. Gracias a sus enseñanzas, estos dos estudiantes se convirtieron finalmente en el maestro Zhang y el maestro Ding.

Después de la muerte de su maestro, el maestro Ding y el maestro Zhang deseaban explorar sus futuros artísticos recorriendo el mundo. Antes de que cada uno tomara su propio rumbo, el maestro Zhang dijo, “Nuestro viejo maestro solía decir que somos iguales en nuestras habilidades. ¿Por qué no traemos cada uno nuestra mejor obra aquí dentro de cinco años? Entonces podremos echar una mirada y decidir quién es el mejor”.

El maestro Ding dijo entre risas, “Por supuesto, eso sería bueno”.

Después de despedirse, el maestro Zhang viajó por todo el mundo, observó los mejores escenarios y aprendió de varias culturas. Creó obras de arte una tras otra sin cesar. Su renombre se elevaba, así como también el precio de sus pinturas. El maestro Zhang realmente gozó de sus logros. En un momento pensó, “Todavía no se cumplieron los cinco años, pero he avanzado tan rápidamente… esto es un milagro. Al contrario, nadie menciona o habla del maestro Ding. Estoy seguro de que podré ganar esta competencia fácilmente”.

Cuando se cumplieron los cinco años, el maestro Zhang estaba absolutamente confiado y llevó su mejor pintura donde estaban supuestos a encontrarse. Cuando llegó, fue recibido por el maestro Ding, que le dio la bienvenida con una gran sonrisa pero con sus manos vacías.

Zhang no estaba demasiado feliz, “Acordamos traer nuestras mejores pinturas y tú vienes con las manos vacías. ¿Cómo vamos a hacer la comparación?”

El maestro Ding, mirando a su canoso compañero, dijo, “Querido amigo, no es que quise venir con las manos vacías, pero sucede que no pude traer ningún cuadro”.

El pensamiento del maestro Zhang fue, “Bien, él no debe confiar demasiado en sus pinturas y está asustado de traer alguna”. Entonces preguntó, “¿Por qué no puedes traer ninguna?”

El maestro Ding dijo, “No te preocupes. Aunque no puedo traer mis pinturas, aún puedo mostrártelas”.

Así el maestro Ding lo llevó a caminar por la ciudad y el maestro Zhang estuvo muy sorprendido de encontrar que todos los cuadros del maestro Ding estaban en varios de sus edificios y calles. Cada cuadro era mejor que el anterior. La pequeña ciudad era acogedora y pintoresca, llena de una atmósfera artística.

Originalmente, la gente allí no era muy educada, pero ahora eran refinados en modales y temperamento. La manera en que se desenvolvían era tal cual fueron representados en las pinturas. Zhang pudo ver muy claramente que aquella ciudad ya no era el mismo lugar de donde él había emergido, ahora era un lugar brillante con personas alegres, templadas y pacíficas.

Cada habitante saludaba y hablaba respetuosamente con el maestro Ding. El maestro Zhang estaba un poco celoso y preguntó, “¿Todos te contrataron para hacer todas esas pinturas? ¡Ahora debes tener una fortuna!”

El maestro Ding sonrió y dijo, “Cuando estaba a punto de irme, pensaba en cuánto trabajo duro le tomó a nuestro maestro enseñarnos. Entonces decidí dar algo a cambio a la gente en esta ciudad. Después de que terminé mi primer cuadro, lo admiraron como si se hubieran conmovido por la belleza de mi trabajo, así que me invitaron a que continuara pintando”.

“Primero estaban asustados de que les cobrara mucho dinero, pero les dije que lo haría gratis si sólo me proveían de mis comidas diarias”.

El maestro Zhang estaba pasmado de que el maestro Ding hiciera tan gran trabajo sin cobrar, “¿Cómo te has vuelto tan tonto? ¡Podrías ganar mucho de dinero, tu trabajo es magnífico!”

El maestro Ding, con lágrimas en sus ojos dijo, “En realidad, me estaban ayudando. Mi talento no era tan bueno. Después de que vieron mi trabajo, no sabían como pagarme, pero mi arte los volvió más sinceros y amables. Con tal estímulo, mis pinturas han llegado a ser mejores y mejores. ¿Cómo puedo cobrarles por mi trabajo? ¡Todos hemos mejorado juntos!”

El maestro Zhang se sintió avergonzado después de oír eso. Él pensaba que el valor de una pieza de arte era determinado por su precio. Más alto es el precio, más valiosa es la obra. Pero en ese momento vislumbró que los valores de las personas afectan al arte y el arte asimismo puede afectar los valores de las personas.

El maestro Zhang dijo, “Has ganado la competencia de cinco años. Tus pinturas son inestimables y no se pueden comprar con dinero. Pero mis pinturas sí se pueden comprar con dinero. Tus pinturas pueden traer cambios profundos a incontables personas, pero mis pinturas no son nada más que una parte de la decoración de la gente rica. Pienso que merezco perder, has permitido que entienda el valor verdadero del arte. ¡Déjame aprender de ti! ¡Trabajemos juntos y creemos más belleza para el mundo!”

Después se abrazaron y lloraron. Con el maestro Zhang a su lado, el maestro Ding ya no se encontraba solo en su trayectoria creativa. A partir de ese momento, un artista famoso desapareció en el mundo, pero dos felices artistas con sus corazones bien conectados trabajaban para traer belleza a la otra esquina del mundo.

Imagen: La Gran Época

desde    http://silyoga.bahiadesign.com

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