…amanecer salvaje…

Archivo para enero, 2008

¿A dónde estamos huyendo?

26-01-2008

Leonardo Boff
Koinonia
Una de las principales características del momento actual es la aceleración del tiempo. El espacio terrestre prácticamente lo hemos conquistado todo, pero el tiempo continúa siendo el gran desafío. ¿Podremos dominarlo?La carrera contra él se da en todas las esferas, comenzando por el deporte. En cada olimpiada se busca superar todos los tiempos anteriores, especialmente en la clásica carrera de los cien metros. Los automóviles deben ser cada vez más veloces, los aviones y las naves espaciales tienen que superar la velocidad de la generación anterior. En el agronegocio se utilizan abonos químicos de crecimiento para acortar el tiempo y aumentar el lucro. Internet funciona a altísima velocidad, y sin cables, pues, para ganar tiempo, todo se hace vía satélite. La aceleración ha alcanzado especialmente a las bolsas. Cuanto más rápidamente se transfieren capitales de un mercado a otro, teniendo en cuenta el huso horario, más se puede ganar. Más que nunca antes, «el tiempo es oro».

Ciertamente, en todo este proceso hay un elemento liberador, pues el tiempo fue en gran parte vivenciado como una servidumbre. No podemos detenerlo. Por otro lado produce un impacto sobre la naturaleza, que tiene sus tempos y sus ciclos. El impacto no es menor sobre las mentes de las personas, que se sienten confundidas, particularmente las de más edad, que pierden los parámetros de orientación y de análisis de lo que está ocurriendo en el mundo y consigo mismas.

¿Vale la pena esta carrera imparable? ¿Hacia dónde estamos huyendo?

¡Y ay de aquellos que no se adaptan a los tiempos! En el trabajo, son expulsados del mercado, pues sus habilidades quedan obsoletas. Los que no se actualizan, pierden el ritmo del tiempo, y son considerados precozmente envejecidos, o simplemente atrasados. Lo cual puede ocurrir incluso con países enteros, los que no incorporan los avances de la tecnociencia. Todos están obligados a modernizarse rápidamente y a ser países emergentes.

¿A donde nos llevará esta carrera contra el tiempo? Éste siempre nos gana, pues no podemos congelarlo. Simplemente, pasa despacio, o acelerado, como en los grandes túneles de aceleración de partículas.

Pero es importante considerar que hay tiempos y tempos. El tiempo natural de crecimiento de un árbol gigante puede demorar 50 años. El tiempo tecnológico para derribarlo con la motosierra dura sólo 5 minutos. ¿Cuánto tiempo necesitamos para crecer en madurez, en sabiduría, y para conquistar el propio corazón? A veces una vida entera de 80 años es demasiado corta… El tiempo interior no obedece al tiempo del reloj. Necesitamos tiempo para trabajar nuestros conflictos interiores; a veces, esos conflictos nos obligan incluso a detenernos.

Una reflexión del maestro zen Chuang-Tzu, de hace 2.500 años, nos parece muy inspiradora. Cuenta que había una persona que quedaba tan perturbada al contemplar su sombra y tan malhumorada con sus propias huellas, que pensó que era mejor librarse de ambas cosas. Utilizó el método de la fuga, tanto de una como de las otras. Se levantó y se puso a correr, pero siempre que ponía su pie en la tierra aparecía la huella, y la sombra lo seguía sin la menor dificultad.

Atribuyó su error a que no estaba corriendo como debía. Entonces se puso a correr más velozmente, y sin parar… hasta que cayó muerto. Su error, comenta el Maestro, fue no haberse dado cuenta de que sólo con pisar en un lugar sombrío, su sombra hubiera desaparecido, y que si se hubiera quedado quieto, ya no habría habido más huellas que le siguieran…

¿No es eso lo que se impone hacer hoy? ¿Hacer una parada? Ahí está el secreto de la felicidad y de la ansiada paz interior.

Fuente: www.servicioskoinonia.org/

Costa Rica de pie!

“…aprende a cerrar los ojos para ver mejor…” Frei Betto – “Haz nuevo tu año” (Brasil, 2007)

Haz nuevo tu año

Frei Betto –  20.12.07 – Brasil

En este año nuevo

  • hazte nuevo,
  • reduce tu ansiedad,
  • cultiva flores en la esquina de tu alma,
  • riega de ternura tus sentimientos más profundos,
  • imprime a tus pasos el ritmo de las tortugas y la levedad de las garzas.

No te mires en los otros;

  • la envidia es un cáncer que mina la autoestima,
  • fomenta la agitación y abre, en medio del corazón, el agujero en el que se precipita el mismo envidioso.

Mírate en ti mismo,

  • asume tus talentos,
  • cree en tu creatividad,
  • abraza con amor tu singularidad.
  • Evita, sin embargo, una mirada narcisista.
  • Sé solidario; al extender hacia los demás tus manos estarás oxigenando tu propia vida.
  • No te conviertas en rehén de tu egoísmo.

Cuídate de la lengua.

  • No profieras difamaciones ni injurias: El odio destruye a quien odia, no al odiado.
  • Cambia la maledicencia por la benevolencia.
  • Comprométete a expresar al menos cinco elogios por día; tu salud espiritual lo agradecerá.

No desperdicies tu existencia

  • hipnotizado por la televisión o navegando alocadamente por internet, náufrago en el remolino de imágenes e informaciones que no consigues transformar en síntesis racional.
  • No dejes que la espectacularidad de los medios anule tu capacidad de soñar y te transforme en consumista compulsivo. La publicidad sugiere felicidad y sin embargo no ofrece más que placeres momentáneos.

Centra tu vida en bienes infinitos, nunca en los finitos.

  • Lee mucho, reflexiona, atrévete a buscar el silencio en este mundo ruidoso. Allí te encontrarás  a ti mismo y, con seguridad, a Otro que vive en ti y que casi nunca es escuchado.

Cuida tu salud,

  • pero sin la obsesión de los anoréxicos ni la compulsión de quienes devoran alimentos con los ojos.
  • Camina, practica ejercicios aeróbicos, sin descuidar acariciar tus arrugas, y no temas a las señales del tiempo en tu cuerpo.
  • Frecuenta también una escuela de ejercitar el espíritu.
  • Y ponle cremas revitalizadoras de la generosidad y de la compasión.

No le des importancia a lo fugaz,

  • ni confundas lo urgente con lo prioritario.
  • No te dejes arrastrar por las modas.
  • Haz como Sócrates: observa cuántas cosas se ofrecen en los mercados que tú no necesitas para ser feliz.
  • Jamás dejes pasar un día sin un momento de oración. Si no tienes fe, sumérgete en tu vida interior, aunque sólo sea durante cinco minutos.

No te dejes desilusionar por el mundo que te rodea. Así lo hicieron personas semejantes a nosotros. Has de saber que estás llamado a transformarlo.

  • Si te causa fastidio la política, recibirás la gratitud de los políticos que la corrompen.
  • Si eres indiferente, te lo agradecerán los que se apegan a ella.
  • Si reaccionas y actúas, te podrán temer, pero la democracia se hará más participativa.

En el 2008 celebraremos el 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

  • Practícala en tu casa, con tus hijos y tu compañero(a).
  • No trates a tu empleada como a una semiesclava.
  • Remunérala con un salario digno y permítele que pueda mejorar la calidad de su vida.

Arranca

  • de tu mente todos los prejuicios y de tus actitudes todas las discriminaciones.
  • Sé tolerante, ponte en el lugar del otro. Todo ser humano es el centro del universo y es morada viva de Dios. Antes pregúntate a ti mismo por qué provocas en alguien antipatía, rechazo o disgusto.
  • Revístete de alegría y serenidad. La vida es breve y de antemano sabemos que vamos a morir.

Haz algo

  • para preservar el medio ambiente,
  • para sanear el aire y el agua,
  • para reducir el calentamiento global.
  • No uses material no biodegradable.
  • Trata la naturaleza como lo que ella es de hecho: tu madre. De ella viniste y a ella volverás; vives del beso que te da continuamente en la boca: ella te nutre de oxígeno y de alimentos.

Reserva un espacio en tu jornada para conectarte con el Trascendente.

  • Deja que Dios acampe en tu subjetividad.
  • Aprende a cerrar los ojos para ver mejor.

¡Feliz 2008!

[Autor de “Sabor de uva”, entre otros libros].

Traducción de J.L.Burguet

http://www.adital.com.br/site/noticia2.asp?lang=ES&cod=31119

celebrando la vida y la muerte…

la diversidad de la vida….

El carácter invisible de su trabajo…

El Trabajo Femenino en el Medio Rural. Grandes Responsabilidades con Escaso Valor Monetario

Por Irma Lorena Acosta Reveles
Docente-investigadora de la Unidad Académica de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Zacatecas desde febrero del año 2003 en adelante. Egresada del Doctorado en Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Zacatecas 2003-2006.

En este documento buscamos sintetizar un conjunto de procesos agrarios compartidos por latinoamericana, que operan en contra de la equidad laboral de las mujeres en las zonas rurales de la región. En ese propósito revisamos el caso mexicano, partiendo de la siguiente evidencia: Actualmente las mujeres residentes en el medio rural se ven colmadas de quehaceres que atañen tanto a la reproducción doméstica como a la reproducción social, en virtud de una participación más activa al mercado laboral. Sin embargo, de estas ocupaciones difícilmente resulta una retribución suficiente para que ellas y sus familias puedan llevar una vida digna.

Introducción
En este escrito reflexionaremos sobre la situación de las mujeres de la clase trabajadora residente en el medio rural mexicano. La intención es hace énfasis en algunos factores que impiden a este sector laboral su inclusión social plena, no obstante que ahora se vive un ambiente de mayor apertura para avanzar en la resolución de conflictos añejos de índole social y de género. Una de las expresiones más claras de esa problemática es que en hoy en día las mujeres del campo se ven colmadas de quehaceres tanto relativos a la reproducción doméstica como a la reproducción social. Muchas de esas actividades no son remuneradas, otra parte de sus labores sí lo son; pero difícilmente de esas ocupaciones resulta una retribución (llámese ingreso monetario u otras percepciones en especie) suficiente para que ellas y sus familias puedan satisfacer adecuadamente sus necesidades vitales mas apremiantes.

Explicar las razones de esta compleja situación que atañe no sólo al desarrollo individual de la mujer, sino a la superación de la pobreza en el campo, no puede ser sencillo. Son numerosos los eventos que ahí confluyen. Empero, por la influencia decisiva que ejercen los factores de orden estructural en esta problemática, aquí ofreceremos una explicación desde esta perspectiva. Dar preeminencia a este tipo de factores no significa perder de vista que ser mujer en el agro mexicano tiene también un significado social y cultural concreto.

En la exposición avanzaremos en tres momentos. Para comenzar haremos una breve referencia a los cambios recientes en el escenario socio-económico y político en que se inscriben el fenómeno, enfatizando los eventos de mayor influencia para la vida rural en nuestro país. Enseguida registramos la forma en que las familias de las comunidades rurales y en particular las mujeres van haciendo frente a que estos cambios. Finalmente argumentamos sobre el sentido de estos procesos en el marco de la internacionalización de la economía mexicana y de un modelo de producción agrícola volcado al mercado mundial.

Antes de comenzar resulta conveniente hacer una precisión metodológica, pues si bien el orden de exposición puede sugerir que las fuerzas del cambio social proceden exclusivamente de influencias externas, no es esta nuestra posición. Reivindicamos en todo caso una concepción dialéctica en la evolución de la sociedad.

I.- Qué es lo nuevo
Las estadísticas oficiales de México caracterizan como rurales a las localidades o centros de población que no superan 2,500 habitantes. Desde esta perspectiva México es un país predominantemente rural, pues 98.4 de las localidades caben en esta categoría (ver tabla 1).[1]

Un suceso que marca definitivamente la senda de la sociedad rural mexicana es la crisis agropecuaria que se estrena en la década de los setenta. Una crisis que con nuevos matices persiste tres décadas después.

Hacia los primeros ochentas se impuso en las políticas públicas una nueva concepción sobre el crecimiento del país, abandonando el proteccionismo nacionalista para abrazar ciegamente el neoliberalismo. Desde esta postura favorable a la globalización el Estado Mexicano se reforma, se disciplina y se adelgaza, recortando drásticamente las partidas de inversión pública y gasto social.

Mientras tanto, en el campo se impone verticalmente y con gran entusiasmo el modelo de los agronegocios y las agroexportaciones, con la expectativa de que el productor rural reoriente su labor hacia el mercado mundial de bienes agroalimentarios: Exportar, exportar más y mejor, exportar para crecer.

Siguiendo estos postulados se realizaron los cambios institucionales necesarios para impulsar el mercado de tierras y de aguas; para modernizar la agricultura a través de nuevos métodos y sistemas productivos, y para reorientar la base agroalimentaria tradicional hacia cultivos de mayor rentabilidad. En ese trayecto, se marginaron de las políticas públicas y del presupuesto a los productores ineficientes (Acosta, 2005: 54).

Al impulsar este modelo agrícola de selección de los mejores y más competitivos, no se dijo que participar en el mercado exterior no consiste sólo vender. No se dijo que también significa comprar, importar paquetes tecnológicos, maquinaria e implementos agrícolas, insumos y alimentos -granos básicos por ejemplo-. Que conlleva descartar a las unidades de producción que no estén a la altura de los estándares en productividad y competencia, como las explotaciones de tipo campesino. Tampoco se explicitó que era necesario reducir los salarios reales, cancelar fuentes de empleo para tecnificar, y que por consecuencia, habría mayores motivos para la migración interna e internacional. Se omitió difundir que el liberalismo necesita atraer inversiones, competir arduamente por el financiamiento externo y tolerar, si es preciso, la explotación abusiva de recursos naturales y fuerza de trabajo (Acosta, 2005: 40).

II. Frente al cambio…
Un rasgo tradicional de la estructura productiva en el agro mexicano ha sido su carácter bipolar. Su expresión mas reciente instala en un extremo a las empresas eficientes y competitivas, aquellas que están vinculadas exitosamente al mercado mundial, y que participan en la tramas agroalimentarias trasnacionales. En el otro extremo encontramos la pequeña producción familiar o campesina, que por efecto de la globalización y el neoliberalismo tiende a ser marginada del mercado doméstico.

El problema es que en México, los productores de granos básicos y minifundistas son la gran mayoría. Y lo mismo en círculos políticos que académicos, se conoce sobradamente de sus limitaciones seguir el ritmo a la competencia en condiciones de mercado libre.[2] Más aún cuando el sector público les ha reducido sustancialmente los subsidios y otros apoyos. El cambio ha sido de tal magnitud, que la migración que se origina en el sector campesino puede leerse francamente como desesperanza y escape de la pobreza. Y no podría ser de otra manera, ya que la producción de granos básicos (cultivo campesino por excelencia) en condiciones de minifundio y rezagada en productividad, apenas permite generar el ingreso necesario para la sobrevivencia del productor familiar por unos cuantos meses al año (Bonfil, Paloma: 2).

Con al campesinado, otro sector de la sociedad rural que ha sido severamente castigado por las políticas neoliberales son los trabajadores asalariados del campo, mejor conocidos en México como jornaleros. De este segmento laboral (que en este momento se aproxima a los cuatro millones de personas), aquellos que se ocupan en las empresas productoras de frutas, hortalizas y flores para la exportación conforman uno de los grupos más vulnerables. Lo que resulta un contrasentido, ya que los jornaleros contribuyen con creces a la expansión del producto nacional agropecuario y de las divisas. Y no obstante, son protagonistas de una vida miserable dado el carácter temporal y precario del empleo en la agricultura mexicana (Lara Flores, 2001: 369).

Aquí creemos conveniente apuntar que ambos procesos, la descomposición del campesinado y el empobrecimiento del asalariado rural, no son privativos de la agricultura mexicana, pues con diferentes tonalidades, han pasado a formar parte del escenario rural latinoamericano (Dirven, 2006; OIT, 2003).

Volviendo al punto. Si tenemos presente la crisis del productor campesino y la precariedad de los vínculos salariales en el campo, resulta fácil entender por qué es cada vez mayor el número de miembros de los hogares rurales que se ve orillados a incursionar en el mercado de trabajo, a multiplicar sus ocupaciones e intensificar sus esfuerzos en actividades de las que puedan obtener algún ingreso adicional. Una búsqueda en la que parece no importar demasiado que sean actividades de tipo formal e informal. Es en este escenario crítico donde la mujer rural juega un rol protagónico. Aquí parece pertinente anotar que en el territorio mexicano la población rural se aproxima a 24.3 millones de personas, y de éste universo, 50.8% son del sexo femenino (ver tabla 2).

Guardando distancia con las zonas urbanas de México, en el campo las mujeres también han crecido en número como sector de la fuerza laboral. Y gradualmente conforman una proporción mayor como jefes de familia (tabla 3), más por la fuerza de los acontecimientos vitales que por decisión propia. Pero ya sea como cabezas de familia o como parte de un núcleo familiar, en estos tiempos de crisis su contribución ha sido clave tratándose de:

a) Proveer ingresos principales o complementarios al núcleo familiar mediante su incorporación al mercado de trabajo;
b) administrar la merma de las restricciones monetarias del proveedor principal;
c) atemperar el recorte del gasto social; y
d) subsanar los huecos que deja la privatización de servicios básicos –como educación y salud-, y e) contrarrestar las carencias en los hogares con trabajo doméstico extraordinario.

Así pues la participación de las mujeres del campo en la vida económica es notable, aunque no sea reconocida (tabla 4). Sobran las evidencias empíricas para ilustrar las reacciones y acciones que la madre de familia, hermana o hija emprende para mitigar la pérdida del poder adquisitivo del salario, y eventualmente hasta suplir la ausencia del jefe de familia. A manera de ejemplos podemos citar la restricción al consumo de bienes y servicios que se han de adquirir en el mercado o al extender las horas de trabajo en casa, con actividades como la costura, cocina, cuidado de enfermos, elaboración de enseres domésticos, etc.

Infortunadamente, la mayor parte del trabajo que realizan las mujeres en las comunidades rurales pasa desapercibido, es subestimado o bien, no reviste un valor monetario. Es así que en México, como en el resto de los países latinoamericanos, las estadísticas no aprecian a cabalidad los aportes de la mujer en el ciclo económico, ya sea como mano de obra asalariada o en las faenas que realiza como parte de las explotaciones de tipo campesino. Aunado a ello, es notable la ausencia de datos acerca de su contribución –como valor monetario-, en el seno de familiar.

III.- Algunas razones
No pretendemos enunciar en este breve espacio cada uno de los elementos que se conjugan para inhibir la inclusión social de la mujer del campo. En cambio nos interesa subrayar el peso que el proyecto neoliberal en general y el modelo agroexportador en particular, ejercen sobre esta condición. Se trata de clarificar en el plano de la estructura socio-económica, por qué a un esfuerzo laboral mayor corresponden menores ingresos.

Situándonos primero a nivel de los estudios campesinos, se puede corroborar que en México la descomposición de la agricultura familiar se acelera en el contexto de las políticas neoliberales (Acosta, 2003: 67). La transición se puede observar mejor si seguimos el desplazamiento de este tipo de productores del abasto interno de maíz para dar cabida a las importaciones. Esta marginación es más grave en la medida que avanzan los procesos de integración comercial. Esta tendencia se acompaña de la caída en los precios de los bienes agroalimentarios, el aumento de los costos de producción y por consecuencia la pérdida de ingresos. Lo importante del caso es que no se trata de una caída en las ganancias, sino de perder el sustento cotidiano (Acosta, 2003: 69).

La reacción inmediata y defensiva de estas explotaciones agrícolas en crisis, ha consistido en compensar la pérdida de ingresos que proviene del cultivo de la parcela con nuevas actividades laborales, en la expectativa de complementar el consumo familiar. Diferentes fuentes estadísticas refieren a la recomposición de los ingresos rurales, donde las actividades secundarias y terciaras, las remesas, e incluso los subsidios públicos y privados pasan a ser parte la mas importante del ingreso rural (CEPAL, 2004: 12).

Por lo generalizado de este patrón, es común referirse al perfil pluriactivo o la multifuncionalidad de la población rural. Entendiendo como tal a esa habilidad para transfigurarse económicamente y desempeñar múltiples roles en el mercado de trabajo, ya sea que su participación sea regular o intermitente (ver tabla 5). Lo que nosotros creemos al respecto, es que la pluriactividad sólo es un término mas amable para referirse a las estrategias de la familia campesina para lograr su reproducción; una reproducción que por lo regular transcurre en condiciones de infrasubsistencia, y que no se resuelve de fondo con su incursión en otras actividades que son igualmente precarias (Acosta, 2005: 47).

Un dato clarificador al respecto es que a pesar de que el origen de los ingresos rurales se ha diversificado (tabla 5), para el año 2006 cerca del 63% de la población rural se ubica por debajo de la línea de la pobreza patrimonial en los términos establecidos por la Secretaría de Desarrollo Social.[3]

Más de dos décadas de políticas de corte liberal en el agro aportan evidencia suficiente para sostener que la influencia que el mercado ejerce sobre el campesinado es adversa. Pero con muy buen juicio, el diseño de los programas sociales de combate focalizado a la pobreza, tienen como destinatario principal al hogar familiar. Seguramente porque se conoce que es ahí donde tiene lugar la producción social de la fuerza de trabajo y su reemplazo generacional.

Es en los hogares rurales, vistos como entidades económicas, que la administración de los recursos y la mayor parte de los quehaceres corresponde a personas del sexo femenino. Por lo tanto no es exagerado afirmar que las mujeres llegan al límite de sus fuerzas buscando combinar el trabajo reproductivo y productivo, restándole horas al sueño y al descanso para atender las necesidades de familias normalmente mas numerosas que en las zonas urbanas. En México, las mujeres que residen en localidades rurales inician más temprano su ciclo reproductivo y tienen en promedio 3.3 hijos, mientras en que las áreas urbanas el promedio es 2.3 hijos por mujer. También el tamaño medio de los hogares rurales es mayor que el de los urbanos, 4.6 y 4.2 miembros, respectivamente (ver tabla 3).

Por lo que se refiere al trabajo asalariado en la agricultura, podemos decir que el proceso de feminización de la fuerza de trabajo rural que acompaña a la internacionalización de los mercados agroalimentarios, se inscribe en una tendencia mas amplia de de contención salarial en todos las ramas económicas. Una tendencia que se profundiza en las dos últimas décadas por razones de eficiencia productiva.

Lo que tiene todavía más sentido en el marco de las necesidades específicas de México por atraer inversiones para dinamizar la producción de bienes agrícolas como los vegetales, las frutas y las flores. Por este impulso a la especialización en bienes de mayor demanda internacional, es previsible que en pocos años el peso del trabajo femenino en estos polos agrícolas aumente, tal y como esta ocurriendo en otros países de América Latina: Chile, Colombia y Ecuador son quizá los mejores ejemplos. (Selamé 2003; Vásquez, 2004 y CEDEM, 2005).

No se trata evidentemente de censurar el hecho de que aumente el empleo de mujeres el mercado de trabajo, ni que sea mayor su participación en las labores agrícolas. Lo que queremos dejar claro es que su incorporación a la oferta laboral, en tiempos en que el empleo asalariado decrece numéricamente, la balanza se inclina en favor de los empleadores al negociar los salarios y prestaciones. Ese poder deriva de un marcado a desequilibrio entre la oferta y la demanda. Luego, su condición de sector vulnerable y sin calificación da la pauta para profundizar la explotación al interior del proceso productivo. Tal como ocurre con los trabajadores indígenas, los inmigrantes y, por supuesto, los niños.

La explicación de fondo es que en países como el nuestro (abundantes en recursos humanos, poco protectoras de los derechos laborales, y con tanta necesidad de inversiones extranjeras), la reducción de costos de producción que exige la competitividad en los mercados mundiales, se resuelve evitando aumentos de salario, exigiendo más a los trabajadores contratados, y eludiendo el pago de prestaciones. Ocurre además que las condiciones de trabajo en los campos agrícolas son de alto riesgo para la vida y para la salud. La agricultura es una de las actividades laborales más peligrosas en el mundo por el índice de riesgos laborales. Y para la mujer en edad fértil, la exposición constante a plaguicidas y otros agroquímicos tienen repercusiones graves en su salud reproductiva (OIT, 2005).

En el campo como en la ciudad, la incursión de la mujer al mercado de trabajo, en ocasiones desde temprana edad, no es casual. Forma parte de una inclinación propia del orden socioeconómico vigente, a la pérdida del poder adquisitivo del salario. De lo que resulta que ahora el ingreso de uno solo de los miembros de la familia ya no basta para hacer frente a la reproducción familiar.

En ese sentido, cuando de las zonas rurales se trata, el ingreso de la mujer a la población económicamente activa está más vinculado a una situación de carencias materiales de los hogares que con una conquista histórica de clase. Por otro lado, su inserción suele ser desventajosa por factores como el aislamiento, nivel educativo, escasa calificación para el trabajo y su posición en el hogar. Así podemos observar que la brecha salarial entre las trabajadoras del medio urbano y el medio rural es prácticamente de 4 a 1 (tabla 6).

Atender al mismo tiempo la crianza y educación de los hijos, la limpieza y preparación de alimentos, el cuidado de animales y labores extra-domésticas las lleva a aceptar trabajos a tiempo parcial y mal pagados. Y por cierto, su participación mas activa en el mercado de trabajo no garantiza la equidad al interior del grupo doméstico ni la posibilidad de tomar decisiones.

Para concluir
A grandes rasgos hemos apuntado cómo en la agricultura familiar o campesina, y en las explotaciones comprometidas en la exportación, el trabajo femenino desempeña una función de primer orden. En ambos casos sin lograr el reconocimiento social ni las remuneraciones que legítimamente le corresponden, dada la importancia estratégica de sus tareas.

El carácter invisible de su trabajo y la precariedad de sus percepciones monetarias en relación con otros sectores laborales urbanos y del propio medio rural no es un hecho histórico, es una realidad persistente. Pero esta inequidad tiene sentido en el modelo agrícola neoliberal. En primer lugar, al sumarse la población femenina sin calificación a la oferta de trabajo, favorece el retroceso generalizado de las remuneraciones. Ello se materializa en la reducción del precio de la mano de obra, esto es, en bajos salarios. Y en segundo lugar, al catalogar al trabajo femenino doméstico como asunto privado, la reposición cotidiana de la fuerza de trabajo y su reemplazo generacional pasan a ser temas ajenos al interés público. Lo que es muy conveniente, en un entorno político en que el sector empresarial y el Estado mismo se deslindan de esa carga.

Ambos procesos son congruentes con un modelo agrícola mas eficiente y competitivo, donde se exige mayor productividad al trabajo y el desarrollo tecnológico se administra exclusivamente en torno al criterio de la rentabilidad.

El que se reconozca el papel de la mujer como “colchón de la crisis” (León, 1994:6) no basta. Pues no reivindica sus aportaciones, la multiplicación de sus quehaceres, ni la importancia de sus funciones en la familia y en la sociedad. Aún más, en esas ocupaciones inmediatas y cotidianas, pospone o anula definitivamente sus proyectos de realización individual.

Referencias mínimas
Acosta Reveles, Irma Lorena. Influencia del neoliberalismo en la dialéctica del campesinado. Experiencia de México. Ed. LVII Legislatura- Unidad Académica de Ciencia Política, UAZ. Zacatecas, México. 2003.
Acosta Reveles, Irma Lorena. “De campesinos a ‘multifuncionales’. La explotación agrícola familiar en México. En Revista Vínculo Jurídico número 61. Zacatecas, México, Enero–marzo del 2005. Disponible en: http://www.buscagro.com/biblioteca/IrmaAcosta/CampesinosMultifuncionales.pdf
Balderas Arrieta, Irma. Mujeres trabajadoras en América Latina. México, Chile y Brasil. Coedición Plaza y Valdez-UOM. México 2006.
Ballara, Marcela, La feminización de la pobreza en el sector rural de la región de América Latina ¿mito o realidad? Oficina principal de género y desarrollo, de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), 2005.
Bonfil, Paloma. “Opciones de incorporación productiva para las jóvenes en el medio rural”, Grupo Interdisciplinario Mujer, Trabajo y Pobreza (GIMTRAP), Cintefor/OIT. México. 2000. Disponible en: www.ilo.org/public/spanish/region/ampro/cinterfor/temas/youth/eventos/mex/ibero/resumen/mesa_v/paloma/index.htm Craviotti, Clara. “Tendencias en el trabajo agrario y dinámicas familiares.” En 5º. Congreso Nacional de Estudios del Trabajo, Buenos Aires, 2001. 19 p. Disponible en: www.aset.org.ar/congresos/5/aset/PDF/CRAVIOTTICLARA.PDF
CEDEM (Centro de Estudios para el Desarrollo de la mujer). Empleo y condiciones de trabajo en la producción de uva de exportación en el Valle de Copiapó. Proyecto financiado por F. N. D. R. Santiago de Chile. 2005.
CEPAL, Efectos sociales de la globalización sobre la economía campesina. Reflexiones a partir de experiencias en México, Honduras y Nicaragua, Santiago de Chile. 1999
CEPAL. “Empleo e ingresos rurales no agrícolas en América Latina”, en Serie Seminarios y Conferencias Núm. 35, Unidad de Desarrollo Agrícola, Santiago de Chile, 2004.
Dirven, Martine. “El futuro de la agricultura familiar: Las grandes líneas del debate a nivel mundial y el estado de la situación en América Latina. Trabajo presentado en Seminario Internacional Desafíos para entender el presente y futuro de la agricultura familiar campesina. Santiago de Chile, 3 y 4 de octubre 2006. Disponible en: www.rlc.fao.org/prior/desrural/interag/pdf/dirven.ppt
Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI). Las mujeres en el México Rural. INEGI, SAGARPA, SRA y PA. México, 2000.
INEGI, Encuesta Nacional de Empleo, Segundo Trimestre de 2004. México. Base de datos en línea. Disponible en: http://www.inegi.gob.mx/
INEGI. Estadísticas a propósito del día internacional de la mujer rural. México, 2004.
INEGI, II Conteo de Población y vivienda 2005 Base de datos en línea. Disponible en: http://www.inegi.gob.mx/
Kumar, Sonia. “El impacto de la apertura comercial en las mujeres del sector agrícola” en Cuadernos Feministas, Número 14. 2001.
Lara Flores, Sara María. “Análisis del mercado de trabajo rural en México en un contexto de flexibilización”, en Giarraca, Norma (Comp.) Una nueva ruralidad en América Latina. CLASO-ASDI. Buenos Aires, 2001.
León, Magdalena. El género en la política pública de América Latina: Neutralidad y distensión. Ponencia presentada en el XVIII Congreso Internacional de LASA, 10 al 12 de marzo, Atlanta, Estados Unidos. 1994.
Medel Julia y Riquelme Verónica, “Trabajadoras de la fruticultura: Género, salud y precariedad” en Agacino Rafael y Echeverría Magdalena, Flexibilidad y condiciones de trabajo precarias. Programa de Economía del Trabajo, PET. 1995. Santiago de Chile.
OIT. Trabajo decente en la agricultura. Documento de Información. Coloquio internacional de trabajadores sobre el trabajo decente en la agricultura, Oficina de Actividades para los trabajadores. Ginebra, 15 a 18 de septiembre del 2003.
OIT. Panorama Laboral 2005, América Latina y el Caribe. (Avance primer semestre) Oficina Regional para América Latina y el Caribe. Lima: OIT, 2005.
Selamé, Teresita. “Temporeras: irregularidades laborales en el sector agro-exportador.” En América Latina en Movimiento. Agencia Latinoamericana de Información, 2003/06/04. Disponible en: http://alainet.org/active/3834&lang=es
Vásquez Nava, Vanesa. La vulnerabilidad social de los/as asalariados/as citrícolas y sus familias en la provincia de Tucumán En Revista Laboratorio. Estudios sobre cambio estructural y desigualdad social. Año 5 número 14. Buenos Aires, Otoño-Invierno 2004.
Velasco Ortiz, Laura. “Imágenes de la violencia desde la frontera México-Estados Unidos: Migración indígena y trabajo agrícola”. En Revista El Cotidiano. Mayo-junio, año/vol. 16, número 101 UAM-Azc. México. 2000.

Anexo estadístico

Tabla 1. México, localidades urbanas y rurales

Total / 187,938 / 100%
Rurales / 184,860 / 98.4%
Urbanas / 3,078 / 1.7%

Fuente: Elaboración propia en base a INEGI, II Conteo de Población y vivienda 2005 Base de datos en línea. Disponible en: http://www.inegi.gob.mx/

Tabla 2. México, población por lugar de residencia.

Total / Hombres / Mujeres / Proporción mujeres
Nacional: 103,263,388 / 50,249,955 / 53,013,433 / 51.3%
Urbana: 78,986,852 / 38,300,417 / 40,686,435/ 51.5%
Rural: 24,276,536 / 11,949,538 / 12,326,998 / 50.8%

Fuente: Elaboración propia en base a INEGI, II Conteo de Población y vivienda 2005. Base de datos en línea. Disponible en: http://www.inegi.gob.mx/

Tabla 3. Hogares en México
Localización, dimensiones y jefatura del hogar por sexo

Total hogares
22.3 millones
100%
En localidades urbanas
17.1 millones
76.7 %
En localidades rurales
5.2 millones
23.3 %

Tamaño medio del hogar
4.4 miembros
En localidades urbanas
4.2 miembros
En localidades rurales
4.6 miembros

Hogares con jefatura femenina
4.6 millones
20.6
En zonas urbanas
3.7 millones
21.8
En zonas rurales
0.885 millones
16.8
Fuente: Elaboración propia en base a INEGI, Estadísticas a propósito del día mundial de la mujer rural. México D.F. 2004.

Tabla 4. México, ocupación de las mujeres

Trabajadoras / Zonas Urbanas / Zonas Rurales
Asalariadas / 66.8% / 40%
Por su cuenta / 21.7% / 33.7%
Sin pago / 9.4% / 25.4%
Patronas / 2.1% / 0.8%

Fuente: Elaboración propia en base a INEGI, Encuesta Nacional de Empleo. Segundo Trimestre de 2004. Bases de datos en línea. Disponible en: http://www.inegi.gob.mx/

Tabla 5. México, diversas fuentes del ingreso campesino
según tamaño del predio (en hectáreas).

Concepto / Ingreso medio / -2 / De 2 a -5/ De 5 a -10 / De 10 a -18/ 18 o más
Ingreso total / 100% / 100% / 100% / 100% / 100% / 100%
Agricultura / 33 / 9.0 / 24.5 / 33.8 / 43.6 / 50.6
Ganadería / 11.2 / 4.5 / 9.8 / 11.3 / 13.0 / 13.2
Ingresos no agropecuarios / 44.1 / 69.6 / 508 / 45.8 / 39.5 / 26.2
a) Salarios / 24.6 / 36.8 / 31.9/ 28.6 / 18.2/ 9.2
b) Autoempleo / 12.0 / 25.9 / 11.0 / 9.4 / 10.1 / 9.0
c) Remesas / 7.5 / 6.9 / 7.9 / 7.8 / 7.6 / 7.9
Procampo / 7.4 / 8.2 / 8.2 / 7.2 / 6.6 / 8.6

Fuente: Elaboración propia en base a CEPAL. Efectos sociales de la globalización sobre la economía campesina. Reflexiones a partir de experiencias en México, Honduras y Nicaragua, Santiago de Chile, 1999.

Tabla 6. México, ingreso mensual medio de la población femenina ocupada

En zonas urbanas / $ 2,861.00
En zonas rurales / $ 726.00

Fuente: Elaboración propia en base a INEGI. Las mujeres en el México Rural. INEGI, SAGARPA, SRA y PA. México, 2000.

[1] Si por el contrario, tenemos en cuenta el lugar de residencia encontramos que el 76.5% de la población nacional habita zonas urbanas.
[2] Para más detalles sobre los efectos de las políticas de apertura comercial en el sector femenino de la agricultura, se pueden se puede consultar a Kumar, Sona. “El impacto de la apertura comercial en las mujeres del sector agrícola” en Cuadernos Feministas NÚMERO 14. 2001.
[3] La SEDESOL determinó como línea de la pobreza un ingreso de $ 1,060.00 pesos por mes. Nota de prensa publicada por Universia, el dìa 26 de febrero 2007. Disponible en: www.universia.net.mx/index.php/news_user/content/view/full/45379/

http://mujeresnet-derechoshumanos.blogspot.com/2008/01/el-trabajo-femenino-en-el-medio-rural.html

“…la gente feliz no es rentable…” Chamalú – “Me declaro vivo”

CORAZÓN INDIO… CORAZÓN CON ALAS

July de 2007 por ©Yoga Refugio de Paz de Silvia Paglioni

Sky Spirit

LAS ESTRELLAS HABLAN EL IDIOMA DEL CORAZÓN
“¿Cómo sentirme solo, entre tantas estrellas…? Dios enciende luces cada noche para recordarnos que la vida es una fiesta”.

Me declaro Vivo
por Chamalú, Indio Quechua

Saboreo cada acto. Antes cuidaba que los demás no hablaran mal de mí, entonces me portaba como los demás querían y mi conciencia me censuraba. Menos mal que a pesar de mi esforzada buena educación siempre había alguien difamándome. ¡Cuánto agradezco a esa gente que me enseñó que la vida no es un escenario! Desde entonce me atreví a ser como soy!

He viajado por todo el mundo, tengo amigos de todas las religiones; conozco gente extraña: vegetarianos que devoran al prójimo con su intolerancia, personas que caminan con un cartel que dicen: “Yo se más que tu”; médicos que están peor que sus pacientes, gente millonaria pero infeliz, seres que se pasan el día quejándose, que se reúnen los domingos para quejarse por turnos, gente que ha hecho de la estúpidez su manera de vivir.

El árbol anciano me enseñó que todos somos lo mismo.

La montaña es mi punto de referencia: ser invulnerable, que cada uno diga lo que quiera, yo sigo caminando indetenible, soy guerrero: mi espada es el amor, mi escudo el humor, mi hogar la coherencia, mi texto la libertad, y si mi felicidad resulta insoportable, discúlpenme, no hice de la cordura mi opción, prefiero la imaginación a lo indio, es decir inocencia incluida. Quizas solamente teníamos que ser humanos.

El que tu no veas los átomos, no significa que no existan. Por eso es muy importante que sea el Amor lo único que inspire tus actos. Sin Amor nada tiene sentido, sin Amor estamos perdidos, sin Amor corremos el riesgo de estar de nuevo transitando de espaldas a la luz.

En realidad, sólo hablo para recordarte la importancia del silencio. Anhelo que descubras el mensaje que se encuentra detrás de las palabras; no soy un sabio, sólo un enamorado de la vida.

El silencio es la clave, la simplicidad es la puerta que deja fuera a los imbéciles. La educación ofical te prepara para que seas tu propia interferencia. Es interesante ver cómo los programas educativos eligen cuidadosamente todo lo esencial para descartarlo; así, no se enseña a vivir ni a morir, a amar ni a reír. La gente feliz no es rentable, con lucidez no hay necesidades innecesarias.

No es suficiente querer despertar, sino despertar. La mejor forma de despertar es hacerlo sin preocuparse porque nuestros actos incomoden a quienes duermen al lado. Recuerda que el deseo de hacerlo bien será un interferencia; es más importante amar lo que hacemos y disfrutar de todo el trayecto; la meta no existe, el camino y la meta son lo mismo, no tenemos que correr hacia ninguna parte, sólo saber dar cada paso plenamente.

No, no te resistas, ríndete a la vida, quien acepta lo que es y se habilita para hacer lo que puede, entonces se encarnan las utopías y lo imposible se pone a disposición. La mejor manera de ser feliz es: “ser feliz”; reconstruye tu raíz y saborea la vida; somos como peces de mares profundos, si salimos a la superficie reventamos. La frivolidad y la intrascendencia condenan la vida a la muerte. Cuando somos más grandes que lo que hacemos, nada puede desequilibrarnos, pero cuando permitimos que las cosas sean más grandes que nosotros, nuestro desequilibrio está garantizado.

El corazón está en emergencia por falta de amor, hay que volver a conquistar la vida, enamorarnos otra vez de ella; nuestro potencial interior aflora espontáneamente cuando nos dejamos en paz. Quizá sólo seamos agua fluyendo; el camino nos lo tenemos que hacer nosotros, mas no permitas que el cauce esclavice al río, no sea que en vez de un camino tengas una cárcel.

La infelicidad no es un problema técnico, es el resultado de haber tomado el camino equivocado.

Amo mi locura que me vacuna contra la estupidez, amo el amor que me inmuniza ante la infelicidad que pulula por doquier, infectando almas y atrofiando corazones. El amor es, a nivel sutil, la esencia de nuestra instancia inmonológica. Sin amor, el síndrome de inmunodeficiencia será adquirido inevitablemente y ello es mortal.

Desde mi corazón indígena sospecho que ser infeliz es una evasión. ¿Cuán fácil es hacer tonterías en este mundo moderno! Sospecho que el hombre empezó a equivocarse hace mucho tiempo, es decir que ya es tiempo de rectificar la marcha, y reorientando el paso, retomar la sagrada senda del sol. No es posible llegar a nuestro sitio sin trascender el egoísmo; no es posible acceder a la vida plena sin haberse purgado previamente de miedos y temores. La gente está tan acostumbrada a complicarse, que rechaza de antemano la simplicidad; la gente está tan acostumbrada a ser infeliz, que la sensación de felicidad les resulta sospechosa; la gente está tan reprimida, que la espontánea ternura le incomoda y el amor le inspira desconfianza.

Hay cosas que son muy razonables y… apestan. Ya no podemos perder el tiempo en seguir aprendiendo técnicas espirituales cuando aún estamos vacíos de amor.

Un día permitimos que nos esclavizaran y ni siquiera existe. El amo resultó ser un fantasma manejado a control remoto por quienes nos precisan domésticos.

Quienes no están preparados para escuchar tienen la recompensa de no enterarse de nada.

Disfruta de lo que tienes, recibe lo que venga, crea e inventa lo que necesites, haz solo lo que puedas, y fundamentalmente celebra lo que tengas.

La vida es un canto a la belleza, una convocatoria a la transparencia, cuando esto lo descubras desde la vivencia, el viento volverá a ser tu amigo, el árbol se tornará en maestro y el amanecer en ritual, la noche se vestirá de colores, las estrellas hablarán el idioma del corazón y el espíritu de la tierra reposará otra vez tranquilo.

No importa lo que digan de ti… Los que lo demás esperan de ti pueden convertirte en una cárcel; digan lo que digan de mí yo soy el que soy.

“Una mujer me dijo un día: “Pero niña, ¿a ti no te educaron?” “¡Menos mal que no me educaron!”, respondí, “Hubiera sido infeliz” (Fedra – India Blanca)

Mi currículum solo tiene una palabra: Indio

 

Citas del libro, “Me declaro Vivo” by Luis Espinoza (Chamalú), 1994 – Ediciones Obelisco – Buenos Aires – Argentina – ISBN:84-7720-369-5
http://silyoga.bahiadesign.com/?p=677

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