…amanecer salvaje…

Pero en cada país al que he ido – y en los últimos seis años he estado en cerca de 45 países y muchas aldeas diminutas, ciudades y pueblos -- he visto algo que he llegado a llamar “guerreros de la vagina.”

Un guerrero de la vagina es una mujer, o un hombre pro vagina, que ha sido testigo de una violencia increíble, o la ha sufrido, y en vez de tomar una AK-47 o un arma de destrucción masiva o un machete, guardan la violencia en sus cuerpos, viven el duelo, la experimentan, y después salen y dedican sus vidas a asegurarse de que no le suceda a nadie más.

Eve Ensler

Apuesto a que están preocupados.

(Risas)

Yo estaba preocupada. Por eso comencé esta obra. Estaba preocupada por las vaginas. Estaba preocupada por lo que pensamos acerca de las vaginas, y más preocupada porque no pensamos en ellas. Estaba preocupada por mi propia vagina. Necesitaba un contexto, una cultura, una comunidad de otras vaginas. Hay tanta oscuridad y secretismo a su alrededor. Como el Triángulo de las Bermudas, nadie envía jamás informes desde ahí.

(Risas)

En primer lugar, la vagina no es tan fácil de encontrar. Las mujeres pasan, días, semanas, meses sin verla. Entrevisté a una poderosa mujer de negocios, me dijo que no tenía tiempo. “Ver tu vagina,” dijo, “es todo un día de trabajo.”

(Risas)

“Tienes que recostarte de espaldas, frente a un espejo, de preferencia largo. Te tienes que poner en la posición perfecta, con la luz perfecta, y después se ensombrece por el ángulo en el que estás. Estás girando la cabeza hacia arriba, arqueando la espalda, es agotador –” ella estaba ocupada, no tenía tiempo. Así que decidí hablar con las mujeres sobre sus vaginas. Comenzaron como entrevistas informales sobre vaginas, y se convirtieron en los “Monólogos de la vagina.” Hablé con más de 200 mujeres. Hablé con mujeres mayores, mujeres jóvenes, mujeres casadas, lesbianas, mujeres solteras. Hablé con profesionales corporativas, profesoras unversitarias, actrices, prostitutas, hablé con mujeres afro-americanas, asiático-americanas, nativo-americanas, caucásicas, judías. Ok, al principio las mujeres eran un poco tímidas, un poco renuentes a hablar. Una vez que comenzaban no había manera de pararlas. A las mujeres les encanta hablar de su vagina, de verdad. Sobre todo porque nadie se lo ha pedido antes.

(Risas)

Empecemos con la palabra vagina — vagina, vagina. En el mejor de los casos suena como una infección. En el peor, como instrumental médico. “Enfermera, de prisa, traiga la vagina”

(Risas)

Vagina, vagina, vagina, no importa cuántas veces dices la palabra, nunca suena como una palabra que quieras decir. Es una palabra totalmente ridícula, nada sexy. Si tratas de utilizarla durante el sexo, tratando de ser políticamente correcta, “Cariño, ¿me acariciarías la vagina?,” matas el acto ahí mismo.

(Risas)

Me preocupa lo que las llamamos y lo que no las llamamos. En Great Neck, Nueva York, le llaman “pussy-cat (gatita).” Una mujer me dijo que su mamá solía decirle: “No te pongas ropa interior bajo la pijama, necesitas airear tu pussy-cat (gatita).”

(Risas)

En Westchester le llaman “pooky,” en Nueva Jersey “twat.” Hay “polvera,” “derriere,” “pooky,” “poochy,” “poopy,” “poopaloo,” “pooninana,” “padepachetchki,” “pow” y “melocotón.”

(Risas)

Hay “sapito,” “dee dee,” “nishi, “dignidad,” “coochie snorcher,” “cooter,” “labi,” “gladis siegelman,” “va,” “wee-wee,” “parte puta,” “nappy dugout,” “mungo,” “ghoulie,” “polvera,” “mimi” en Miami, “split knish” — Filadelfia – y “schmende,” en el Bronx.

(Risas)

Me preocupan las vaginas. Asi es como comenzaron los “Monólogos de la vagina.” Pero en realidad no comenzó ahí, comenzó con una conversación con una mujer. Estábamos hablando sobre la menopausia, y llegamos al tema de su vagina — que es lo que se hace cuando se habla de la menopausia. Y dijo cosas sobre su vagina que me sorprendieron, que estaba seca y acabada y muerta, y me sorprendió. Entonces le dije a una amiga de pasada, “¿Qué piensas de tu vagina?” Y esa mujer dijo algo más sorprendente, y la siguiente mujer dijo algo más sorprendente, y antes de saberlo, todas las mujeres me decían que tenía que hablar con alguien sobre su vagina porque tenía una historia asombrosa, y fuí llevada por el camino de la vagina.

(Risas)

Y en realidad nunca me he desviado, creo que si me hubieran dicho cuando era jóven que al crecer estaría en tiendas de zapatos y la gente gritaría “Ahí esta, la señora de la vagina,” no creo que hubiera aspirado a eso en la vida.

(Risas)

Pero quiero hablar un poco sobre la felicidad y su relación con este viaje de la vagina porque ha sido un viaje extraordinario que comenzó hace ocho años. Creo que antes de hacer los “Monólogos de la vagina” no creía en realidad en la felicidad. Para ser honesta, creía que sólo los idiotas eran felices. Recuerdo cuando comenzé a practicar Budismo hace 14 años, y me dijeron que el fin de la práctica era el ser feliz. Dije, “¿Cómo puedes ser feliz y vivir en este mundo de sufrimiento, y vivir en este mundo de dolor?” Confundía la felicidad con muchas otras cosas, como adormecimiento, decadencia o egoísmo. Y creo que lo que pasó en el transcurso de los “Monólogos de la vagina” y en este viaje es que he llegado a entender un poco más sobre la felicidad

Hay tres cualidades de las que quiero hablar.

  • Una es ver lo que está frente a ti, y hablar sobre eso, y decirlo. Creo que lo que he aprendido de hablar sobre la vagina, y hablar sobre lo que la vagina es fue lo mas obvio – estaba en el centro de mi cuerpo y en el centro del mundo– y sin embargo era eso de lo que nadie hablaba.
  • La segunda cosa es que lo que hablar de la vagina hizo fue abrir esta puerta que me permitió ver que había una forma de servir al mundo y mejorarlo. Y de ahí es de donde ha venido la mas profunda felicidad.
  • Y el tercer principio de la felicidad, del que me he dado cuenta recientemente.

Hace ocho años, este momentum y esta energía, esta “Ola-V” comenzó — y sólo la puedo describir como la “Ola-V” porque, para ser honesta, no la entiendo por completo, me siento a su merced. Pero la ola comenzó y si yo questionaba la ola, o intentaba parar la ola o mirar atrás hacia la ola, a menudo siento como un latigazo o la probabilidad de romperme el cuello. Pero si sigo la ola, y confío en la ola y me muevo con la ola, llego al siguiente lugar. Y sucede de manera lógica, y orgánica y verdadera. Y comencé esta obra, particularmente con historias y narraciones, y hablaba con una mujer y eso me llevaba a otra mujer y eso me llevaba a otra mujer, y entonces escribí esas historias y las puse frente a otras personas.

Y cada vez que hacía el show en el inicio, las mujeres literalmente hacían fila despues del show porque querían contarme sus historias. Y al principio pensé: “qué bien, me hablarán de orgasmos maravillosos y vidas sexuales estupendas, y de cómo las mujeres adoran sus vaginas.” Pero de hecho, las mujeres no formaban para decirme eso. Las mujeres formaban para decirme cómo habían sido violadas, cómo eran maltratadas, y cómo eran golpeadas, y cómo habían sido violadas en grupo en estacionamientos, y cómo sus tíos habían cometido incesto. Y quería dejar de hacer los “Monólogos de la vagina” porque me parecía intimidante. Me sentía como una fotógrafa de guerra que fotografía sucesos terribles, pero no interviene.

Así que en 1997, dije, “Juntemos a mujeres. ¿Qué podemos hacer con lo que sabemos sobre estas violaciones?” Y resultó que, después de pensar e investigar, descubrí – y las Naciones Unidas lo dijo recientemente — que una de cada tres mujeres en este planeta sera golpeada o violada en su vida. Eso es básicamente el género que es el principal recurso del planeta, las mujeres. Así que en 1997 juntamos a todas estas increíbles mujeres y dijimos, “¿Cómo usar la energía de la obra para parar la violencia contra las mujeres?” Y creamos un espectáculo en Nueva York, en el teatro, y vinieron todas estas actrices famosas - desde Susan Sarandon, y Glenn Close, hasta Whoopi Goldberg – e hicimos una representación una noche y ese fue el catalizador de esta ola, esta energía.

Y en cinco años, esto tan extraordinario comenzó a suceder. Una mujer tomó esa energía y dijo, “Quiero llevar esta ola, esta energía, a campuses universitarios,” y tomó la obra y dijo, “Usemos la obra y representemos la obra una vez al año para recaudar fondos en contra de la violencia a las mujeres en comunidades locales en todo el mundo.” Y en un año se presentó en 50 universidades y depues se expandió. Y en los ultimos seis años se ha extendido y extendido, y extendido, y extendido alrededor del mundo.

He aprendido dos cosas.

Una que la epidemia de violencia contra las mujeres es sorpendente, es global, es tan profunda y tan devastadora, y está tan enraizada en cada hueco de cada cráter de cada pequeña sociedad que ni siquiera la reconocemos porque se ha vuelto ordinaria.

Este viaje me ha llevado a Afganistán, donde he tenido el extraordinario honor y privilegio de ir a partes bajo control talibán -- llevaba puesto un burka -- y fui con un grupo extraordinario llamado Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán, y vi de primera mano cómo las mujeres habian sido despojadas de todo derecho del que se puede despojar a la mujer. Desde recibir una educación, a tener un trabajo, a poder comer helado. Para aquellos que no lo saben, comer helado era ilegal bajo los talibanes. Y de hecho vi y conocí a mujeres a quienes han azotado al ser pilladas comiendo helado de vainilla. Y me llevaron a una heladeria secreta en un pequeño pueblo, fuimos a un cuarto trasero donde habia mujeres sentadas, y se puso una cortina a nuestro alrededor, y les sirvieron helado de vainilla. Y las mujeres levantaron sus burkas y comieron helado, y creo que nunca entendí el placer hasta ese momento, y cómo las mujeres han encontrado la forma de mantener ese placer.

Me ha llevado, este viaje, a Islamabad, donde he conocido a mujeres con los rostros derretidos.

Me ha llevado a Juárez, México, donde estuve hace una semana, donde he estado literalmente en estacionamientos donde huesos de mujeres han aparecido tirados junto a botellas de Coca-Cola.

Me ha llevado a universidades de todo el país en donde se viola y droga a chicas cuando tienen citas.

He visto una violencia terrible, terrible, terrible. Pero también he reconocido, al ver esa violencia, que estar frente a estas cosas y ver lo que tenemos enfrente es el antídoto contra la depresión y contra el sentimiento de que uno es inútil y no vale nada. Porque antes de los “Monólogos de la vagina,” yo diría que el 80 por ciento de mi conciencia estaba cerrada a lo que de verdad estaba pasando en esta realidad. Y ese estar cerrada cerró mi vitalidad y mi energía.


Lo que también ha sucedido durante estos viajes – y ha sido algo extraordinario – es que en cada lugar al que he ido en el mundo, he conocido a una especie nueva. Me encanta saber de todas esas especies del fondo del mar. Y estaba pensando en cómo el estar con estas personas extraordinarias en este panel concreto, que está debajo, más alla y en medio, y la vagina como que encaja en todas esas categorías.

(Risas)

Pero una de las cosas que he visto en esta especie — y es una especie, y es un paradigma nuevo, y nunca aparece en la prensa o en los medios porque no creo que las buenas noticias sean noticia, y no creo que la gente que está transformando el planeta consiga grandes audiencias en televisión.

Pero en cada país al que he ido – y en los últimos seis años he estado en cerca de 45 países y muchas aldeas diminutas, ciudades y pueblos -- he visto algo que he llegado a llamar “guerreros de la vagina.” Un guerrero de la vagina es una mujer, o un hombre pro vagina, que ha sido testigo de una violencia increíble, o la ha sufrido, y en vez de tomar una AK-47 o un arma de destrucción masiva o un machete, guardan la violencia en sus cuerpos, viven el duelo, la experimentan, y después salen y dedican sus vidas a asegurarse de que no le suceda a nadie más.

He visto a estas mujeres en todo el planeta. Y quiero contar unas cuantas historias porque creo que con historias transmitimos información, que entra en nuestros cuerpos. Y creo que una de las cosas de estar en TED que ha sido muy interesante es que vivo mucho en mi cuerpo, y ya no vivo tanto en mi cabeza. Y este es un lugar de mucha cabeza. Y ha sido muy interesante estar en mi cabeza. Estos últimos dos días he estado muy desorientada — (Risas) porque creo que el mundo, el mundo-V existe mucho en el cuerpo. Es un mundo corporal, y la especie existe en el cuerpo, y creo que hay un verdadero significado en atar nuestros cuerpos a nuestras cabezas – que esa separación ha creado una división que a menudo separa el propósito de la intención. Y la conexión entre cuerpo y mente a menudo une esas cosas.

Quiero hablar de tres personas que he conocido, guerreros de la vagina que han transformado mi entendimiento de todo este principio y de la especie, y una es una mujer llamada Marsha López.

Marsha López es una mujer que conocí en Guatemala.

Tenía 14 anos, y estaba en un matrimonio donde su esposo la golpeaba con regularidad, y no podía dejarlo porque era adicta a la relación y no tenía dinero. Su hermana era mas joven que ella y mandó su solicitud — para el concurso “Frena la violación” que tuvimos en Nueva York hace años — y mandó su solicitud, esperando ser finalista y poder traer a su hermana. Se convirtió en finalista y trajo a Marsha a Nueva York. Organizamos un Día-V estupendo en un Madison Square Garden lleno de testosterona, donde se agotaron todas las entradas, 18,000 personas de pie para decir “” a las vaginas, lo que de hecho fue una transformación increíble. Y vino, y fue testigo de esto, y decidió que regresaría y dejaría a su esposo, y que llevaría el dia-V a Guatemala. Tenía 21 anos. Fui a Guatemala y ella había vendido todos los boletos del Teatro Nacional de Guatemala. Y la vi subir al escenario con su vestido rojo corto y tacones altos, y se paro ahí y dijo. “Me llamo Marsha. Fui golpeada por mi esposo durante cinco aňos. Casi me mata. Me fui y tú puedes también.” Y las 2.000 personas se volvieron absolutamente locas.

Hay una mujer llamada Esther Chávez a quien conocí en Juárez, México.

Esther Chávez era una contable brillante en la Ciudad de México, de 72 aňos, y estaba planeando jubilarse. Fue a Juárez a cuidar de su tía enferma, y mientras tanto empezó a descubrir lo que estaba pasando con las muertas y desaparecidas de Juárez. Renunció a su vida y se mudó a Juárez, comenzó a escribir historias que documentaban a las mujeres desaparecidas. 300 mujeres han desaparecido en un pueblo fronterizo porque son morenas y pobres. No ha habido respuesta a las desapariciones, y ni una sola persona ha sido hallada responsable. Comenzó a documentarlo, abrió un centro llamado Casa Amiga, y en seis años, ha hecho de esto, literalmente, algo conocido mundialmente. Estuvimos allí hace una semana, había 7.000 personas en la calle y fue un verdadero milagro, y mientras caminábamos por las calles, la gente de Juárez, que normalmente ni siquiera sale a la calle porque la calle es muy peligrosa, literalmente se paro ahí y lloró al ver que otras personas del mundo se habían presentado para apoyar a esta comunidad.

Hay otra mujer llamada Agnes.

Y Agnes, para mí, es la personificación de lo que es un guerrero de la vagina. La conocí hace tres años en Kenia. Agnes fue mutilada de pequeňa, fue circuncidada contra su voluntad cuando tenia 10 años, y tomó la seria decisión de que no quería que esta practica continuara en su comunidad. Así que al crecer creó esto tan increíble, es una escultura anatómica del cuerpo femenino, es la mitad del cuerpo de la mujer, y caminaba por el Valle del Rift, y tenía vagina y repuestos de vagina con los que enseñaba a niñas, padres y niños el aspecto de una vagina saludable, y el de una vagina mutilada. Y en el transcurso de su viaje caminó literalmente durante ocho anos en el Valle del Rift, entre polvo, durmiendo en el piso – porque los Masais son nómadas y tenía que encontrarlos, literalmente, y ellos se mudaban, y los volvía a encontrar – ella salvó a 1.500 niñas de ser cortadas. Y en aquel entonces ella creó un ritual alterno en el que las chicas maduraban sin ser cortadas.

Cuando la conocimos hace tres años, dijimos, “¿Qué puede hacer el Día-V por ti?” Y ella dijo, “Si me dan un Jeep, me podría mover con mas rapidez.”

(Risas)

Así que le compramos un Jeep. Y en el año que tuvo el Jeep, salvó a 4.500 niñas de ser cortadas.

Así que entonces le dijimos, “Agnes, ¿qué más podemos hacer por ti?”, y ella dijo, “Bueno, Eve, si me dieras un poco de dinero, podría abrir una casa y la niñas podrían huir y podrían salvarse.”


Y quiero contar esta pequeña historia de mis propios comienzos porque esta muy relacionada con la felicidad, y Agnes.

Cuando era pequeña – y yo crecí en una comunidad próspera, una comunidad blanca de clase media alta – y tenía todo el aspecto de una vida maravillosa, perfectamente buena. Y se suponía que todo el mundo era feliz en esa comunidad cuando de hecho mi vida era un infierno. Vivía con un padre alcohólico que me maltrataba y abusaba de mí, y estaba todo dentro de eso. Y de niña siempre tenía la fantasía de que alguien vendría a salvarme. Y de hecho inventé un personaje llamado Señor Caimán, a quien llamaba cuando las cosas se ponían muy mal, y le decía que era hora de venir por mí. Y yo iba y empacaba una bolsita y esperaba a que llegara el Señor Caimán. El Senor Caimán nunca terminó de llegar, pero la idea de que llegaría salvó mi cordura y me permitió seguir adelante porque creía que en la distancia habría alguien que vendría a rescatarme.

Avancemos unos 40 años, vamos a Kenia, y estamos caminando, llegamos a la inauguración de esta casa — y Agnes no me había dejado entrar a la casa en días – porque estaban preparando todo este ritual.

Y quiero contarles una historia fenomenal, cuando Agnes comenzó a luchar para frenar la mutilación genital femenina en su comunidad, se convirtió en paria, y la exiliaron y la difamaron, y la comunidad entera se volvió en su contra. Pero, guerrera de la vagina que es, ella siguió. Y siguió comprometiéndose a transformar conciencias. En la comunidad Masai, las cabras y las vacas son los bienes de más valor. Son como los Mercedes-Benz del Valle Rift. Y ella dijo que dos días antes de que la casa abriera, dos personas diferentes llegaron para darle una cabra, y me dijo, “Supe que la mutilación genital femenina terminaría algún día en África.”

De cualquier modo, llegamos y cuando llegamos, había cientos de niñas vestidas de rojo, vestido hechos en casa – que es el color de los Masai y el color del Día-V – y nos recibieron, y habían creado estas canciones que cantaban sobre el fin del sufrimiento, y el fin de la mutilación, y nos llevaron por un camino. Y era un día espléndido bajo el sol africano, y el polvo volaba y las niñas bailaban, y había una casa y decía, “Casa de seguridad para niñas Día-V.”

Y en ese momento me di cuenta que había tomado 47 años, pero el Sr. Caimán finalmente había llegado. Y se presentó en una forma que me llevó mucho tiempo entender, que es que cuando damos al mundo lo que mas queremos, curamos lo que está roto en cada uno de nosotros.

Y siento que en estos últimos ocho años, que este viaje, este milagroso viaje de la vagina, me ha enseñado algo muy simple, que la felicidad existe en la acción, existe en decir la verdad y en decir tu verdad, y existe en dar lo que mas deseas.

Y siento que ese conocimiento y ese viaje han sido un privilegio extraordinario, y me siento realmente feliz de haber estado aquí hoy para decírselo. Muchas gracias.

(Aplausos)

DESDE http://www.ted.com

Comentarios en: "“…y creo que nunca entendí el placer hasta ese momento, y cómo las mujeres han encontrado la forma de mantener ese placer…” Eve Ensler" (3)

  1. ES UNA HISTORIA EXTRAORDINARIA, Y ME GUSTARIA COMPARTIRLA CON MIS AMIGAS DE SOLO MUJERES. ESTAMOS APOYANDO LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER, SI ME PERMITEN LA TRANSCRIBIRE EN MI BLOG.

    MIL GRACIAS POR SUS APORTES.

  2. [...] Eve Ensler:… y creo que nunca entendí el placer hasta ese momento, y cómo las mujeres han en… Share this:FacebookTwitterStumbleUponDiggRedditCorreo electrónicoImprimirLike this:LikeBe the first to like this post. [...]

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