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… parte de esas personas honestas, transparentes, cómplices…
que amas entrañablemente…
…canta María Elena…
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… parte de esas personas honestas, transparentes, cómplices…
que amas entrañablemente…
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…la clave está en que nos respetemos,
algo difícil
porque no estamos educadas
en el respeto a las mujeres…
La Carta de las Mujeres a la Humanidad surgió del movimiento mundial de las mujeres, un movimiento que se piensa y se siente desde distintas culturas, creencias, edades, profesiones, etc. Este movimiento tiene diferentes formas de organización y de expresión (una parte es feminista y su origen está en el inicio del movimiento feminista) y todas ellas son transformadoras.
Propone:
En el último tiempo, este movimiento ha colocado en el centro conseguir la paz para las mujeres. Anteriormente, se había planteado conseguir derechos políticos, laborales, etc. para ellas. Esto nos ha permitido ver la violencia como un problema para las mujeres que afecta a otros ámbitos que pensábamos que estaban desconectados.
Juntas, vamos construyendo un modelo porque de la experiencia de una mujer nos beneficiamos todas. Aunque ni lo sepamos, cambios que hacemos en nuestras vidas los hemos tomado de otras. Después, llegará alguien que a todo esto le ponga indicadores, el nombre de plan, de programa… y estas experiencias tendrán la sistematización que requieren. Todas somos diversas, incluso entre cada una misma según el momento de la vida en el que se encuentre.
El encuentro entre mujeres diversas se está produciendo en todo el mundo (Internet). En algunos lugares apartados del mundo hay mujeres con un ordenador conectado a Internet que están haciendo un master en género. Hoy ha cambiado el mundo, en parte por el uso que hacemos nosotras de las comunicaciones y de la apropiación de lo que hacen las mujeres de todas partes del mundo, de sus prácticas exitosas.
La Carta de las Mujeres a la Humanidad fue suscrita en el año 2000 por la marcha mundial de las mujeres, en el seno de la política que no beneficia a la mayoría, sino a un grupo de hombres. En 2004, en Ruanda, se hace un gran aporte: una presentación a la humanidad del movimiento de mujeres en el mundo.
La Carta dice que las mujeres hemos contribuido a la democracia y a cambiar el mundo y hace un llamamiento a mujeres, hombres, pueblos oprimidos, etc. para que planteen un pacto dirigido a transformar el mundo y a modificar radicalmente los nexos que nos unen. Es un poder alternativo, que conllevará la erradicación de lo que no queremos. Es una praxis constructiva, una posición muy distinta a la confrontación.
Se sostiene sobre cinco pilares principales:
-igualdad
-paz
-libertad
-solidaridad
-justicia
Hace un llamamiento a todas las fuerzas sociales para que estos valores sean puestos en práctica. Se requieren, desde luego, cambios estructurales; los cambios ideológicos y valorativos no son suficientes. De lo contrario, cada cual le daría un contenido a la justicia. (Hoy escuchamos discursos de igualdad a organizaciones que reproducen la desigualdad).
Sabemos que no estamos dispuestas a tolerar más. En los últimos tiempos nos hemos dedicado a buscar qué sinergias tienen que producirse entre organizaciones locales, internacionales, etc. para lograr el piso para las mujeres y la búsqueda ha adquirido una dimensión internacional. Nos referimos al piso del derecho internacional, que se convierte en nacional a través de los pactos internacionales. Tenemos que articularnos entre lo internacional, lo nacional y lo local para poder tener una potencia más alta y para que este movimiento sea sustentable. Si no, puede resultar una cosa veraniega, o sea, pasajera.
Desde el feminismo se ha creado la concepción de igualdad entre mujeres y hombres.
El feminismo es radical porque:
Los hombres tienen que cambiar y eso tiene que estar normado. Las leyes que estamos aprobando implican a los hombres directamente. Los hombres se quedan en atender al violento, pero no se plantean más allá; hay 110.000 abortos en España (500.000 en México) al año y no se plantean qué tiene que ver esto con ellos.
Hay que ir revisando el pasado, pero siempre con un pie en el futuro. Hay que revisar nuestro el compromiso con la causa de las mujeres y tenemos que asumir cada vez más articuladamente esta problemática.
La carta plantea la solidaridad, palabra que aprendimos del movimiento obrero. Después nos dimos cuenta de que el concepto fue un aporte del movimiento feminista al movimiento obrero, que se planteaba la fraternidad.
Celia Amorós, en el escrito ‘Violencia patriarcal’, explica que el primer pacto de complicidad entre los hombres es un pacto de exclusión de las mujeres y, por lo tanto, de violencia contra ellas, porque el hecho de partir de esa exclusión (plasmada, entre otros ámbitos, en el derecho). Es un pacto implícito y culturalmente instalado.
La declaración ‘Derechos del hombre y del ciudadano’ fue acompañada de un feminicidio porque excluyeron económica, política y socialmente a las mujeres. Además, las prohibieron y después las llevaron a la guillotina por vindicar los derechos de las mujeres y de las ciudadanas (Olimpia de Gouges). Esta exclusión es una violencia y asegura el control de las mujeres. Las otras formas de violencia tampoco dañan sólo a una mujer, sino a todas, porque la violencia es simbólica.
La fraternidad es un concepto que abarcaría a mujeres y a hombres porque tiene reconocimiento humano. Abarcaría también la cultura de la sororidad. Este no es un concepto religioso, pero sí tiene un latinajo ‘sor’ (hermana). Significa que ninguna está jerarquizada. Tiene como sentido la alianza profunda y compleja entre las mujeres.
Sororidad/ soridad/ sisterhood: pacto político de género entre mujeres que se reconocen como interlocutoras. No hay jerarquía, sino un reconocimiento de la autoridad de cada una. Está basado en el principio de la equivalencia humana, igual valor entre todas las personas porque si tu valor es disminuido por efecto de género, también es disminuido el género en sí. Al jerarquizar u obstaculizar a alguien, perdemos todas y todos. En ocasiones, la lógica patriarcal nos impide ver esto.
La sororidad tiene un principio de reciprocidad que potencia la diversidad. Implica compartir recursos, tareas, acciones, éxitos… Reconocer la igual valía está basado en reconocer la condición humana de todas, desde una conceptualización teórica de lo que significa.
Otro aporte de la sororidad es dar a conocer las aportaciones de las mujeres para construir la valoración no sólo de la condición humana sino de sus hechos. La cosa no es ‘cómo nos queremos’; la clave está en que nos respetemos, algo difícil porque no estamos educadas en el respeto a las mujeres. Se trata de enfrentar la misoginia, grave problema que causa grave daño a la democracia.
La sororidad exige de nosotras revisar la propia misoginia; cada una tiene que ir descubriendo dónde, cómo se nos aparece, cómo nos legitima para dañar a las otras. Eso también es violencia.
La sororidad es una política que trata de desmontar la misoginia, acción básica para el empoderamiento de las mujeres y la construcción de la igualdad. Si ella, nos pondremos trabas entre nosotras mismas.
¿Cómo lograr la sinergia entre mujeres diferentes que reconocen que la diversidad es un valor positivo, que se unen para universalizar los derechos y para contribuir a la valoración de los derechos de las mujeres en el mundo?
La sororidad es posible como un proceso, siempre y cuando cada una sea posible de alcanzar la mismidad, basada en la autonomía de las mujeres. ‘Auto’ (otro latinajo) quiere decir ‘yo’, poder tener la independencia, también sexual.
La mismidad consiste en ir asumiendo esta construcción de las mujeres como sujeto, como nosotras mismas y en el mundo. Está relacionada con el empoderamiento individual y con el colectivo.
Todo esto es la Carta de las Mujeres a la Humanidad.

En el turno de preguntas…
Sobre que los hombres dicen sentirse excluidos en los espacios de mujeres.
Lo que no aceptan los hombres no es su exclusión, sino nuestra agregación. Sólo la aceptan si es para rezar, intercambiar recetas o hacer otras actividades más modernas como andar en bici, pero no si es para identificarnos y para lograr una complicidad entre nosotras. La agregación entre mujeres que no sean de vínculo sanguíneo es algo novedoso desde el punto de vista antropológico. Los hombres deben de estar asustados, teniendo en cuenta que cuando ellos se han reunido ha sido para nuestra exclusión; piensan que nosotras vamos a hacer lo mismo. A las mujeres se les ha mantenido aisladas, no sólo excluidas. Tenemos que pensar pasar de los grupos de apoyo de amigas a los de conciencia feminista.
Sobre el feminicidio.
Toda violencia es política y la violencia contra las mujeres es la forma más normalizada en la sociedad. El feminicidio es el homicidio político de género y contribuyen a él las comunidades y las instituciones que no hacen lo necesario por construir una cultura de igualdad, por reformar la educación y por respetar las leyes nuevas de igualdad.
DESDE http://www.mujeresenred.net
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CAPÍTULO 12
La demarcación de territorio.
Los límites de la cólera y el perdón
El oso de la luna creciente
Bajo la tutela de la Mujer Salvaje recuperamos lo antiguo, lo intuitivo y lo apasionado. Cuando nuestras vidas son un reflejo de la suya, nuestra conducta es coherente. Terminamos las cosas o aprendemos a hacerlo en caso de que todavía no sepamos cómo. Damos los pasos necesarios para manifestar nuestras ideas al mundo. Recuperamos la concentración cuando la perdemos, cuidamos los ritmos personales, nos acercamos más a los amigos y los compañeros que están de acuerdo con los ritmos salvajes e integrales. Elegimos relaciones que alimentan nuestra vida creativa e instintiva. Nos inclinamos para alimentar a los demás. Y estamos dispuestas, en caso necesario, a enseñar a nuestras parejas receptivas lo que son los ritmos salvajes.
Pero este arte tiene otra faceta que consiste en saber afrontar algo que sólo puede llamarse la cólera femenina. Es necesario liberar esta furia. En cuanto las mujeres recuerdan los orígenes de su cólera, piensan que jamás podrán dejar de rechinar los dientes. Pero, paradójicamente, también experimentamos el vehemente deseo de dispersar nuestra cólera y acabar con ella.
Sin embargo, el hecho de reprimirla no dará resultado. Sería algo así como intentar prender fuego a un saco de arpillera. Tampoco es bueno que nos quememos o quememos a otra persona con ella. Por eso nos quedamos ahí, soportando una poderosa emoción que percibimos como algo molesto. Es como un pequeño desecho tóxico; está ahí, nadie lo quiere, pero apenas hay lugares donde eliminarlo. Tenemos que desplazarnos muy lejos para encontrar un cementerio…. Leer Capítulo…
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Leer Mujeres que corren con los lobos la primera vez, es apenas el inicio…
habrá que “leer, sentir, volver a leer”, como propone Nélida quien nos compartió hace unos meses en un comentario, que nos regaló.
En parte de sus líneas nos dice:
“…Te cuento que yo tengo el libro y trabajé con el, aproximadamente hace unos seis años atrás, tratando de encontrarme y reconocerme y a la vez, materializando alguno de los arquetipos que menciona el libro, en esculturitas de pequeño formato realizadas en cerámica, lo cual me llevó casi un año de trabajo, de leer, sentir, volver a leer y lograr dar forma a esos seres que de una u otra forma, nos habita….”
…comparto aquí (sin su permiso) una muestra de sus creaciones…
LA MUJER ESQUELETO
Nélida Cipoletta
imagen desde aquí
Exquisita e impresionante, una muestra del sentir a partir de conocer a la mujer esqueleto, con quien nos encontramos en el capítulo 5 – LA CAZA: CUANDO EL CORAZÓN ES UN CAZADOR SOLITARIO
La pista para conocer su valioso trabajo:
…una vez más… Gracias Nélida!!
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No tales el árbol de la ilusión,
y escribe el libreto
de tu propia realidad
sin truncar nunca los sueños
en cristales rotos.
Quiérete como desearías
que te amasen,
haz de la pasión tu norte,
y de la ternura el antídoto
contra todos los venenos.
Solo así, podrá valer la pena.
Al menos que yo sepa,
no existe otra manera.
http://escritoconsentido.blogspot.com
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CAPÍTULO 11
El calor: la recuperación de la sexualidad sagrada
Las diosas obscenas
Hay un ser que habita en el subsuelo salvaje de la naturaleza femenina. Esta criatura es nuestra naturaleza sensorial y, como cualquier criatura integral, tiene sus propios ciclos naturales y nutritivos. Este ser es inquisitivo, amante de la relación, a veces rebosa energía y otras permanece en estado de reposo. Reacciona a los estímulos sensoriales: la música, el movimiento, la comida, la bebida, la paz, el silencio, la belleza, la oscuridad (1).
Este aspecto de la mujer es el que posee calor. No un calor del tipo “Vamos a acostarnos, nena”, sino un fuego subterráneo cuyas llamas suben y bajan cíclicamente. A partir de la energía que allí se libera, la mujer actúa según le parece. El calor de la mujer no es un estado de excitación sexual sino un estado de intensa conciencia sensorial que incluye su sexualidad, pero no se limita a ésta.
Mucho se podría escribir acerca del uso y el abuso de la naturaleza sensorial de las mujeres y acerca de la manera en que ellas y los demás reprimen sus ritmos naturales o intentan apagarlos por completo. Pero vamos a centrarnos en su lugar en un aspecto que es ardiente y decididamente salvaje y despide un calor que mantiene caldeadas las bajas sensaciones. En la época moderna apenas se ha prestado atención a esta expresión sensorial de las mujeres y, en muchos lugares y momentos, incluso se la ha desterrado por completo.
Hay un aspecto de la sexualidad de las mujeres que en la antigüedad se llamaba lo obsceno sagrado, no con el significado con que hoy utilizamos la palabra “obsceno” sino con el de “sexualmente sabio e ingenioso”, y se tributaban a las diosas unos cultos dedicados en parte a la irreverente sexualidad femenina. Los ritos no eran despreciativos sino que más bien pretendían representar algunas partes del inconciente que incluso hoy en día siguen siendo misteriosas e inexploradas.
La idea misma de la sexualidad como algo sagrado y, más concretamente, de la obscenidad como un aspecto de la sexualidad sagrada, es esencial para la naturaleza salvaje…Leer capítulo
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EN BRAZOS: La importancia del contacto físico y del apego
Biberones, chupetes, cochecitos, cómodos sillones regulables, adaptadores para el auto y la bicicleta, cunas transportables, desarmables, sofisticados accesorios con sonidos, colores, formas…sin duda alguna la industria ha diseñado todo tipo de implementos para transportar, alimentar, dormir, entretener y estimular a nuestros bebés.
En unas pocas décadas se nos han vuelto necesarios, imprescindibles. Se han ligado indisolublemente a la imagen del bebé sano y feliz. De algún extraño modo hemos conseguido que hoy, un bebé que no usa chupete, que toma el pecho o va en brazos de su madre sea la excepción y no la norma. Es tan inusual, que quienes optan por una crianza con apego y con respeto por las necesidades de los bebés, se ven amenazados por toda clase de teorías y condenas que aseguran que su hijo no está sano y que, de no intervenir a tiempo, las consecuencias serán muy graves.
Brazos, ¿hasta cuándo?

La mayoría de los bebés comienzan a andar alrededor de los 12 meses de vida. Dan unos pocos pasitos y la familia contenta celebra que “ya camina”. Sin embargo, pasarán aún un largo par de años hasta que este niño que hoy a tientas logra mantenerse unos segundos en pie, pueda caminar sin perder el equilibrio, correr, sostenerse en un solo pie, retroceder, detenerse de pronto. De modo que caminar, lo que se dice caminar, es algo que se aprende completamente pasados los 3 años de vida. A pesar de esto, todos sabemos que aún luego de esa edad, los niños se cansan con gran facilidad y piden brazos.
O sea que desde el aspecto físico, los niños necesitan ser cargados en brazos por lo menos para trasladarse de un lado hacia otro hasta que estén en condiciones plenas de hacerlos por sí mismos.
En la práctica, nuestros hijos piden brazos por muchos otros motivos además del que acabamos de mencionar: al estar cansados, con sueño, cuando se lastiman, se asustan, se intimidan, se cansan de mirar el mundo a la altura de rodillas y patas de las mesas, e incluso por motivos que sólo ellos conocen.
En estos casos, nunca falta una tía (con las mejores intenciones, claro), una suegra, una vecina o incluso una perfecta desconocida, que se siente en el deber de alertarnos: “lo vas a malcriar”. Esta sentencia abre varias cuestiones que podemos analizar.
La primera de ellas es la creencia de que estar en brazos es algo que no debe ocurrir, y desde luego NUNCA en una “buena” crianza. Es algo malo, que se hace para darles el gusto a los hijos, y parece imposible que para los papás resulte placentero o lo disfruten.
Otra cuestión interesante es la idea de que si le das algo a tu hijo que le gusta, luego nunca dejará de pedirlo. Parecería que los bebés fueran adictos en potencia, que una vez que satisfacen sus necesidades con algo, no podrán dejar de pedir más. Personalmente, no he visto niños con problemas para dejar el cochecito o la sillita del auto cuando están maduros para ello. Y tampoco niños de 10 años pidiendo ser alzados en brazos. En algún momento de la evolución, simplemente dejan de pedir lo que ya no necesitan.
Las edades que tomamos como referencia para el desarrollo de nuestros hijos, están puestas de un modo arbitrario y no coinciden con la realidad por mucho que intentemos forzarlos.
Otro mensaje que se desliza en estas sentencias es que el niño no necesita estar en brazos, lo pide sólo para molestar, o por capricho, o porque nos “tomó el tiempo”. Evolutivamente, un niño de tan corta edad, no tiene capacidad de elucubrar un plan tan especulativo, ni puede aprender el concepto de tomar ventaja, de aprovecharse de los demás.
Las cosas para ellos son más simples: me siento cansado, triste, inseguro, y busco refugio en el lugar que me da más tranquilidad, junto al corazoncito de mamá, entre sus brazos, acurrucado. La intención es clara y sencilla: pido aquello que necesito.
Un aspecto fuerte dentro de quienes desaprueban el contacto estrecho con los bebés o la satisfacción de sus necesidades, es el fantasma de la dependencia que le generará al bebé estar en brazos, tomar teta, compartir la cama con sus papás, etc. Veamos un poco de dónde surge esta idea.
El apego
Esta dependencia de la que venimos hablando, tiene un nombre en la literatura psicoanalítica, se llama apego. El apego es la capacidad de formar y mantener relaciones. Como el ser humano vive en comunidades y es interdependiente de los otros seres humanos, es importante que aprenda desde pequeño a establecer lazos con los otros, y para preservar la especie, éstos deben ser estrechos y estables. Estos lazos otorgan bienestar, seguridad, consuelo, placer… Y la amenaza de pérdida del objeto al cual nos hallamos apegados, provoca ansiedad, angustia, temor.
La primera relación de apego que desarrollamos luego de nacer, es aquella que se da con nuestra madre. En el momento del parto, mamá y bebé segregan hormonas -opiáceos- que les facilitan -en condiciones de intimidad y contacto físico- este sentimiento de dependencia mutua, de fusión que ambos necesitan. En condiciones naturales, una mamá que acaba de parir, abrazará a su bebé, ambos se mirarán a los ojos, emitirán sonidos, ella comenzará a acariciarlo suavemente, primero por las extremidades, y luego de a poco se estrecharán e intentarán mantener este contacto piel con piel durante todo el tiempo que les sea posible. La madre no puede dejar de mirar a su bebé con los ojos bien abiertos, le hablará con un tono de voz agudo pero de baja intensidad, con una gran sonrisa, y en pocos instantes este bebé estará listo para reconocer el olor de su madre de entre muchos otros olores, para diferenciar su voz, y se calmará mucho más rápidamente si es acunado por ella y no por otra persona.
Durante estas dos primeras horas de vida, el bebé estará en un estado de alerta máximo que no volverá a repetirse hasta que hayan pasado algunos meses. Será incluso capaz de imitar expresiones del rostro de una persona que establezca un contacto visual directo con él a una distancia desde donde pueda verlo. Todo está preparado hormonalmente para que esta mamá y este bebé se enamoren el uno del otro, y desarrollen una fuerte dependencia mutua. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, estas primeras horas son utilizadas para realizar los primeros controles del recién nacido, a cargo de extraños, rodeados de estímulos luminosos, sonoros, y también dolorosos e invasivos. Todos ellos evitables o por lo menos, postergables.
Naturalmente, tanto si se produjo esta separación como si no, mamá y bebé querrán estar juntos, reencontrarse, reconocerse, estrecharse y mantenerse muy cerca el uno del otro. Ese bebé que hasta hace unas horas era parte del cuerpo de otra persona, cuyo cuerpo estaba en contacto con un líquido tibio, con sonidos y movimientos, se encuentra perdido en una cuna, lejos de todo lo conocido y por ello llorará intentando recuperar aquellas sensaciones reconfortantes. Esta relación primera, será el modelo sobre el cual se edificarán todas las posteriores relaciones del niño. Si cada vez que necesitó consuelo lo obtuvo, si cada vez que necesitó a su madre la encontró, si sus necesidades de afecto y cobijo fueron atendidas, será un modelo que quedará incorporado como reasegurador, confiable, y cuando llegue el momento de comenzar a independizarse, siempre le resultará mucho más fácil si sabe que ante cualquier ansiedad o angustia, mamá estuvo allí.
La cultura del desapego

El apego y el desapego son pautas culturales.
En aquellas culturas que funcionan comunitariamente, se necesita criar a los niños de modo que sean solidarios, capaces de compartir, generosos, para que puedan priorizar el bien común del grupo.
En culturas como la nuestra, se necesita que los niños sean independientes, y que aprendan a autoabastecerse, porque al llegar a adultos, importará la competitividad, el individualismo, el éxito personal y el poder. Por eso se necesita comenzar desde temprano. Separar a los bebés de sus madres precozmente, que aprendan rápidamente a sostener su biberón para que quienes lo cuidan no tengan que estar tan atentos; que se adapten a las canguro o a las guarderías sin llorar; que duerman solos toda la noche; que jueguen sin compañía; que dejen rápido los pañales; que se queden a dormir en casas de parientes o amigos, etc. Desde luego que estos requerimientos están pensados desde un mundo adulto que necesita rápidamente volver a la “normalidad“, hacer de cuenta que “aquí no ha pasado nada”, y amoldar a este bebé al ritmo de vida que tenía la casa antes de su llegada.
Si pudiéramos relatar en primera persona un día en la vida de un bebé, teniendo en cuenta que sus necesidades básicas incluyen brazos gran parte del día, teta a demanda y presencia materna constante, comprobaríamos sorprendentemente que la mayor parte del tiempo, estas personitas de escasas semanas de vida-o incluso días-, postergan o renuncian a sus necesidades para hacernos el favor de permitirnos continuar con nuestra vida adulta: duermen solos en su cunita una o dos horas, se quedan en la guardería, aceptan un trozo de silicona -sin duda una mala imitación del pezón de mamá- para succionar, y nos esperan durante horas mientras hacemos nuestros quehaceres, o cumplimos con nuestra jornada laboral.
Algunas mujeres sienten una gran preocupación por retomar su vida social, su silueta, sus actividades recreativas, su vida amorosa, y para esto es necesario que el bebé se esté quietecito, que duerma mucho, que no llore, que juegue solito y que se relacione con cualquier persona que esté dispuesta a quedarse a su lado. Esto es lo que se espera de un bebé casi desde las primeras semanas de vida. Si entendemos esto como “criar“, por supuesto que cargar al bebé en brazos, amamantarlo, dormir en la misma cama con él y satisfacer sus necesidades, será “malcriarlo“. Porque una vez que se ha dormido plácidamente en los brazos de mamá, y se ha abierto un ojo entre sueños y ella sigue estando allí, y al abrir la boca se encontró con su pecho dispuesto a cobijarlo y así se ha pasado todo el día, es lógico, comprensible y hasta esperable, que ningún bebé quiera conformarse con menos!!!
Los adultos también necesitamos abrazos. Nos demostramos el afecto con caricias, con besos, con miradas, con palabras cariñosas. Nunca dejamos de necesitar este tipo de comunicación.
Cómo crear vínculo
Poner al bebé al pecho, acunarlo, amamantarlo, acariciarlo, hablarle suavemente, sonreírle, cuidarlo, protegerlo, son actitudes que promueven la experiencia del vínculo. Los investigadores de estas temáticas, consideran que el factor más importante en la constitución del apego es el contacto físico positivo -expresado por las actitudes mencionadas anteriormente- ya que éste causa respuestas neuroquímicas en el cerebro que permiten que los sistemas cerebrales responsables del apego se desarrollen normalmente.
Durante los tres primeros años de vida el cerebro alcanza el 90% del tamaño adulto y coloca en su lugar la mayor parte de los sistemas y estructuras que serán responsables del funcionamiento emocional, conductual, social y fisiológico para el resto de la vida. Por eso las experiencias de vinculación repetitivas durante la infancia proveen una base sólida para futuras relaciones saludables. Por el contrario, la inconsistencia del vínculo emocional o la falta de satisfacción de estas necesidades básicas de sostén, afecto y reconocimiento, generan conductas de ansiedad y desconfianza de los bebés hacia sus cuidadores. Los bebés pueden reaccionar a esta situación de múltiples maneras, que influirán ciertamente en la consolidación de un modelo de vinculación que luego harán extensivo al resto de sus relaciones.
Que los niños se queden quietecitos en la cuna, que duerman toda la noche, que se valgan por sí mismos, son conductas que fomentamos para comodidad de los adultos, pero no son evolutivamente normales para niños pequeños. Si nuestros hijos pasan largas horas en compañía de extraños, ensayan intentos de enfrentar el mundo lejos de los brazos de mamá, hacen lo posible por dormirse en su cunita, están haciendo el máximo esfuerzo para acomodarse a un mundo adulto que dispone de pocos instantes para conectar con ellos. Son ellos quienes, a pesar de su pequeñez y su inmadurez, están sosteniendo nuestras necesidades, y aceptan sin rencores que en nombre de las buenas costumbres, les tildemos de caprichosos y malcriados.
CUANDO NOSOTROS ESTEMOS MENOS OCUPADOS,
ELLOS ESTARÁN DEMASIADO GRANDES…
Lic. en Psicología
Puerperio-Lactancia materna-Crianza
DESDE http://porunpartorespetado.espacioblog.com

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“en homenaje a los hombres que dan la mano “
alwari

¿Sabes lo que te digo?
que ahora mismo me das la mano
y salimos los dos de este cuarto lleno de recuerdos
¿Sabes lo que te digo?
que se acabó,
que nos vamos por ahí,
por los bares, por las calles, a donde sea,
que vamos a encender el motor del olvido
y vamos a cerrar para siempre esa caja llena de cristales
que te hieren el alma,
¿Sabes lo que te digo?
que se acabó,
que se acabó todo esto,
que aqui tienes un colega,
que aqui tienes un amigo..
Ahora que ese idiota ya se fue,
ahora que termina la mentira,
ahora es el momento de escapar de tu lamento
y de dar la bienvenida a tu vida.
Y volver a vivir mirando pa ti,
volver a sentirte toa guapa,
hacer lo que quieras entrar o salir
sin nadie colgado a tu espalda,
quien quiera quererte tendra que saber
que tu vales mas que la alhambra,
que ya se acabó el vivir para nadie
que nada merece tus lágrimas
Sacúdete el dolor mira p’alante,
detrás tan solo quedan telarañas,
tu eres una diosa tu eres poderosa
y ahora es infinita tu mirada,
que ahora que ese idiota ya se fue,
abre las ventanas que entre el aire,
ya se acabó el no puedo, con tus dos pares de remos
volveras a ser princesa de los mares.
Y volver a vivir mirando pa ti,
volver a sentirte toa guapa,
hacer lo que quieras entrar o salir
sin nadie colgado a tu espalda,
quien quiera quererte tendra que saber
que tu vales mas que la alhambra,
que ya se acabó el vivir para nadie
que nada merece tus lágrimas
Tu vida es ahora un lienzo blanco,
dibújale el paisaje que tu quieras,
no vuelvas la mirada, detrás no queda nada,
en tu mundo se acabaron las fronteras..
Y volver a vivir mirando pa ti,
volver a sentirte toa guapa,
hacer lo que quieras entrar o salir
sin nadie colgado a tu espalda,
quien quiera quererte tendra que saber
que tu vales mas que la alhambra,
que ya se acabó el vivir para nadie
que nada merece tus lágrimas

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Este término lo utiliza, por primera vez en la historia, Kate Millett en su magnífico libro Política sexual, publicado en 1969, que pretende ser, dicho por la propia autora, “unos cuantos apuntes hacia una teoría del patriarcado”. Habrán de pasar unos cuantos años para que esta perspectiva sea incorporada en todos los análisis mínimamente serios que se hagan desde cualquier ciencia social.
Lo que vulgarmente se llama “machismo” no es más que la punta del iceberg de toda una organización social profundamente discriminatoria para con las mujeres, que se ha dado en llamar “patriarcado”. Es decir, que el sistema patriarcal implica mucho más de lo que vulgarmente se entiende por machismo.

Nadie discute que el sexo
es una categoría familiar:
de ahí los hijos,
las noches en común
y los días divididos
(él, buscando el pan en la calle,
en las oficinas o en las fábricas;
ella, en la retaguardia de los oficios domésticos,
en la estrategia y la táctica de la cocina
que permitan sobrevivir en la batalla común
siquiera hasta el fin de mes).
Nadie discute que el sexo
es una categoría económica:
basta mencionar la prostitución,
las modas,
las secciones de los diarios que sólo son para ella
o sólo son para él.
Donde empiezan los líos
es a partir de que una mujer dice
que el sexo es una categoría política.
Porque cuando una mujer dice
que el sexo es un categoría política
puede comenzar a dejar de ser mujer en sí
para convertirse en mujer para sí,
poema de Roque Dalton

“Donde empiezan los líos —auguró el poeta salvadoreño Roque Dalton— es cuando una mujer dice que el sexo es una categoría política”, en referencia a una cita de Kate Mills. De ahí, Dalton construyó el poema “Para un mejor amor”, en donde hilvanó: “Porque cuando una mujer dice / que el sexo es una categoría política / puede comenzar a dejar de ser mujer en sí / para convertirse en mujer para sí, / constituir a la mujer en mujer / a partir de su humanidad / y no de su sexo, /saber que el desodorante mágico con sabor a limón / y jabón que acaricia voluptuosamente su piel / son fabricados por la misma empresa que fabrica el napalm / saber que las labores propias del hogar / son las labores propias de la clase social a que pertenece ese hogar, / que la diferencia de sexos / brilla mucho mejor en la profunda noche amorosa / cuando se conocen todos esos secretos / que nos mantenían enmascarados y ajenos”.
De la poesía Dalton, tal vez, la única palabra sesentista sea napalm. En tiempos de daños colaterales, sin embargo, ese párrafo muestra por qué ser varón y ser mujer son hechos políticos y, hasta qué punto, también, la diferencia de ser varón y ser mujer es —y ojala fuera más— potencial maravilla. Y más maravillosa sería si no estuviera tan habitualmente amenazada por la desigualdad o el desencuentro. Pero hoy la diferencia de sexos no sólo es una categoría política. También es —y tal vez eso mismo la renueve en tiempos de baja de la política y embestida del poder de las empresas— una categoría de mercado. Un mercado que —igual que el divide y reinarás— proclama el segmenta y venderás (más). Por eso, en la década en 0 del siglo XXI no solamente se les vende a las mujeres un jabón para que acaricien su piel sino que a los varones también se les vende uno, especialmente, para que a ellos se las endurezca.
“El jabón de mujer te hace pensar como mujer”, chicanea la propaganda del gel de ducha Axe. Pensar como mujer es asimilado a asustarse con una cucarachita o dejar la bombacha colgada en la manijita del baño. Pero eso sería parte del folklore de los lugares comunes asignados a las mujeres —igualmente tomados como viruelas contagiosas a través de la espuma—, si no fuera porque el summum del marketing misógino es un muchacho que (atrapado por el jabón rosita) persigue a las chicas con una iglesia y un anillo a cuestas. Pensar como mujer es querer casarse y querer cazarlos. Y pensar como varón es estar con dos muchachitas cariñosas en la ducha. No por nada en esta época de amores tan líquidos como el gel esa diferencia de sexos —”que brilla mucho mejor en la profunda noche amorosa / cuando se conocen todos esos secretos / que nos mantenían enmascarados y ajenos”— se escurre de las manos como jabón. No por nada, cuando las diferencias tienen que brillar, espantan. Por eso, la filosofía Axe no sólo es despectiva con las mujeres, también es trituradora de los varones, presos del Viagra precoz por las presiones de ganar chicas, demostrar hombría —hombría bien segmentada— y deletear sensaciones para no parecer… Porque cuando ellos tienen que demostrar que sólo tienen que huir se acobardan de llegar. Y llegar es llegar.
¿La liberación masculina para cuándo?
DESDE http://www.pagina12.com.ar

La razón ya no existe ahora
que los hombres se han declarado
en suicidio universal
porque han olvidado
que el tiempo no existe,
sólo existe la ternura.
DESDE http://supervivenciaemocional.blogia.com
imágenes de Oswaldo Guayasamín
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